Cae la noche. Cerca de las cumbres de Tenerife y La Palma, el cielo se ha llenado de estrellas y los vecinos se disponen a descansar. Pero a 2.400 metros de altura, donde la atmósfera es menos densa y el mar de nubes queda bajo los pies, un grupo de profesionales se prepara para empezar una nueva jornada laboral. Son los astrónomos y operadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), que se enfrentan al frío, la humedad extrema y a sus propios ritmos biológicos para sacar adelante otra laboriosa noche de observación.
Para investigar en uno de los entornos más privilegiados del mundo, los profesionales del Instituto de Astrofísica de Canarias afrontan noches sin dormir y condiciones extremas
Cae la noche. Cerca de las cumbres de Tenerife y La Palma, el cielo se ha llenado de estrellas y los vecinos se disponen a descansar. Pero a 2.400 metros de altura, donde la atmósfera es menos densa y el mar de nubes queda bajo los pies, un grupo de profesionales se prepara para empezar una nueva jornada laboral. Son los astrónomos y operadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), que se enfrentan al frío, la humedad extrema y a sus propios ritmos biológicos para sacar adelante otra laboriosa noche de observación.
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