Desde mediados de julio, a la sombra del enquistado conflicto en el golfo Pérsico, Yemen vive su mayor escalada militar de los últimos años. Los rebeldes hutíes, aliados con Irán, intercambian ataques aéreos con Arabia Saudí y han reanudado los choques con el Gobierno yemení reconocido internacionalmente y apoyado por Riad, en un conflicto en gran medida congelado desde una tregua alcanzada en 2022. El recrudecimiento de la violencia amenaza ahora con devolver al país a la guerra civil.
Las recientes hostilidades entre los rebeldes hutíes, aliados de Irán, y Arabia Saudí y el Gobierno yemení son la mayor escalada militar desde la tregua de 2022
Desde mediados de julio, a la sombra del enquistado conflicto en el golfo Pérsico, Yemen vive su mayor escalada militar de los últimos años. Los rebeldes hutíes, aliados con Irán, intercambian ataques aéreos con Arabia Saudí y han reanudado los choques con el Gobierno yemení reconocido internacionalmente y apoyado por Riad, en un conflicto en gran medida congelado desde una tregua alcanzada en 2022. El recrudecimiento de la violencia amenaza ahora con devolver al país a la guerra civil.
La fricción entre los hutíes y Riad empezó a aumentar de nuevo el 13 de julio después de que Arabia Saudí atacara el aeropuerto de la capital de Yemen, Saná, controlada por los rebeldes, para impedir el aterrizaje de un avión de una aerolínea iraní en el que viajaba una delegación hutí que había asistido al funeral del ex líder supremo de Irán, Ali Jameneí, en Teherán. Se trató del primer bombardeo directo contra los hutíes atribuido a Arabia Saudí desde marzo de 2022, según datos de la plataforma Yemen Data Project (YDP).
Solo una semana después los hutíes atacaron con drones y misiles balísticos un aeropuerto en el sur de Arabia Saudí próximo a Yemen y, al cabo de dos días, dos petroleros saudíes en el mar Rojo. Entre el 13 de julio y el 14 de agosto, el grupo llevó a cabo 16 ataques contra objetivos saudíes, incluidas siete instalaciones petroleras y seis buques petroleros, según la organización de monitoreo de conflictos ACLED. Riad, por su parte, ha atacado desde entonces infraestructuras portuarias y de telecomunicaciones en Yemen.

En medio de esta escalada se encuentra un intento por parte de ambos bandos de debilitar e imponer un bloqueo al rival. El 20 de julio, cuando los hutíes respondieron al bombardeo en Saná, su portavoz militar, Yahya Sarea, describió el ataque al aeropuerto saudí como un “bloqueo por bloqueo”, en alusión a las restricciones de Riad al movimiento aéreo y marítimo a zonas de Yemen controladas por el grupo. Sus ataques a petroleros saudíes también han forzado al reino a desviar parte de sus exportaciones de petróleo a Egipto y a desactivar la localización de sus buques para evitar que sean detectados en el mar Rojo.
A pesar de los múltiples ataques de los hutíes, sin embargo, el tráfico marítimo por el mar Rojo, incluido de buques saudíes, y por el estrecho de Bab el-Mandeb, frente a las costas de Yemen, no se ha visto significativamente afectado y la circulación por esta vía continúa siendo muy superior a la del estrecho de Ormuz, según datos de la plataforma Portwatch.
En paralelo a estos ataques cruzados con Arabia Saudí, los hutíes han protagonizado en las últimas semanas un intenso intercambio de golpes con fuerzas del Gobierno yemení respaldado por Riad y reconocido por la comunidad internacional, en la mayor escalada militar entre ambos desde 2022. Desde principios de agosto, los enfrentamiento se han concentrado en las gobernaciones de Hadhramaut, en el este del país, y de Marib, en el centro, aunque también han alcanzado las provincias de Hudayda y Taiz, en el mar Rojo.
Por el momento, ambos bandos se han abstenido de lanzar una ofensiva terrestre a gran escala, uno de los movimientos que muchos analistas consideran que aceleraría el retorno de la guerra civil, y están recurriendo sobre todo a ataques con drones, misiles y artillería. Una de las ciudades más castigadas por los hutíes hasta ahora está siendo Moca, en el estrecho de Bab el-Mandeb, donde se han registrado al menos una decena de muertos.
A diferencia del momento en el que se congelaron los frentes, hace cuatro años, los hutíes se enfrentan hoy a unas fuerzas gubernamentales con un mayor acceso a drones y en pleno proceso de reestructuración, apadrinado por Arabia Saudí desde que, a principios de año, Riad forzara la salida de Yemen de los Emiratos Árabes Unidos. Según algunos analistas, la reactivación de las hostilidades contra los hutíes podría ayudar a cohesionar esta plural alianza gubernamental, aunque bajo el riesgo de hacer descarrilar su reorganización.
Haciéndose eco del crítico momento que atraviesa el país, el enviado especial de la ONU para Yemen, Hans Grundberg, declaró a mediados de agosto ante el Consejo de Seguridad que el país “enfrenta hoy un riesgo más grave de retorno a un conflicto a gran escala que en cualquier otro punto desde la tregua” que se alcanzó en 2022. El jefe humanitario de la ONU, Tom Fletcher, afirmó por su parte que el repunte de la violencia ocurre mientras millones de yemeníes se ven obligados a tener que tomar decisiones casi imposibles cada día entre “alimentos o medicinas, educación o trabajo, supervivencia o desplazamiento”.
Algunos analistas señalan que el riesgo de que Yemen se precipite de nuevo a una guerra civil aumentaría notablemente si los hutíes o las fuerzas gubernamentales deciden lanzar una ofensiva terrestre. Pero alertan de que cada vez va a ser más difícil detener la actual espiral de violencia, y advierten del riesgo de que se abra una nueva fase de guerra más centrada en los ataques aéreos y la batalla por controlar el cielo que en avances por tierra.
Arabia Saudí, por su parte, se encuentra atrapada en un dilema cada vez mayor. Por un lado, acceder a negociar con los hutíes y realizar concesiones para rebajar las tensiones y lograr un cese de los ataques contra su infraestructura energética y sus exportaciones de petróleo. O, por el contrario, intensificar su ofensiva y redoblar su respaldo a las fuerzas gubernamentales, con el riesgo de volverse a enzarzar en una guerra devastadora, larga y costosa como la que ya lanzó en 2015 y de la que trató de escapar con la tregua de 2022.
Feed MRSS-S Noticias
