Cerraron la noche The Killers, rock vegano, pero no hubo muertos, a ningún atleta le reventaron las venas ni se le descosieron los músculos artificialmente hipertrofiados en mitad del esfuerzo, resistieron ligamentos y tendones en el parking de Las Vegas en el que en 35 días había crecido una recta de atletismo elevada de 100 metros y seis calles, una piscina de 50 metros con cuatro calles, un escenario de halterofilia y un tablado a lo largo para sentar a miles de personas. Pantallas gigantes y muchos leds desde las seis de la tarde hasta la una de la mañana, prime time en la ciudad del vicio, la hora en la que la vida despierta.
La ciudad estadounidense organizó un macroevento en el que solo se batió un récord del mundo, y con bañador prohibido, en una burla a la competición en la que se trivializó el dopaje y sus consecuencias para la salud
Cerraron la noche The Killers, rock vegano, pero no hubo muertos, a ningún atleta le reventaron las venas ni se le descosieron los músculos artificialmente hipertrofiados en mitad del esfuerzo, resistieron ligamentos y tendones en el parking de Las Vegas en el que en 35 días había crecido una recta de atletismo elevada de 100 metros y seis calles, una piscina de 50 metros con cuatro calles, un escenario de halterofilia y un tablado a lo largo para sentar a miles de personas. Pantallas gigantes y muchos leds desde las seis de la tarde hasta la una de la mañana, prime time en la ciudad del vicio, la hora en la que la vida despierta.
Por streaming, a través de media docena de plataformas, cientos de miles de personas siguieron a trozos las siete horas de los Enhanced Games (Juegos Aumentados), una delirante plataforma publicitaria en un espacio de excepción, ajeno a las leyes del deporte, la competición y la salud. Un rutilante comercio, una mediocre competición deportiva en la que 42 deportistas (36 de ellos previamente dopados con anabolizantes, anfetaminas, EPO y hormona de crecimiento) compitieron por una bolsa global de 15 millones de dólares: 250.000 para el primero de cada carrera, un millón para quien batiera un récord del mundo, que fue solo uno, el nadador griego Kristian Gkolomeev, que nadó los 50m libres masculinos en 20,81s, siete centésimas más rápido que la plusmarca legal del australiano Cameron McEvoy. Gkolomeev, que hace un año entró en la cultura enhanced y ya había batido el récord, utilizó además de química la física prohibida de su traje de baño de poliuretano que flota y penetra, un modelo ilegal desde hace casi 20 años.
Fue la última prueba de la noche, la única oportunidad para el suspiro de alivio del CEO de los Enhanced Games, Maximilian Martin, que se postró en teatral genuflexión a los pies del gigante griego, y le adoró.
Luego, emocionado, proclamó que el futuro ya está aquí. “Gracias al poder de las mejoras, podemos demostrar que somos mejor que jamás podríamos imaginar, y tú eres la prueba viviente de ello”, se declaró, cuenta el periodista de The Guardian allí presente, ante un público entusiasta formado por influencers del mundo del fitness e inversores en biotecnología. “Durante los últimos tres días, Enhanced se ha apoderado de Internet. Enhanced es cultura. Y ahora la gente también puede mejorar y ser la mejor versión de sí misma”.
Necesitaba ese récord el evento porque hasta entonces lo más espectacular en Las Vegas había sido el regreso del eternamente macho cabreado Fred Kerley, medallista olímpico de los 100m y campeón mundial aún en edad de competir con los mejores, lo que no puede legalmente porque está suspendido por fallos de localización para los controles antidopaje. “No necesito drogas para correr rápido. Puedo correr rápido de todas formas. Sé que soy rápido. No estaría aquí si no fuera rápido”, dice en un reportaje grabado durante los entrenamientos en Abu Dabi. “Puedo correr más rápido que los demás. Como hombre, un hombre solo tiene sus pelotas y sus palabras. Por eso me apunté a los Enhanced, para mostrar aún más mi talento. Tengo medallas olímpicas. Tengo títulos mundiales. Ellos no tienen nada”.
Después de dos salidas nulas, ganó la prueba en unos mediocres 9,97s (-0,3 m/s el viento), 21 centésimas peor que su mejor marca con control antidoping y a 39 centésimas del récord del mundo de Usain Bolt, su objetivo, y después insultó a sus cinco rivales, atletas hasta las cejas de sustancias en el ocaso de sus carreras que no perdieron la oportunidad de lucir espectaculares musculaturas de culturistas. “Tío, tienen que hacerlo mejor que eso. Tienen que entrenar un poco más duro. Hay que ponerse las pilas y darlo todo un poco más”, dijo, con cara de enfado pese a que se acababa de embolsar 250.000 dólares por una actuación de menos de 10 segundos. “¿Ha visto eso? Un montón de salidas en falso, un montón de saltos, mucha gente que no quiere correr las eliminatorias y todo eso. Tienen que hacerlo mejor que eso”.
Ni Kerley, que calza unas Nike blanca ultra, ni ningún otro participante lucían ropa de marca deportiva reconocible. Camisetas anónimas. A su espalda, un luminoso y un mensaje: “Porque sabes que hay más, vive aumentado”. Y en las pantallas, un anuncio: “Construye tu protocolo de mejora en enhanced.com”. Incitación al consumo y a la automedicación en la plataforma de ventas que sustenta los Juegos Aumentados. Trivialización del dopaje y de sus peligros para la salud.
Entre prueba y prueba, en el streaming hablaba Bryan Johnson, uno de los tecnocapitalistas que financian la aventura y se presenta como experto en mejora humana. Misionero del antienvejecimiento Johnson, de 48 años, es un ser pálido bajo una sombrilla que le protege de las radiaciones ultravioleta (“el 90 % del envejecimiento físico de la piel se debe al sol”, explica; “esto es una sombrilla con protección UV, que me protege”), inversor de capital riesgo y, se lee en Wikipedia, fundador y exdirector ejecutivo de Kernel, una empresa que crea dispositivos para monitorizar y registrar la actividad cerebral, y fundador, presidente y director ejecutivo de Braintree, una empresa especializada en sistemas de pago móviles y web para empresas de comercio electrónico, adquirida por PayPal por 800 millones de dólares en 2013. Se vanagloria de ser “el hombre más medido de la historia, con 1.500 millones de puntos de datos recogidos permanentemente de su cuerpo” a través de cientos de wearables. Financia el proyecto Blueprint de lucha contra el envejecimiento bajo el lema “no morir”. Y habla como si fueran aspirinas de la testosterona, la hormona de crecimiento, la EPO y las anfetaminas. De cuya venta se beneficia. “Más del 90 % de los participantes han tomado testosterona, que les ayuda a desarrollar músculo. Dan más fuerza y una mejor recuperación”, explica a los encantados presentadores con ayuda de gráficos en los que se muestra cómo la IGF-1, un factor de crecimiento similar a la insulina, ayuda a perder grasa.
“La hormona del crecimiento humano ayuda a la reparación y la recuperación. La EPO no suele usarse en deportes de velocidad, pero, en realidad, la usan para aumentar la capacidad durante el entrenamiento. Y luego algunos atletas usan Adderall [anfetaminas para aumentar la concentración y la capacidad de entrenamiento]. Y, en cuanto a su composición corporal, buscan obtener energía explosiva, perfeccionar cada parte de su tejido para tener la potencia explosiva necesaria. Eso significa estar delgados, ganar músculo y tener la capacidad de ganar”.
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