Se acabó la fiesta. Una sensación de cierre del negocio invadió este domingo la última jornada del torneo de LIV en Indianápolis, mucho más que la cita que cerraba la quinta temporada de la revolucionara liga saudí que partió al golf en dos y que conquistó el estadounidense Michael La Sasso (-18) por delante de Jon Rahm (-17) . Fue también la defunción del circuito, al menos tal y como se ha conocido hasta ahora, y puede que definitiva. El Fondo Soberano Saudí (PIF), el mecenas que ha inyectado más de 5.000 millones de petrodólares a la liga desde su nacimiento en 2022, ha cerrado el grifo y no extenderá ningún cheque más, harto de la falta de rentabilidad económica, audiencias televisivas (sobre todo en el gran mercado de EE UU) y repercusión deportiva. Y sin el dinero de quien lo pagaba todo, la criatura está herida de muerte. O convence a otro gigante para invertir en un proyecto que ha resultado ruinoso bajo una financiación ilimitada o desaparecerá.
El circuito que atrajo a estrellas como Jon Rahm, cuyo futuro está en el aire, celebra su último torneo a la espera de un nuevo inversor
El circuito que atrajo a estrellas como Jon Rahm, cuyo futuro está en el aire, celebra su último torneo a la espera de un nuevo inversor

Se acabó la fiesta. Una sensación de cierre del negocio invadió este domingo la última jornada del torneo de LIV en Indianápolis, mucho más que la cita que cerraba la quinta temporada de la revolucionara liga saudí que partió al golf en dos y que conquistó el estadounidense Michael La Sasso (-18) por delante de Jon Rahm (-17) . Fue también la defunción del circuito, al menos tal y como se ha conocido hasta ahora, y puede que definitiva. El Fondo Soberano Saudí (PIF), el mecenas que ha inyectado más de 5.000 millones de petrodólares a la liga desde su nacimiento en 2022, ha cerrado el grifo y no extenderá ningún cheque más, harto de la falta de rentabilidad económica, audiencias televisivas (sobre todo en el gran mercado de EE UU) y repercusión deportiva. Y sin el dinero de quien lo pagaba todo, la criatura está herida de muerte. O convence a otro gigante para invertir en un proyecto que ha resultado ruinoso bajo una financiación ilimitada o desaparecerá.
El CEO de LIV, Scott O’Neil, ha anunciado un acuerdo de patrocinio por unos 300 millones, pero la firma está sujeta a la continuidad de los mejores golfistas y en cualquier caso no cubre ni mucho menos los gastos de una competición que hasta ahora ha repartido 30 millones por torneo en premios y que, si sigue viva en 2027, será un LIV 2.0 muy rebajado: menos premios y menos torneos. Un lifting que difícilmente convencerá a las grandes figuras para continuar. O’Neil no descarta la bancarrota.
La revolución nació en junio de 2022 en Londres, punto de partida de una liga que a fuerza de millones atrapó a algunas de las grandes estrellas: Dustin Johnson, Phil Mickelson, Sergio García… y en diciembre de 2023, el gran pelotazo, Jon Rahm, el jugador que había jurado fidelidad al PGA Tour y que cambió su palabra por un contrato valorado en unos 500 millones, el más alto en la historia del deporte español. El vasco esperaba ser el lazo de unión entre los dos bandos pero la paz jamás llegó. LIV nunca consiguió la aceptación del golf mundial aunque llegara a modificar su ADN y mutar de los rompedores 54 hoyos a los tradicionales 72 a cambio de un puñado de puntos del ranking. En su legado pesa más la herencia de un deporte dividido que la novedosa apuesta del golf por equipos. Y aquellas estrellas cegadas por el oro se encuentran hoy en tierra de nadie.
Especialmente Jon Rahm, el hombre que cambió la chaqueta del Masters de Augusta por una de cuero negro con la que posó tras el terremoto. El español ha ganado la clasificación individual en los tres cursos que ha jugado en LIV y ha liderado a su equipo, Legion XIII, a una nueva victoria colectiva, pero a los 31 años ha dejado pasar una época de madurez sin volver a ganar un grande y sin competir en la élite mundial con los mejores del planeta, tipos como Scottie Scheffler y Rory McIlroy. Hoy, Rahm tantea una salida de LIV y un regreso al PGA Tour, bien a través de una multa económica y derechos restringidos de juego (vía Brooks Koepka) o bien tras un año de sanción desde su último torneo saudí (23 de agosto) y jugando mientras el circuito europeo (como Patrick Reed).
“Va a ser un camino difícil de vuelta. LIV no ha sido bueno para el golf”, sostiene McIlroy, más beligerante que el número uno mundial, Scheffler: “LIV tiene buenos jugadores que aportarían valor al PGA Tour”. El circuito americano tiene ahora la sartén por el mango, vencedor de la gran batalla del golf mundial, aunque la guerra ha dejado más perdedores que ganadores.
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