Fabrice Hadjadj es un hombre atravesado por el encuentro. Fue un encuentro con Cristo el que le hizo caer del caballo, como Saulo de Tarso, como judío, luego ateo, anarquista y nihilista tras rezar frente a una imagen de la Virgen, la misma de la que tres días antes se había burlado. Es el hombre que pasó de escribir ‘Objet perdu’ a ‘La fe de los demonios’, ‘Tenga usted éxito en su muerte’, ‘¿Cómo hablar de Dios hoy?’ o ‘La suerte de haber nacido en nuestro tiempo’. Es el filósofo converso que hoy es director de Incarnatus est, convencido de que España es un lugar privilegiado para impulsar una nueva generación de jóvenes lúcidos, creativos y esperanzados, una nueva escuela cuyo objetivo no sea tanto aprender algo como convertirse en alguien, asumiendo su humanidad y recuperando la magnanimidad, la grandeza del alma. Es también un hombre atravesado por la cultura; de ahí que el cine haya sido el motor para escribir ‘Tom Cruise y su misión: Imposible’ (Ediciones Encuentro, 2026). Este escritor mira al actor más allá del cine, quizá porque encarna nuestra búsqueda de vocación en un mundo que solo ofrece papeles y funciones. Cuando un actor se convierte en símbolo de una generación, inevitablemente refleja algo de su época. Por eso, al hablar de Cruise, para Hadjadj es también hablar de toda la humanidad.Noticia relacionada No LA TERCERA Velázquez más allá de la crítica social Fabrice Hadjadj«Soy hijo de mi época, en la que las películas han tomado prestado el espacio de los folletines, esas novelas publicadas en los periódicos, como las de Alexandre Dumas. Han desaparecido, pero creo que estaría bien volver a encontrar esa dimensión ficcional del periódico. Hay que reconocer, especialmente durante la juventud, la influencia de las películas, para mí, sobre todo, las de acción, de héroes y superhéroes. Son como los libros de caballería para Alonso Quijano . Vemos películas con una heroicidad en tiempos de desaparición de la heroicidad. Y mi pregunta, que es la pregunta ya del Quijote, es: ¿cuál es la épica de nuestra época? O bien debemos vivir como en una esquizofrenia, con una pura separación entre el sueño y la vida cotidiana, o bien hay una vinculación, pero que no debe ser una confusión, una locura del Quijote», responde el pensador a este periódico.Hadjadj hace un repaso por la figura de Cruise, no solo en sus trabajos, también en lo que sabemos de su vida y experiencia. Temas hay muchos, pero hay uno que es frecuente también para Hadjadj, y es el tema de la paternidad. Quizá porque también atraviesa al filósofo. «Tuve la suerte de tener un padre judío. No sé si conoces el refrán que dice que ‘un padre judío es una madre normal’. En mi caso, mi padre ha sido como una madre también para mí, mostró siempre una verdadera ternura. Me acuerdo de cómo me acompañó para escribir mis primeros poemas a los cinco años; desde el momento en tuve la pluma en mi mano, empecé a escribir poesía. Creo que no sufrí la tentación del rechazo de mi padre, una suerte », reconoce al afirmar en su libro que precisamente de «este rechazo del padre procede el designio, a la vez titánico y regresivo, de construirse a sí mismo». Aunque asegura que la figura del padre consiste siempre en una búsqueda. «Nuestros padres son hijos, criaturas con sus defectos. Y eso lo descubrimos siendo nosotros padres porque experimentamos en ese momento que todavía somos adolescentes, incluso a los 50 años. Se ve muy bien con Tom Cruise. Hay algo de adolescente que perdura. Al ser padres entendemos nuestra propia filiación, podemos perdonar a nuestros padres y vamos descubriendo que la paternidad es un horizonte», destaca, sobre una experiencia que él mismo ha descubierto al ser padre de diez hijos.A Hadjadj le gusta Tom Cruise por sus películas, su épica, pero también porque no es un santo. «Creo que la mirada cristiana, especialmente a la cultura, es una mirada para desprender los rasgos de Dios escondidos, perdidos en cierta confusión. La fe cristiana no consiste en quedarse entre sí y ver la santidad en los santos, sino ver el trabajo de Dios en la basura, en los bastidores del teatro, en el trasfondo de una vida. Me acerqué a la figura de Tom Cruise, pero como el hombre humano. Su fama, su existencia de estrella, funciona como una lupa para magnificar la condición humana. Es un hombre, entre tantos, con sus tentaciones, con esta frontera entre Dios y el demonio que pasa a través de los corazones».«Hay un retorno a la religiosidad pero con una falta de razón, es una sed del corazón, sin razón a menudo» Fabrice Hadjadj Director de Incarnatus est y filósofoTambién habla Hadjadj del control individual sobre la realidad que acontece como algo «bulímico», un síntoma de nuestro tiempo. «Es precisamente el tema del paradigma tecnocrático. Cuando estamos frente a un problema con la tecnología, con la inteligencia artificial, ¿cuál es la respuesta? Más control. Luchamos contra la tecnología con más tecnología . Es el problema del paradigma, que no es solo una opción, una posibilidad, sino el marco de la mente actual. El afán por el control viene al mismo tiempo con el afán por la pérdida del control. Estamos en una sociedad de control y trance, porque es imposible quedarse en el control siempre, ahí viene la fatiga por una tensión excesiva».La experiencia de Tom Cruise sirve a Hadjadj para leer algunos de los signos de nuestro tiempo. Entre ellos, esa tecnología, una realidad ante la que el hombre siempre se ha visto obligado a preguntarse. «Creo que es la gran aportación de sus películas. Cruise no tiene doble, él arriesga su propia carne con las máquinas. Está siempre esta presencia del cuerpo y de la máquina, un cuadro para resaltar esta lucha de la carne y también el misterio de la carne como carne viva. Los dispositivos de ahora son dispositivos ‘chulos’, de bolsillo. No es la gran máquina de la fábrica que aparece con sus motores, olor a gasolina, como un dragón. No. El móvil es como una muñeca para todas las edades, consoladora. Dormimos con ella junto a la almohada, como las luces que le ponen a los niños que tienen miedo a la oscuridad. Parece ‘cool’, pero más que una vinculación, es nuestra sumisión a una maquinaria mundial. Esta lucha contra la inteligencia artificial se transforma en un combate interior para no sucumbir a la tentación de dejar su responsabilidad y encomendarse a los algoritmos».«La fe cristiana no consiste en ver la santidad en los santos, sino en ver el trabajo de Dios en la basura, en los bastidores del teatro» Fabrice Hadjadj Director de Incarnatus est y escritorEs este combate el que también ha movido al Papa León XIV a preguntarse por ella y publicar ‘Magnifica Humanitas’, la primera encíclica de su pontificado. «Creo que no es una encíclica sobre la inteligencia artificial, sino sobre la inteligencia humana, sobre la inteligencia encarnada. El tema central es la doctrina social de la Iglesia en nuestro tiempo, se presenta no como un conjunto de soluciones o un algoritmo, rehusando la tentación también de los católicos de pedir al Papa soluciones, no entender al Espíritu Santo como el máximo algoritmo y pensar: ‘Hay solo que dejarse atravesar por el flujo de la gracia y todo se resuelve’. No. El espíritu creador y renovador es el que ha creado y que renueva tu responsabilidad, tu libertad. A veces, con tu perplejidad y, sin embargo, con tu capacidad de meditar, discernir, deliberar, decidir y actuar de manera insustituible ». Hadjadj ha sostenido que incluso una época herida por la técnica, la crisis y la pérdida de sentido puede ser vivida como una oportunidad. No se trata de nostalgia por un mundo anterior, sino de descubrir en el presente, con sus límites y contradicciones, el lugar concreto donde se juega la posibilidad de una vida plenamente humana. «Las películas de ‘Misión Imposible’ son películas siempre en un ambiente apocalíptico. Pero el apocalipsis es también la suerte de hacer grandes cosas o de elegir verdaderamente el bien o el mal. La palabra apocalipsis no se refiere primero a la catástrofe, sino a la liberación; es un descubrimiento que consiste en este doble crecimiento del trigo y de la cizaña. No se puede arrancar toda cizaña sin arrancar también el trigo; hay que dejarlos crecer juntos. Es una palabra, es la orden de Cristo. Es increíble. Es imposible arrancar todo el mal; era la locura de los totalitarismos, a veces con buenas intenciones. Es destruir la libertad humana, destruir la posibilidad misma del mal. Eso es la destrucción total de todo. El apocalipsis es cultivar. ¿Por qué? ¿Por un mejor mundo futuro? No. Porque es nuestra misión que viene del eterno, que no tiene que justificarse por el resultado. No es un tema de resultado como con los algoritmos».Un ‘boom católico’ sin razónHadjadj también responde al ‘boom de lo católico’, a este nuevo fenómeno de un sentimiento relacionado con la religiosidad, aunque no de lo religioso, asegura Fabrice, en el que hace falta un discernimiento para reconocer qué es profundamente verdadero de todo ello. «Ocurre de una manera más potente en países como este. Hay una gran tradición de piedad popular; no es como en Francia, donde lo que queda del catolicismo son los valores morales traducidos en valores de la República. En Italia es el arte, la cultura, pero en España es la dimensión devocional, emocional, sentimentalista. Hay un retorno, pero sin la idea de que lo que se ha encarnado es el logos, la razón misma. Hay un retorno, pero con una cierta falta de razón. Es una sed del corazón, pero un corazón sin razón a menudo. Tenemos que pasar de la religiosidad a la religión, pasar de un Dios sentido a un Dios que es el logos. Pasar a la fe como capacidad, es una palabra de Don Giussani, capacidad extrema de la razón, creer y creer en Dios; es algo más que racional y, sin embargo, racional. Hay también entrevistas de Rosalía en las que ella habla de la posreligión como algo bueno, pero descansa en esta dimensión emocional y es el propio credo de los hispanos, es decir, ser narcotraficante con un crucifijo o con un tatuaje de la Virgen de Guadalupe en el pecho».«Estamos ante el colapso de un sistema de progreso» Fabrice Hadjadj Director de Incarnatus est y escritorEste ‘boom’ está también relacionado de forma inevitable, asegura el escritor, con el momento que atravesamos. «Vivimos en tiempos de colapso, es la caída del proyecto progresista. Ya no hay esperanzas de sustitución como el mundo mejor de la sociedad sin clases sociales, el mundo mejor del comunismo, el mundo mejor del liberalismo, no. Creo que el progresismo ateo se fue. En la posmodernidad ya no existe esta idea moderna de que lo moderno es lo mejor. Hay una equivalencia de todas las épocas, las épocas anteriores también. Es como un supermercado de las épocas . Y a través de series Netflix, de videojuegos o de mercancías históricas, puedo elegir, no sé, los vikingos, los celtíberos. Esa afición también está incluso en medios cristianos, donde se intenta volver incluso a una España pagana, con una ambigüedad, incluso en círculos católicos. También hay afición de personas como Pablo D’Ors. Es esta idea de la meditación con el vacío, meditación con el lugar del puro silencio, de la desaparición de la personalidad. Es como reaccionar a una sociedad de la información, del narcisismo, pero como una reacción, solo una reacción».El mal, en los dos bandosDe ahí que, ante una apariencia de que toda época es válida, también entra este retorno de la espiritualidad. Y aunque Hadjadj no rehúye de todo este fenómeno en sí, alude al discernimiento y a actuar en consecuencia. «Es también el trabajo del Espíritu Santo en cada época; tenemos que reconocerlo, pero también tenemos que anunciar o proponer el discernimiento, la purificación de eso. Pero se entiende muy bien que ahora ya no existen esperanzas de sustitución. Esto que existía en la modernidad, a través del proyecto moderno de un progreso ateo, del hombre capaz de hacer un mundo mejor, como la anticipación del paraíso».Hadjadj es el director de Incarnatus est , un instituto internacional para jóvenes de entre 18 y 28 años que propone una formación integral en tres dimensiones: académica, espiritual y comunitaria, donde los estudiantes viven en comunidad y donde estudio, vida cotidiana y vida espiritual se entrelazan de forma continuada. «Estamos luchando también con fuerzas espirituales malignas que no están solo fuera, sino también dentro, en la soledad. La vida monástica se entendía como huida de la vida, pero la idea de los monjes era entrar en la arena, en la plaza, con los cuernos más afilados y agudos, en el combate espiritual. Hay un combate espiritual donde el enemigo no es el otro, y es muy importante entenderlo, especialmente en España siempre rasgada por guerras civiles. No podemos diabolizar a nuestro hermano humano porque existe el maligno; entonces no es él únicamente el mal, puedo ser yo un cómplice de ello. El mal se encuentra en los dos lados de la mesa de juego. Están los ‘pro-choice’ y los ‘pro-life’, pero al entrar en esta pelea con esta polarización me hago cómplice también de la destrucción, de la imposibilidad de encontrarse de nuevo». Fabrice Hadjadj es un hombre atravesado por el encuentro. Fue un encuentro con Cristo el que le hizo caer del caballo, como Saulo de Tarso, como judío, luego ateo, anarquista y nihilista tras rezar frente a una imagen de la Virgen, la misma de la que tres días antes se había burlado. Es el hombre que pasó de escribir ‘Objet perdu’ a ‘La fe de los demonios’, ‘Tenga usted éxito en su muerte’, ‘¿Cómo hablar de Dios hoy?’ o ‘La suerte de haber nacido en nuestro tiempo’. Es el filósofo converso que hoy es director de Incarnatus est, convencido de que España es un lugar privilegiado para impulsar una nueva generación de jóvenes lúcidos, creativos y esperanzados, una nueva escuela cuyo objetivo no sea tanto aprender algo como convertirse en alguien, asumiendo su humanidad y recuperando la magnanimidad, la grandeza del alma. Es también un hombre atravesado por la cultura; de ahí que el cine haya sido el motor para escribir ‘Tom Cruise y su misión: Imposible’ (Ediciones Encuentro, 2026). Este escritor mira al actor más allá del cine, quizá porque encarna nuestra búsqueda de vocación en un mundo que solo ofrece papeles y funciones. Cuando un actor se convierte en símbolo de una generación, inevitablemente refleja algo de su época. Por eso, al hablar de Cruise, para Hadjadj es también hablar de toda la humanidad.Noticia relacionada No LA TERCERA Velázquez más allá de la crítica social Fabrice Hadjadj«Soy hijo de mi época, en la que las películas han tomado prestado el espacio de los folletines, esas novelas publicadas en los periódicos, como las de Alexandre Dumas. Han desaparecido, pero creo que estaría bien volver a encontrar esa dimensión ficcional del periódico. Hay que reconocer, especialmente durante la juventud, la influencia de las películas, para mí, sobre todo, las de acción, de héroes y superhéroes. Son como los libros de caballería para Alonso Quijano . Vemos películas con una heroicidad en tiempos de desaparición de la heroicidad. Y mi pregunta, que es la pregunta ya del Quijote, es: ¿cuál es la épica de nuestra época? O bien debemos vivir como en una esquizofrenia, con una pura separación entre el sueño y la vida cotidiana, o bien hay una vinculación, pero que no debe ser una confusión, una locura del Quijote», responde el pensador a este periódico.Hadjadj hace un repaso por la figura de Cruise, no solo en sus trabajos, también en lo que sabemos de su vida y experiencia. Temas hay muchos, pero hay uno que es frecuente también para Hadjadj, y es el tema de la paternidad. Quizá porque también atraviesa al filósofo. «Tuve la suerte de tener un padre judío. No sé si conoces el refrán que dice que ‘un padre judío es una madre normal’. En mi caso, mi padre ha sido como una madre también para mí, mostró siempre una verdadera ternura. Me acuerdo de cómo me acompañó para escribir mis primeros poemas a los cinco años; desde el momento en tuve la pluma en mi mano, empecé a escribir poesía. Creo que no sufrí la tentación del rechazo de mi padre, una suerte », reconoce al afirmar en su libro que precisamente de «este rechazo del padre procede el designio, a la vez titánico y regresivo, de construirse a sí mismo». Aunque asegura que la figura del padre consiste siempre en una búsqueda. «Nuestros padres son hijos, criaturas con sus defectos. Y eso lo descubrimos siendo nosotros padres porque experimentamos en ese momento que todavía somos adolescentes, incluso a los 50 años. Se ve muy bien con Tom Cruise. Hay algo de adolescente que perdura. Al ser padres entendemos nuestra propia filiación, podemos perdonar a nuestros padres y vamos descubriendo que la paternidad es un horizonte», destaca, sobre una experiencia que él mismo ha descubierto al ser padre de diez hijos.A Hadjadj le gusta Tom Cruise por sus películas, su épica, pero también porque no es un santo. «Creo que la mirada cristiana, especialmente a la cultura, es una mirada para desprender los rasgos de Dios escondidos, perdidos en cierta confusión. La fe cristiana no consiste en quedarse entre sí y ver la santidad en los santos, sino ver el trabajo de Dios en la basura, en los bastidores del teatro, en el trasfondo de una vida. Me acerqué a la figura de Tom Cruise, pero como el hombre humano. Su fama, su existencia de estrella, funciona como una lupa para magnificar la condición humana. Es un hombre, entre tantos, con sus tentaciones, con esta frontera entre Dios y el demonio que pasa a través de los corazones».«Hay un retorno a la religiosidad pero con una falta de razón, es una sed del corazón, sin razón a menudo» Fabrice Hadjadj Director de Incarnatus est y filósofoTambién habla Hadjadj del control individual sobre la realidad que acontece como algo «bulímico», un síntoma de nuestro tiempo. «Es precisamente el tema del paradigma tecnocrático. Cuando estamos frente a un problema con la tecnología, con la inteligencia artificial, ¿cuál es la respuesta? Más control. Luchamos contra la tecnología con más tecnología . Es el problema del paradigma, que no es solo una opción, una posibilidad, sino el marco de la mente actual. El afán por el control viene al mismo tiempo con el afán por la pérdida del control. Estamos en una sociedad de control y trance, porque es imposible quedarse en el control siempre, ahí viene la fatiga por una tensión excesiva».La experiencia de Tom Cruise sirve a Hadjadj para leer algunos de los signos de nuestro tiempo. Entre ellos, esa tecnología, una realidad ante la que el hombre siempre se ha visto obligado a preguntarse. «Creo que es la gran aportación de sus películas. Cruise no tiene doble, él arriesga su propia carne con las máquinas. Está siempre esta presencia del cuerpo y de la máquina, un cuadro para resaltar esta lucha de la carne y también el misterio de la carne como carne viva. Los dispositivos de ahora son dispositivos ‘chulos’, de bolsillo. No es la gran máquina de la fábrica que aparece con sus motores, olor a gasolina, como un dragón. No. El móvil es como una muñeca para todas las edades, consoladora. Dormimos con ella junto a la almohada, como las luces que le ponen a los niños que tienen miedo a la oscuridad. Parece ‘cool’, pero más que una vinculación, es nuestra sumisión a una maquinaria mundial. Esta lucha contra la inteligencia artificial se transforma en un combate interior para no sucumbir a la tentación de dejar su responsabilidad y encomendarse a los algoritmos».«La fe cristiana no consiste en ver la santidad en los santos, sino en ver el trabajo de Dios en la basura, en los bastidores del teatro» Fabrice Hadjadj Director de Incarnatus est y escritorEs este combate el que también ha movido al Papa León XIV a preguntarse por ella y publicar ‘Magnifica Humanitas’, la primera encíclica de su pontificado. «Creo que no es una encíclica sobre la inteligencia artificial, sino sobre la inteligencia humana, sobre la inteligencia encarnada. El tema central es la doctrina social de la Iglesia en nuestro tiempo, se presenta no como un conjunto de soluciones o un algoritmo, rehusando la tentación también de los católicos de pedir al Papa soluciones, no entender al Espíritu Santo como el máximo algoritmo y pensar: ‘Hay solo que dejarse atravesar por el flujo de la gracia y todo se resuelve’. No. El espíritu creador y renovador es el que ha creado y que renueva tu responsabilidad, tu libertad. A veces, con tu perplejidad y, sin embargo, con tu capacidad de meditar, discernir, deliberar, decidir y actuar de manera insustituible ». Hadjadj ha sostenido que incluso una época herida por la técnica, la crisis y la pérdida de sentido puede ser vivida como una oportunidad. No se trata de nostalgia por un mundo anterior, sino de descubrir en el presente, con sus límites y contradicciones, el lugar concreto donde se juega la posibilidad de una vida plenamente humana. «Las películas de ‘Misión Imposible’ son películas siempre en un ambiente apocalíptico. Pero el apocalipsis es también la suerte de hacer grandes cosas o de elegir verdaderamente el bien o el mal. La palabra apocalipsis no se refiere primero a la catástrofe, sino a la liberación; es un descubrimiento que consiste en este doble crecimiento del trigo y de la cizaña. No se puede arrancar toda cizaña sin arrancar también el trigo; hay que dejarlos crecer juntos. Es una palabra, es la orden de Cristo. Es increíble. Es imposible arrancar todo el mal; era la locura de los totalitarismos, a veces con buenas intenciones. Es destruir la libertad humana, destruir la posibilidad misma del mal. Eso es la destrucción total de todo. El apocalipsis es cultivar. ¿Por qué? ¿Por un mejor mundo futuro? No. Porque es nuestra misión que viene del eterno, que no tiene que justificarse por el resultado. No es un tema de resultado como con los algoritmos».Un ‘boom católico’ sin razónHadjadj también responde al ‘boom de lo católico’, a este nuevo fenómeno de un sentimiento relacionado con la religiosidad, aunque no de lo religioso, asegura Fabrice, en el que hace falta un discernimiento para reconocer qué es profundamente verdadero de todo ello. «Ocurre de una manera más potente en países como este. Hay una gran tradición de piedad popular; no es como en Francia, donde lo que queda del catolicismo son los valores morales traducidos en valores de la República. En Italia es el arte, la cultura, pero en España es la dimensión devocional, emocional, sentimentalista. Hay un retorno, pero sin la idea de que lo que se ha encarnado es el logos, la razón misma. Hay un retorno, pero con una cierta falta de razón. Es una sed del corazón, pero un corazón sin razón a menudo. Tenemos que pasar de la religiosidad a la religión, pasar de un Dios sentido a un Dios que es el logos. Pasar a la fe como capacidad, es una palabra de Don Giussani, capacidad extrema de la razón, creer y creer en Dios; es algo más que racional y, sin embargo, racional. Hay también entrevistas de Rosalía en las que ella habla de la posreligión como algo bueno, pero descansa en esta dimensión emocional y es el propio credo de los hispanos, es decir, ser narcotraficante con un crucifijo o con un tatuaje de la Virgen de Guadalupe en el pecho».«Estamos ante el colapso de un sistema de progreso» Fabrice Hadjadj Director de Incarnatus est y escritorEste ‘boom’ está también relacionado de forma inevitable, asegura el escritor, con el momento que atravesamos. «Vivimos en tiempos de colapso, es la caída del proyecto progresista. Ya no hay esperanzas de sustitución como el mundo mejor de la sociedad sin clases sociales, el mundo mejor del comunismo, el mundo mejor del liberalismo, no. Creo que el progresismo ateo se fue. En la posmodernidad ya no existe esta idea moderna de que lo moderno es lo mejor. Hay una equivalencia de todas las épocas, las épocas anteriores también. Es como un supermercado de las épocas . Y a través de series Netflix, de videojuegos o de mercancías históricas, puedo elegir, no sé, los vikingos, los celtíberos. Esa afición también está incluso en medios cristianos, donde se intenta volver incluso a una España pagana, con una ambigüedad, incluso en círculos católicos. También hay afición de personas como Pablo D’Ors. Es esta idea de la meditación con el vacío, meditación con el lugar del puro silencio, de la desaparición de la personalidad. Es como reaccionar a una sociedad de la información, del narcisismo, pero como una reacción, solo una reacción».El mal, en los dos bandosDe ahí que, ante una apariencia de que toda época es válida, también entra este retorno de la espiritualidad. Y aunque Hadjadj no rehúye de todo este fenómeno en sí, alude al discernimiento y a actuar en consecuencia. «Es también el trabajo del Espíritu Santo en cada época; tenemos que reconocerlo, pero también tenemos que anunciar o proponer el discernimiento, la purificación de eso. Pero se entiende muy bien que ahora ya no existen esperanzas de sustitución. Esto que existía en la modernidad, a través del proyecto moderno de un progreso ateo, del hombre capaz de hacer un mundo mejor, como la anticipación del paraíso».Hadjadj es el director de Incarnatus est , un instituto internacional para jóvenes de entre 18 y 28 años que propone una formación integral en tres dimensiones: académica, espiritual y comunitaria, donde los estudiantes viven en comunidad y donde estudio, vida cotidiana y vida espiritual se entrelazan de forma continuada. «Estamos luchando también con fuerzas espirituales malignas que no están solo fuera, sino también dentro, en la soledad. La vida monástica se entendía como huida de la vida, pero la idea de los monjes era entrar en la arena, en la plaza, con los cuernos más afilados y agudos, en el combate espiritual. Hay un combate espiritual donde el enemigo no es el otro, y es muy importante entenderlo, especialmente en España siempre rasgada por guerras civiles. No podemos diabolizar a nuestro hermano humano porque existe el maligno; entonces no es él únicamente el mal, puedo ser yo un cómplice de ello. El mal se encuentra en los dos lados de la mesa de juego. Están los ‘pro-choice’ y los ‘pro-life’, pero al entrar en esta pelea con esta polarización me hago cómplice también de la destrucción, de la imposibilidad de encontrarse de nuevo».
Fabrice Hadjadj es un hombre atravesado por el encuentro. Fue un encuentro con Cristo el que le hizo caer del caballo, como Saulo de Tarso, como judío, luego ateo, anarquista y nihilista tras rezar frente a una imagen de la Virgen, la misma de la … que tres días antes se había burlado. Es el hombre que pasó de escribir ‘Objet perdu’ a ‘La fe de los demonios’, ‘Tenga usted éxito en su muerte’, ‘¿Cómo hablar de Dios hoy?’ o ‘La suerte de haber nacido en nuestro tiempo’. Es el filósofo converso que hoy es director de Incarnatus est, convencido de que España es un lugar privilegiado para impulsar una nueva generación de jóvenes lúcidos, creativos y esperanzados, una nueva escuela cuyo objetivo no sea tanto aprender algo como convertirse en alguien, asumiendo su humanidad y recuperando la magnanimidad, la grandeza del alma. Es también un hombre atravesado por la cultura; de ahí que el cine haya sido el motor para escribir ‘Tom Cruise y su misión: Imposible’ (Ediciones Encuentro, 2026). Este escritor mira al actor más allá del cine, quizá porque encarna nuestra búsqueda de vocación en un mundo que solo ofrece papeles y funciones. Cuando un actor se convierte en símbolo de una generación, inevitablemente refleja algo de su época. Por eso, al hablar de Cruise, para Hadjadj es también hablar de toda la humanidad.
«Soy hijo de mi época, en la que las películas han tomado prestado el espacio de los folletines, esas novelas publicadas en los periódicos, como las de Alexandre Dumas. Han desaparecido, pero creo que estaría bien volver a encontrar esa dimensión ficcional del periódico. Hay que reconocer, especialmente durante la juventud, la influencia de las películas, para mí, sobre todo, las de acción, de héroes y superhéroes. Son como los libros de caballería para Alonso Quijano. Vemos películas con una heroicidad en tiempos de desaparición de la heroicidad. Y mi pregunta, que es la pregunta ya del Quijote, es: ¿cuál es la épica de nuestra época? O bien debemos vivir como en una esquizofrenia, con una pura separación entre el sueño y la vida cotidiana, o bien hay una vinculación, pero que no debe ser una confusión, una locura del Quijote», responde el pensador a este periódico.
Hadjadj hace un repaso por la figura de Cruise, no solo en sus trabajos, también en lo que sabemos de su vida y experiencia. Temas hay muchos, pero hay uno que es frecuente también para Hadjadj, y es el tema de la paternidad. Quizá porque también atraviesa al filósofo. «Tuve la suerte de tener un padre judío. No sé si conoces el refrán que dice que ‘un padre judío es una madre normal’. En mi caso, mi padre ha sido como una madre también para mí, mostró siempre una verdadera ternura. Me acuerdo de cómo me acompañó para escribir mis primeros poemas a los cinco años; desde el momento en tuve la pluma en mi mano, empecé a escribir poesía. Creo que no sufrí la tentación del rechazo de mi padre, una suerte», reconoce al afirmar en su libro que precisamente de «este rechazo del padre procede el designio, a la vez titánico y regresivo, de construirse a sí mismo». Aunque asegura que la figura del padre consiste siempre en una búsqueda. «Nuestros padres son hijos, criaturas con sus defectos. Y eso lo descubrimos siendo nosotros padres porque experimentamos en ese momento que todavía somos adolescentes, incluso a los 50 años. Se ve muy bien con Tom Cruise. Hay algo de adolescente que perdura. Al ser padres entendemos nuestra propia filiación, podemos perdonar a nuestros padres y vamos descubriendo que la paternidad es un horizonte», destaca, sobre una experiencia que él mismo ha descubierto al ser padre de diez hijos.
A Hadjadj le gusta Tom Cruise por sus películas, su épica, pero también porque no es un santo. «Creo que la mirada cristiana, especialmente a la cultura, es una mirada para desprender los rasgos de Dios escondidos, perdidos en cierta confusión. La fe cristiana no consiste en quedarse entre sí y ver la santidad en los santos, sino ver el trabajo de Dios en la basura, en los bastidores del teatro, en el trasfondo de una vida. Me acerqué a la figura de Tom Cruise, pero como el hombre humano. Su fama, su existencia de estrella, funciona como una lupa para magnificar la condición humana. Es un hombre, entre tantos, con sus tentaciones, con esta frontera entre Dios y el demonio que pasa a través de los corazones».
«Hay un retorno a la religiosidad pero con una falta de razón, es una sed del corazón, sin razón a menudo»
Fabrice Hadjadj
Director de Incarnatus est y filósofo
También habla Hadjadj del control individual sobre la realidad que acontece como algo «bulímico», un síntoma de nuestro tiempo. «Es precisamente el tema del paradigma tecnocrático. Cuando estamos frente a un problema con la tecnología, con la inteligencia artificial, ¿cuál es la respuesta? Más control. Luchamos contra la tecnología con más tecnología. Es el problema del paradigma, que no es solo una opción, una posibilidad, sino el marco de la mente actual. El afán por el control viene al mismo tiempo con el afán por la pérdida del control. Estamos en una sociedad de control y trance, porque es imposible quedarse en el control siempre, ahí viene la fatiga por una tensión excesiva».
La experiencia de Tom Cruise sirve a Hadjadj para leer algunos de los signos de nuestro tiempo. Entre ellos, esa tecnología, una realidad ante la que el hombre siempre se ha visto obligado a preguntarse. «Creo que es la gran aportación de sus películas. Cruise no tiene doble, él arriesga su propia carne con las máquinas. Está siempre esta presencia del cuerpo y de la máquina, un cuadro para resaltar esta lucha de la carne y también el misterio de la carne como carne viva. Los dispositivos de ahora son dispositivos ‘chulos’, de bolsillo. No es la gran máquina de la fábrica que aparece con sus motores, olor a gasolina, como un dragón. No. El móvil es como una muñeca para todas las edades, consoladora. Dormimos con ella junto a la almohada, como las luces que le ponen a los niños que tienen miedo a la oscuridad. Parece ‘cool’, pero más que una vinculación, es nuestra sumisión a una maquinaria mundial. Esta lucha contra la inteligencia artificial se transforma en un combate interior para no sucumbir a la tentación de dejar su responsabilidad y encomendarse a los algoritmos».
«La fe cristiana no consiste en ver la santidad en los santos, sino en ver el trabajo de Dios en la basura, en los bastidores del teatro»
Fabrice Hadjadj
Director de Incarnatus est y escritor
Es este combate el que también ha movido al Papa León XIV a preguntarse por ella y publicar ‘Magnifica Humanitas’, la primera encíclica de su pontificado. «Creo que no es una encíclica sobre la inteligencia artificial, sino sobre la inteligencia humana, sobre la inteligencia encarnada. El tema central es la doctrina social de la Iglesia en nuestro tiempo, se presenta no como un conjunto de soluciones o un algoritmo, rehusando la tentación también de los católicos de pedir al Papa soluciones, no entender al Espíritu Santo como el máximo algoritmo y pensar: ‘Hay solo que dejarse atravesar por el flujo de la gracia y todo se resuelve’. No. El espíritu creador y renovador es el que ha creado y que renueva tu responsabilidad, tu libertad. A veces, con tu perplejidad y, sin embargo, con tu capacidad de meditar, discernir, deliberar, decidir y actuar de manera insustituible».
Hadjadj ha sostenido que incluso una época herida por la técnica, la crisis y la pérdida de sentido puede ser vivida como una oportunidad. No se trata de nostalgia por un mundo anterior, sino de descubrir en el presente, con sus límites y contradicciones, el lugar concreto donde se juega la posibilidad de una vida plenamente humana. «Las películas de ‘Misión Imposible’ son películas siempre en un ambiente apocalíptico. Pero el apocalipsis es también la suerte de hacer grandes cosas o de elegir verdaderamente el bien o el mal. La palabra apocalipsis no se refiere primero a la catástrofe, sino a la liberación; es un descubrimiento que consiste en este doble crecimiento del trigo y de la cizaña. No se puede arrancar toda cizaña sin arrancar también el trigo; hay que dejarlos crecer juntos. Es una palabra, es la orden de Cristo. Es increíble. Es imposible arrancar todo el mal; era la locura de los totalitarismos, a veces con buenas intenciones. Es destruir la libertad humana, destruir la posibilidad misma del mal. Eso es la destrucción total de todo. El apocalipsis es cultivar. ¿Por qué? ¿Por un mejor mundo futuro? No. Porque es nuestra misión que viene del eterno, que no tiene que justificarse por el resultado. No es un tema de resultado como con los algoritmos».
Un ‘boom católico’ sin razón
Hadjadj también responde al ‘boom de lo católico’, a este nuevo fenómeno de un sentimiento relacionado con la religiosidad, aunque no de lo religioso, asegura Fabrice, en el que hace falta un discernimiento para reconocer qué es profundamente verdadero de todo ello. «Ocurre de una manera más potente en países como este. Hay una gran tradición de piedad popular; no es como en Francia, donde lo que queda del catolicismo son los valores morales traducidos en valores de la República. En Italia es el arte, la cultura, pero en España es la dimensión devocional, emocional, sentimentalista. Hay un retorno, pero sin la idea de que lo que se ha encarnado es el logos, la razón misma. Hay un retorno, pero con una cierta falta de razón. Es una sed del corazón, pero un corazón sin razón a menudo. Tenemos que pasar de la religiosidad a la religión, pasar de un Dios sentido a un Dios que es el logos. Pasar a la fe como capacidad, es una palabra de Don Giussani, capacidad extrema de la razón, creer y creer en Dios; es algo más que racional y, sin embargo, racional. Hay también entrevistas de Rosalía en las que ella habla de la posreligión como algo bueno, pero descansa en esta dimensión emocional y es el propio credo de los hispanos, es decir, ser narcotraficante con un crucifijo o con un tatuaje de la Virgen de Guadalupe en el pecho».
«Estamos ante el colapso de un sistema de progreso»
Fabrice Hadjadj
Director de Incarnatus est y escritor
Este ‘boom’ está también relacionado de forma inevitable, asegura el escritor, con el momento que atravesamos. «Vivimos en tiempos de colapso, es la caída del proyecto progresista. Ya no hay esperanzas de sustitución como el mundo mejor de la sociedad sin clases sociales, el mundo mejor del comunismo, el mundo mejor del liberalismo, no. Creo que el progresismo ateo se fue. En la posmodernidad ya no existe esta idea moderna de que lo moderno es lo mejor. Hay una equivalencia de todas las épocas, las épocas anteriores también. Es como un supermercado de las épocas. Y a través de series Netflix, de videojuegos o de mercancías históricas, puedo elegir, no sé, los vikingos, los celtíberos. Esa afición también está incluso en medios cristianos, donde se intenta volver incluso a una España pagana, con una ambigüedad, incluso en círculos católicos. También hay afición de personas como Pablo D’Ors. Es esta idea de la meditación con el vacío, meditación con el lugar del puro silencio, de la desaparición de la personalidad. Es como reaccionar a una sociedad de la información, del narcisismo, pero como una reacción, solo una reacción».
El mal, en los dos bandos
De ahí que, ante una apariencia de que toda época es válida, también entra este retorno de la espiritualidad. Y aunque Hadjadj no rehúye de todo este fenómeno en sí, alude al discernimiento y a actuar en consecuencia. «Es también el trabajo del Espíritu Santo en cada época; tenemos que reconocerlo, pero también tenemos que anunciar o proponer el discernimiento, la purificación de eso. Pero se entiende muy bien que ahora ya no existen esperanzas de sustitución. Esto que existía en la modernidad, a través del proyecto moderno de un progreso ateo, del hombre capaz de hacer un mundo mejor, como la anticipación del paraíso».
Hadjadj es el director de Incarnatus est, un instituto internacional para jóvenes de entre 18 y 28 años que propone una formación integral en tres dimensiones: académica, espiritual y comunitaria, donde los estudiantes viven en comunidad y donde estudio, vida cotidiana y vida espiritual se entrelazan de forma continuada. «Estamos luchando también con fuerzas espirituales malignas que no están solo fuera, sino también dentro, en la soledad. La vida monástica se entendía como huida de la vida, pero la idea de los monjes era entrar en la arena, en la plaza, con los cuernos más afilados y agudos, en el combate espiritual. Hay un combate espiritual donde el enemigo no es el otro, y es muy importante entenderlo, especialmente en España siempre rasgada por guerras civiles. No podemos diabolizar a nuestro hermano humano porque existe el maligno; entonces no es él únicamente el mal, puedo ser yo un cómplice de ello. El mal se encuentra en los dos lados de la mesa de juego. Están los ‘pro-choice’ y los ‘pro-life’, pero al entrar en esta pelea con esta polarización me hago cómplice también de la destrucción, de la imposibilidad de encontrarse de nuevo».
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