Vox da por hecho que el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, aceptará el principio de prioridad nacional; es decir, la discriminación de los inmigrantes respecto a los españoles en el acceso a ayudas y servicios públicos, viviendas protegidas o guarderías. “Lo han aceptado todos los líderes del PP. Estoy convencido de que el señor Moreno Bonilla no tendrá ningún impedimento en hacerlo si sus compañeros en otras regiones han asumido ese principio político”, ha afirmado el secretario general del partido, Ignacio Garriga. “No será ningún tipo de escollo”, ha remachado, para lograr un acuerdo para investir a Moreno Bonilla.
Vox mantiene la ambigüedad: “Los andaluces no han decidido si su gobierno debe ser en solitario o de coalición”
Vox da por hecho que el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, aceptará el principio de prioridad nacional; es decir, la discriminación de los inmigrantes respecto a los españoles en el acceso a ayudas y servicios públicos, viviendas protegidas o guarderías. “Lo han aceptado todos los líderes del PP. Estoy convencido de que el señor Moreno Bonilla no tendrá ningún impedimento en hacerlo si sus compañeros en otras regiones han asumido ese principio político”, ha afirmado el secretario general del partido, Ignacio Garriga. “No será ningún tipo de escollo”, ha remachado, para lograr un acuerdo para investir a Moreno Bonilla.
Garriga espera que el barón andaluz del PP abra en las próximas semanas una negociación con su grupo en la que le planteará, como primera reivindicación, la prioridad nacional, que ha sido el estandarte e incluso tema musical de su campaña. Hasta ahora, Moreno se ha negado a aceptarlo, alegando que se trata de un “eslogan vacío que carece de respaldo jurídico y solo fomenta la polarización” y este mismo lunes ha remachado que para él “la prioridad es Andalucía”.
Más ambiguo se ha mostrado Garriga cuando se le ha preguntado si la entrada en el Gobierno andaluz es una condición inexcusable para apoyar la investidura de Moreno, después de que este haya dicho que, a falta de solo dos escaños para la mayoría absoluta, tiene “margen de maniobra para gobernar en solitario”. El secretario general de Vox ha insistido en que primero se trata de acordar un programa político y que solo después “llegará el momento de ver quiénes van a impulsar esas medidas concretas”. Según Garriga, ahora “no se trata de hablar de cómo debe ser ese gobierno, sino de qué debe hacer ese gobierno”. A continuación, ha añadido: “Vox tiene la capacidad de que el nuevo gobierno [andaluz] eche a andar. Así lo han decidido los andaluces. Lo que no han decidido es si ese gobierno debe ser en solitario o en coalición. Nosotros vamos a actuar con mucha humildad, con mucha responsabilidad y conscientes de la proporcionalidad. Quiero creer que así va a actuar el PP”.
Fuentes de Vox aseguran que “no hay ningún cambio de estrategia” y que este guion es el mismo que se aplicó en Extremadura y Aragón: negociar primero las medidas y luego los sillones. Sin embargo, Santiago Abascal dio por sentado que su partido entraría en los gobiernos de esas comunidades, precisamente para desmentir la idea lanzada por el PP de que Vox no asume responsabilidades y se limita a capitalizar el voto protesta sin preocuparse por resolver los problemas de los ciudadanos. En Extremadura y Aragón ya se han formado gobiernos de coalición y en Vox dan por descontado que también tendrá consejeros en el Ejecutivo castellano y leonés presidido por Alfonso Fernández Mañueco.
La razón de la ambigüedad, apuntan fuentes conocedoras de Vox, es que los resultados de Andalucía han pillado por sorpresa al partido —Abascal dijo la noche de las elecciones que su formación había obtenido “un éxito sin precedentes y contra todo pronóstico”— que aún tiene que digerir. Una vez concluido el ciclo de las elecciones autonómicas, el partido tiene puestos los ojos en las generales del año próximo y debe sopesar qué es lo que más le conviene, si entrar quedarse fuera del Ejecutivo andaluz. Garriga ha subrayado que Vox “tiene la capacidad de condicionar políticas” en Andalucía, pero ha insistido varias veces en el principio de “proporcionalidad”. Este último es un factor a tener en cuenta pues, si se suman los escaños obtenidos por el PP y Vox en los cuatro parlamentos autonómicos que se han renovado, la menor proporción de diputados ultras sobre la suma de las derechas se da precisamente en Andalucía (22%), frente a un 35% en Aragón, 29,7% en Castilla y León y 27,5% en Extremadura. Y esa proporción tendría que reflejarse en el peso de cada partido en el gobierno.
En todo caso, fuentes de Vox califican de “error” de Moreno adelantar que quiere gobernar en solitario y subrayan que la negociación no ha empezado, por lo que es prematuro enseñar las cartas. Las mismas fuentes admiten que nunca han mantenido una negociación de este calado con el presidente andaluz, por lo que están expectantes ante su actitud.
Lo que no hay por parte de la dirección de Vox es ninguna autocrítica, pese a que se ha quedado en el 13,8% de los votos, más de cinco puntos por debajo del 18,9% que obtuvo en las elecciones de Castilla y León, hace solo dos meses. Garriga ha subrayado que su partido puede estar “contento y orgulloso” porque es el único que ha mejorado resultados en las cuatro últimas citas con las urnas. Con ese balance, fuentes de la dirección de Vox sentencian que “ya es historia” la demanda del sector crítico del partido –encabezado por exdirigentes como el exportavoz parlamentario Iván Espinosa de los Monteros o el exsecretario general, Javier Ortega Smith—de celebrar un congreso extraordinario para debatir la deriva ideológica y organizativa de la organización. “Eso ya es pasado”, alegan, asumiendo con los resultados en las urnas avalan a la cúpula directiva.
Un síntoma de ese cambio de rumbo es que Garriga ha restado importancia a la decisión de la extremeña María Guardiola de colgar el pasado domingo la bandera del arcoíris en la Presidencia de la Junta, con motivo del día contra la LGTBIfobia. El secretario general de Vox ha reconocido que habían sido avisados de que se iba a colgar la bandera y ha situado este gesto en las discrepancias ideológicas que mantienen los dos partidos pese a gobernar en coalición, “Lo respetamos, pero nos desmarcamos”, ha dicho, subrayando que si Vox tuviera mayoría absoluta “rotundamente no estaría colgada”.
