Tras ser elegido presidente del Consejo Europeo, decidí visitar todos los Estados miembros cada año para reunirme de manera bilateral con cada uno de los dirigentes europeos. Estos encuentros son, ante todo, una oportunidad para escuchar y, así, tener siempre claras las preocupaciones, las prioridades y las expectativas de los miembros del Consejo Europeo y de los ciudadanos a los que representan. También me permiten transmitirles mis puntos de vista sobre los retos y las oportunidades que nuestra Unión tiene ante sí. Las visitas tienen lugar al principio del curso político, ofrecen una panorámica completa y singular del estado de nuestra Unión y contribuyen a garantizar que el trabajo del Consejo Europeo siga basándose en todo momento en las realidades, las prioridades y las aspiraciones de toda Europa.
Entre las decisiones fundamentales que tenemos que tomar, una destaca sobre las demás: alcanzar, antes de que acabe el año, un acuerdo sobre nuestro Presupuesto a largo plazo para 2028-2034
Tras ser elegido presidente del Consejo Europeo, decidí visitar todos los Estados miembros cada año para reunirme de manera bilateral con cada uno de los dirigentes europeos. Estos encuentros son, ante todo, una oportunidad para escuchar y, así, tener siempre claras las preocupaciones, las prioridades y las expectativas de los miembros del Consejo Europeo y de los ciudadanos a los que representan. También me permiten transmitirles mis puntos de vista sobre los retos y las oportunidades que nuestra Unión tiene ante sí. Las visitas tienen lugar al principio del curso político, ofrecen una panorámica completa y singular del estado de nuestra Unión y contribuyen a garantizar que el trabajo del Consejo Europeo siga basándose en todo momento en las realidades, las prioridades y las aspiraciones de toda Europa.
Una de las características definitorias de la integración europea es que sus beneficios más tangibles a menudo nos pasan desapercibidos precisamente porque se han convertido en parte de nuestra vida cotidiana. Cruzamos las fronteras con facilidad. Compartimos una misma moneda desde Lisboa hasta Helsinki y desde Dublín hasta Atenas. Nos beneficiamos de unas normas comunes que protegen nuestro medio ambiente, nuestra salud y nuestra calidad de vida. Nos apoyamos los unos a los otros para hacer frente a catástrofes naturales —como los devastadores incendios forestales de este verano—, emergencias de salud pública y otros retos comunes. Y cuando viajamos por Europa, seguimos en contacto con la familia y los amigos sin preocuparnos lo más mínimo por las tarifas de itinerancia móvil. Lo que se ha convertido en normal en nuestra vida cotidiana es, de hecho, el resultado de décadas de esfuerzo europeo común.
Todo esto sienta unos cimientos muy sólidos sobre los que seguir construyendo Europa. Una Europa más fuerte, más resiliente y más autónoma es más importante que nunca en la realidad geopolítica actual.
Por eso estamos construyendo la Europa de la Defensa: para reforzar nuestra capacidad disuasoria ante las amenazas, proteger a nuestros ciudadanos y, en última instancia, restablecer la paz en nuestro continente. Una paz que Rusia ha destruido con su agresión en curso contra Ucrania. La UE se ha fijado el objetivo de aumentar de forma decisiva la preparación de Europa en materia de defensa de aquí a 2030 reforzando la industria europea de defensa, reduciendo las dependencias estratégicas y desarrollando de manera conjunta las capacidades militares prioritarias. Lo fundamental es que el necesario rearme europeo se lleve a cabo de manera colaborativa, evitando la duplicación y el despilfarro y, sobre todo, logrando que esta iniciativa histórica fortalezca la seguridad y la defensa colectivas de Europa en su conjunto.
Para aumentar la autonomía estratégica europea también es necesaria una economía más competitiva. Por eso la Unión Europea está facilitando la actividad empresarial mediante la reducción de la burocracia, movilizando inversión privada para ayudar a las empresas a crecer e innovar, completando el mercado único, reforzando las cadenas de suministro y diversificando las relaciones comerciales, así como asegurándose el acceso a materias primas fundamentales y a fuentes de energía asequibles, limpias y autóctonas. En todos estos ámbitos, el plan Una Europa, un mercadoacordado por el Consejo Europeo establece objetivos concretos que deben alcanzarse de aquí al final de 2027. Más allá del imperativo geopolítico, se trata, en definitiva, de hacer que la vida sea más asequible para los ciudadanos, de crear las condiciones para la generación de empleo de calidad y de mejorar la resiliencia de la economía social de mercado europea.
La defensa y la competitividad, junto con la ampliación de la UE y nuestro apoyo continuo a Ucrania, ocuparán un lugar destacado en el programa de mis reuniones con los dirigentes europeos durante la gira por las capitales de este año.
No obstante, entre las decisiones fundamentales que tenemos que tomar este año, una destaca sobre las demás: alcanzar, antes de que acabe el año, un acuerdo sobre el próximo marco financiero plurianual de la UE, nuestro Presupuesto a largo plazo para 2028-2034.
¿Por qué debe alcanzarse ese acuerdo antes de que termine 2026? Porque después necesitaremos alrededor de un año para establecer, tanto en Bruselas como en los Estados miembros, el marco legislativo y administrativo necesario para garantizar la ejecución ininterrumpida del próximo Presupuesto de la UE. Se trata, sencillamente, de una cuestión de buena planificación. En caso contrario, corremos el riesgo de que se interrumpa la financiación destinada a los agricultores, las empresas, los estudiantes, los investigadores y los innovadores.
Durante décadas, el Presupuesto de la UE ha respaldado un crecimiento sostenible e integrador en todo nuestro continente mediante inversiones en la agricultura, en nuestras regiones, en la investigación y en las transiciones ecológica y digital. Y va a seguir haciéndolo. Al mismo tiempo, el Presupuesto también debe reflejar la evolución de las prioridades europeas, en particular en materia de defensa, de seguridad y de competitividad.
Como los Presupuestos nacionales, el Presupuesto de la UE ha de dar respuesta a sus prioridades dentro de los límites de unos recursos finitos. En su mayor parte, el Presupuesto se financia con las contribuciones nacionales de los Estados miembros. Necesitamos mantener esas contribuciones dentro de unos límites razonables. Esa es la razón por la que un paquete equilibrado y ambicioso de nuevos recursos comunes será una parte esencial de un acuerdo global.
Me ha alentado mucho el ánimo constructivo que los dirigentes europeos han mostrado en los debates sobre el Presupuesto plurianual hasta ahora. Estoy seguro de que, al final, daremos con el equilibrio adecuado para nuestra Unión, para nuestros ciudadanos y para nuestro futuro. Porque lograrlo es nuestra responsabilidad compartida.
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