Que en Roma se superen casi los 40 grados en pleno verano no impide que se produzca un «milagro» cada 5 de agosto que hace que «nieve» sobre la colina más alta de la Ciudad Eterna. Sucede en Santa María la Mayor , una de las cuatro basílicas mayores de Roma. Su origen se remonta al siglo IV, con la historia de un matrimonio patricio que no podía tener hijos.Giovanni y su esposa pidieron la intercesión de la Virgen para tener descendencia. Esta se les apareció una noche en sueños y les dijo que debían construirle una iglesia donde ella les indicase. Así, una calurosa mañana de agosto del 354 d. C. apareció nevada la colina del Esquilino , donde se construiría, durante el pontificado del papa Liberio, el que sería el primer templo mariano en Occidente, del que hoy en día no queda ningún rastro arqueológico.De ahí que la fiesta del 5 de agosto sea la de la Virgen de las Nieves , ya que ese día coinciden dos celebraciones: la memoria de la nevada y la dedicación de la basílica a la Virgen, que fue en el 358 d.C. Por eso, todos los años, para recordar lo que pasó, este templo mantiene una tradición: durante la misa por la mañana y en el rezo de las vísperas por la tarde, desde el artesonado del altar mayor cae una «lluvia» de miles de pétalos de rosas blancas que simulan la nevada milagrosa sobre los fieles.Legado español en RomaMás allá de esta historia, hay un dato que quizá pasa desapercibido: los fuertes lazos de esta basílica con España . Lo explica a ABC el rector de la Iglesia Nacional Española en Roma, José Jaime Brosel, quien señala su «muy numerosa» e histórica vinculación con la Corona Real. Muestra de ello es «todo el artesonado dorado, que se hizo con el primer oro que llegó desde América y que regalaron los Reyes Católicos» al pontífice Alejandro VI. Además, la basílica alberga «el sepulcro de un cardenal de Toledo» y el monumento fúnebre del primer cardenal jesuita español de la historia.Sin embargo, esta alianza se formalizó bajo el reinado de Felipe III y Margarita de Austria, quien regaló «el primer gran relicario para la reliquia de la Santa Cuna», traída desde Belén. Aunque si hay un monarca que afianzó esta relación fue Felipe IV, quien contribuyó con numerosas donaciones y se convirtió en uno de los principales benefactores de Santa María la Mayor. Tanto es así que se le otorgaron grandes privilegios, simbolizados hoy en su escultura, «que ideó Bernini y que se encuentra en la entrada de la basílica».Estas prerrogativas fueron ratificadas solemnemente en 1953 por el papa Pío XII a través de la bula «Hispaniarum Fidelitas» . En virtud de este acuerdo, se estableció la obligación de rezar tres veces al año por el rey y por España, además de conceder el título honorífico de protocanónigo al jefe del Estado español, «en este momento Felipe VI». Un nexo que se renovó cuando el monarca tomó posesión de su escaño capitular «en un acto celebrado precisamente el 20 de marzo», ocupando el lugar de honor.De hecho, el título de canónigo que ostenta José Jaime Brosel Brosel responde a los estatutos que dictan que uno de los canónigos del cabildo debe ser siempre de nacionalidad española, perteneciendo a una institución presidida honoríficamente por el protocanónigo, que es el rey de España.Personajes ilustresSon numerosas las personas importantes enterradas en Santa María la Mayor. Entre ellas destaca el Papa Francisco, quien eligió un sepulcro sencillo en uno de los laterales de la basílica, muy cercano a la capilla donde se venera a la «Salus Populi Romani«, patrona de Roma y por la que el pontífice argentino sentía una profunda devoción. Desde su sepultura, su tumba se ha convertido en un lugar de peregrinación constante.Sin embargo, Francisco no es el único. También se encuentra allí, por ejemplo, San Pío V, el papa de la batalla de Lepanto y gran promotor del rezo del rosario. Otro dato peculiar es que esta basílica fue el lugar elegido por San Ignacio de Loyola para celebrar su primera misa solemne. En esta lista no podía faltar uno de los artistas más famosos de la historia del arte, Gian Lorenzo Bernini, quien reposa al lado del presbiterio bajo una lápida muy sencilla en el sepulcro de su familia. Que en Roma se superen casi los 40 grados en pleno verano no impide que se produzca un «milagro» cada 5 de agosto que hace que «nieve» sobre la colina más alta de la Ciudad Eterna. Sucede en Santa María la Mayor , una de las cuatro basílicas mayores de Roma. Su origen se remonta al siglo IV, con la historia de un matrimonio patricio que no podía tener hijos.Giovanni y su esposa pidieron la intercesión de la Virgen para tener descendencia. Esta se les apareció una noche en sueños y les dijo que debían construirle una iglesia donde ella les indicase. Así, una calurosa mañana de agosto del 354 d. C. apareció nevada la colina del Esquilino , donde se construiría, durante el pontificado del papa Liberio, el que sería el primer templo mariano en Occidente, del que hoy en día no queda ningún rastro arqueológico.De ahí que la fiesta del 5 de agosto sea la de la Virgen de las Nieves , ya que ese día coinciden dos celebraciones: la memoria de la nevada y la dedicación de la basílica a la Virgen, que fue en el 358 d.C. Por eso, todos los años, para recordar lo que pasó, este templo mantiene una tradición: durante la misa por la mañana y en el rezo de las vísperas por la tarde, desde el artesonado del altar mayor cae una «lluvia» de miles de pétalos de rosas blancas que simulan la nevada milagrosa sobre los fieles.Legado español en RomaMás allá de esta historia, hay un dato que quizá pasa desapercibido: los fuertes lazos de esta basílica con España . Lo explica a ABC el rector de la Iglesia Nacional Española en Roma, José Jaime Brosel, quien señala su «muy numerosa» e histórica vinculación con la Corona Real. Muestra de ello es «todo el artesonado dorado, que se hizo con el primer oro que llegó desde América y que regalaron los Reyes Católicos» al pontífice Alejandro VI. Además, la basílica alberga «el sepulcro de un cardenal de Toledo» y el monumento fúnebre del primer cardenal jesuita español de la historia.Sin embargo, esta alianza se formalizó bajo el reinado de Felipe III y Margarita de Austria, quien regaló «el primer gran relicario para la reliquia de la Santa Cuna», traída desde Belén. Aunque si hay un monarca que afianzó esta relación fue Felipe IV, quien contribuyó con numerosas donaciones y se convirtió en uno de los principales benefactores de Santa María la Mayor. Tanto es así que se le otorgaron grandes privilegios, simbolizados hoy en su escultura, «que ideó Bernini y que se encuentra en la entrada de la basílica».Estas prerrogativas fueron ratificadas solemnemente en 1953 por el papa Pío XII a través de la bula «Hispaniarum Fidelitas» . En virtud de este acuerdo, se estableció la obligación de rezar tres veces al año por el rey y por España, además de conceder el título honorífico de protocanónigo al jefe del Estado español, «en este momento Felipe VI». Un nexo que se renovó cuando el monarca tomó posesión de su escaño capitular «en un acto celebrado precisamente el 20 de marzo», ocupando el lugar de honor.De hecho, el título de canónigo que ostenta José Jaime Brosel Brosel responde a los estatutos que dictan que uno de los canónigos del cabildo debe ser siempre de nacionalidad española, perteneciendo a una institución presidida honoríficamente por el protocanónigo, que es el rey de España.Personajes ilustresSon numerosas las personas importantes enterradas en Santa María la Mayor. Entre ellas destaca el Papa Francisco, quien eligió un sepulcro sencillo en uno de los laterales de la basílica, muy cercano a la capilla donde se venera a la «Salus Populi Romani«, patrona de Roma y por la que el pontífice argentino sentía una profunda devoción. Desde su sepultura, su tumba se ha convertido en un lugar de peregrinación constante.Sin embargo, Francisco no es el único. También se encuentra allí, por ejemplo, San Pío V, el papa de la batalla de Lepanto y gran promotor del rezo del rosario. Otro dato peculiar es que esta basílica fue el lugar elegido por San Ignacio de Loyola para celebrar su primera misa solemne. En esta lista no podía faltar uno de los artistas más famosos de la historia del arte, Gian Lorenzo Bernini, quien reposa al lado del presbiterio bajo una lápida muy sencilla en el sepulcro de su familia.
Que en Roma se superen casi los 40 grados en pleno verano no impide que se produzca un «milagro» cada 5 de agosto que hace que «nieve» sobre la colina más alta de la Ciudad Eterna. Sucede en Santa María la Mayor, una … de las cuatro basílicas mayores de Roma. Su origen se remonta al siglo IV, con la historia de un matrimonio patricio que no podía tener hijos.
Giovanni y su esposa pidieron la intercesión de la Virgen para tener descendencia. Esta se les apareció una noche en sueños y les dijo que debían construirle una iglesia donde ella les indicase. Así, una calurosa mañana de agosto del 354 d. C. apareció nevada la colina del Esquilino, donde se construiría, durante el pontificado del papa Liberio, el que sería el primer templo mariano en Occidente, del que hoy en día no queda ningún rastro arqueológico.
De ahí que la fiesta del 5 de agosto sea la de la Virgen de las Nieves, ya que ese día coinciden dos celebraciones: la memoria de la nevada y la dedicación de la basílica a la Virgen, que fue en el 358 d.C. Por eso, todos los años, para recordar lo que pasó, este templo mantiene una tradición: durante la misa por la mañana y en el rezo de las vísperas por la tarde, desde el artesonado del altar mayor cae una «lluvia» de miles de pétalos de rosas blancas que simulan la nevada milagrosa sobre los fieles.
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elegido por León XIV
Carmen Álvarez Cuadrado
Legado español en Roma
Más allá de esta historia, hay un dato que quizá pasa desapercibido: los fuertes lazos de esta basílica con España. Lo explica a ABC el rector de la Iglesia Nacional Española en Roma, José Jaime Brosel, quien señala su «muy numerosa» e histórica vinculación con la Corona Real. Muestra de ello es «todo el artesonado dorado, que se hizo con el primer oro que llegó desde América y que regalaron los Reyes Católicos» al pontífice Alejandro VI. Además, la basílica alberga «el sepulcro de un cardenal de Toledo» y el monumento fúnebre del primer cardenal jesuita español de la historia.
Sin embargo, esta alianza se formalizó bajo el reinado de Felipe III y Margarita de Austria, quien regaló «el primer gran relicario para la reliquia de la Santa Cuna», traída desde Belén. Aunque si hay un monarca que afianzó esta relación fue Felipe IV, quien contribuyó con numerosas donaciones y se convirtió en uno de los principales benefactores de Santa María la Mayor. Tanto es así que se le otorgaron grandes privilegios, simbolizados hoy en su escultura, «que ideó Bernini y que se encuentra en la entrada de la basílica».
Estas prerrogativas fueron ratificadas solemnemente en 1953 por el papa Pío XII a través de la bula «Hispaniarum Fidelitas». En virtud de este acuerdo, se estableció la obligación de rezar tres veces al año por el rey y por España, además de conceder el título honorífico de protocanónigo al jefe del Estado español, «en este momento Felipe VI». Un nexo que se renovó cuando el monarca tomó posesión de su escaño capitular «en un acto celebrado precisamente el 20 de marzo», ocupando el lugar de honor.
De hecho, el título de canónigo que ostenta José Jaime Brosel Brosel responde a los estatutos que dictan que uno de los canónigos del cabildo debe ser siempre de nacionalidad española, perteneciendo a una institución presidida honoríficamente por el protocanónigo, que es el rey de España.
Personajes ilustres
Son numerosas las personas importantes enterradas en Santa María la Mayor. Entre ellas destaca el Papa Francisco, quien eligió un sepulcro sencillo en uno de los laterales de la basílica, muy cercano a la capilla donde se venera a la «Salus Populi Romani«, patrona de Roma y por la que el pontífice argentino sentía una profunda devoción. Desde su sepultura, su tumba se ha convertido en un lugar de peregrinación constante.
Sin embargo, Francisco no es el único. También se encuentra allí, por ejemplo, San Pío V, el papa de la batalla de Lepanto y gran promotor del rezo del rosario. Otro dato peculiar es que esta basílica fue el lugar elegido por San Ignacio de Loyola para celebrar su primera misa solemne. En esta lista no podía faltar uno de los artistas más famosos de la historia del arte, Gian Lorenzo Bernini, quien reposa al lado del presbiterio bajo una lápida muy sencilla en el sepulcro de su familia.
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