
Con frecuencia se dice, en defensa del turismo masivo, que aquellos que lo critican también hacen turismo. Lo dicen políticos, periodistas, portavoces del sector, etc, muchas veces con la cínica sonrisa del que piensa que ha dado un jaque mate. Y se quedan tan anchos. Imagínense: todos esos activistas por el derecho a la vivienda, todos esos manifestantes que agitan un manojo de llaves, todos los saboteadores que estropean los cajetines de los AirBnB; imagínenselos con trikini, tomándose un daiquiri, al borde del mar. ¡Es indignante!
No es tan raro que los que viajan quieran pagar tasas municipales o tener la certeza de no habitar pisos ilegales; es decir, saber que su actividad está regulada para no expulsar a los vecinos o destruir la ciudad 
Con frecuencia se dice, en defensa del turismo masivo, que aquellos que lo critican también hacen turismo. Lo dicen políticos, periodistas, portavoces del sector, etc, muchas veces con la cínica sonrisa del que piensa que ha dado un jaque mate. Y se quedan tan anchos. Imagínense: todos esos activistas por el derecho a la vivienda, todos esos manifestantes que agitan un manojo de llaves, todos los saboteadores que estropean los cajetines de los AirBnB; imagínenselos con trikini, tomándose un daiquiri, al borde del mar. ¡Es indignante!
