Todo comenzó, perdonen la inmodestia, con un artículo de ABC. En 1989, Paul McCartney había iniciado su primera gira en solitario tras la disolución de los Beatles. Había anunciado dos conciertos en Madrid, únicas fechas en España. Los Manolos al completo no dudaron ni un segundo y, en noviembre, se subieron a la furgoneta y tiraron para la capital sin sus patillas postizas, ni sus pantalones de campana ni sus trajes de solapa gigante con colores escandalosamente llamativos. Iban a disfrutar, no a trabajar.Estos diez amigos aficionados a la rumba catalana habían formado la banda apenas unos meses antes al fusionar dos grupos de rock: Elásticos y Alicia Química. Al terminar el concierto de McCartney, alguien propuso continuar la juerga en el Café del Mercado, un local regentado por Seju Monzón, el hermano músico de El Gran Wyoming , autor de éxitos como ‘Saca el güisqui, cheli’ y ‘Tengo una pena que me consume’. Tras los dos primeros cubatas, alguien sugirió en broma: «¿Y si tocamos aquí?». «Ni siquiera teníamos una maqueta. Le enseñamos solo una fotografía de nosotros vestidos con aquellos trajes de colores. Seju nos preguntó si hacíamos rumba catalana y añadió rápidamente: ‘Os quiero aquí’. Nos ofreció dos actuaciones sin habernos escuchado. Nos pagó 25.000 pesetas, una cantidad que ni siquiera cubría el viaje, pero nos daba igual porque todos teníamos nuestros trabajos y aquello era solo una aventura. Sin embargo, cuando llegamos tres meses después, Seju nos informó de que las entradas estaban agotadas. Nos quedamos alucinados. No nos conocía nadie, así que empezamos a intuir que pasaba algo especial», recuerda Josep Gómez (Barcelona, 1961), uno de los miembros fundadores. Todavía faltaba un año para que Los Manolos publicaran su debut, ‘Pasión condal’ (RCA), y dos para que ofrecieran aquella histórica actuación en el Estadio Olímpico de Montjuïc de Barcelona que siguieron por televisión miles de millones de telespectadores de todo el mundo. En ese momento, Gómez trabajaba como programador y sus compañeros eran un maestro de escuela, un joyero, un trabajador de Nissan, un informático… «Por eso no entendíamos que se hubiera llenado la sala. Le preguntamos a Seju y nos dijo que ABC había sacado un artículo que decía que éramos un grupo de rumba que estaba triunfando en Barcelona. Aquello nos chocó y nos hizo ilusión, porque el concierto tuvo repercusión y, tres días después, nos llamó RCA para ficharnos. La multinacional nos dijo que Los Manolos no era un nombre muy comercial, pero nos negamos a cambiarlo. Seju nos preguntó si queríamos volver en Nochevieja y aceptamos. Nos presentó El Gran Wyoming con una frase que todavía recuerdo: ‘Tenemos aquí a un grupo de diez tíos que entre todos no dan ni para un carné de identidad’», relata el músico entre risas. Sus apariciones en ABC fueron cada vez más frecuentes. En junio y julio de 1991 se podía leer: «El combo de rumberos catalanes ha convertido su versión del ‘All My Loving’ de los Beatles en la canción del verano», «es la banda que le enmienda la plana en plan lolailo a Frank Sinatra» y «su debut va camino de convertirse en disco del año y hoy se edita también en Inglaterra, Finlandia, Italia, Grecia, Francia, Israel, Holanda, Dinamarca, Portugal, Suecia y Alemania». Con más retranca se refería a ellos Jorge Berlanga, hijo del director de cine Luis García Berlanga: «Los Manolos han conseguido que salgas a la calle y te encuentres con las señoras en la cola del mercado moviendo sus figuras mollares a ritmo de rumbita, al funcionario del Ministerio agarrado al portafolios en plan danza calentona y al taxista soltando el volante para chasquear los dedos con alegre espíritu de chirigota». El gran buloSolo del primer disco vendieron 500.000 copias, pero el milagro se produjo después, cuando recibieron la llamada del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos porque querían homenajear a la rumba catalana en la ceremonia de clausura. La compañía les llamó la atención: «¿Estáis locos? Ahora que tenéis éxito con ‘All My Loving’ se quieren aprovechar de vosotros». La respuesta fue contundente: «Los locos sois vosotros. Vamos a hacerlo sí o sí. Son las Olimpiadas de nuestra ciudad. Ya hemos aceptado». Seguro que se acuerdan de la actuación en el estadio de Montjuïc, con miles de deportistas de todo el mundo bailando y cantando ‘Amigos para siempre’. Era otra versión. La canción original la compuso Andrew Lloyd Webber y la cantó Sarah Brightman y José Carreras . Lo recuerda, ¿verdad? Pues lamentamos comunicarles que jamás ocurrió. «Se ha convertido en una realidad paralela y hasta nosotros hemos llegado a dudar. Ni siquiera la habíamos grabado. En la clausura cantamos un popurrí con fragmentos de varias canciones y ‘Gitana hechicera’ junto a Peret y Los Amaya. Quienes tocaron ‘Amigos para siempre’ fueron Brightman y Carreras. Nos pareció preciosa y decidimos convertirla en una rumba. Luego descubrimos que existía una adaptación de la letra hecha por Gloria Estefan que no publicó y se la cogimos prestada. La estrenamos en la otra clausura, la de los Juegos Paralímpicos, dos meses después», reconoce. «Aún no somos plenamente conscientes de aquel éxito –continúa–, a pesar de que han pasado más de treinta años y la gente sigue recordándola con una sonrisa. Se quedó grabada en la memoria colectiva. Nosotros percibimos un poco su alcance cuando nos llamaron para girar por Argentina y Chile». El sueño, sin embargo, no duró tanto, puesto que Los Manolos se separaron en 1993: «Hablo como portavoz y no quiero entrar en cuestiones personales ni señalar a nadie. El caso es que el éxito fue tan repentino que afectó a la dinámica del grupo y surgieron diferencias. Había quien pensaba que diez personas eran demasiadas y que la banda podía funcionar con menos integrantes. Hasta ahí puedo llegar. Es posible que a algunos nos costara más asumir tanto éxito, pero no quiero profundizar porque esa etapa está superada. Nos reunimos en 2016 y, de alguna manera, volvemos a ser amigos para siempre», zanja. Todo comenzó, perdonen la inmodestia, con un artículo de ABC. En 1989, Paul McCartney había iniciado su primera gira en solitario tras la disolución de los Beatles. Había anunciado dos conciertos en Madrid, únicas fechas en España. Los Manolos al completo no dudaron ni un segundo y, en noviembre, se subieron a la furgoneta y tiraron para la capital sin sus patillas postizas, ni sus pantalones de campana ni sus trajes de solapa gigante con colores escandalosamente llamativos. Iban a disfrutar, no a trabajar.Estos diez amigos aficionados a la rumba catalana habían formado la banda apenas unos meses antes al fusionar dos grupos de rock: Elásticos y Alicia Química. Al terminar el concierto de McCartney, alguien propuso continuar la juerga en el Café del Mercado, un local regentado por Seju Monzón, el hermano músico de El Gran Wyoming , autor de éxitos como ‘Saca el güisqui, cheli’ y ‘Tengo una pena que me consume’. Tras los dos primeros cubatas, alguien sugirió en broma: «¿Y si tocamos aquí?». «Ni siquiera teníamos una maqueta. Le enseñamos solo una fotografía de nosotros vestidos con aquellos trajes de colores. Seju nos preguntó si hacíamos rumba catalana y añadió rápidamente: ‘Os quiero aquí’. Nos ofreció dos actuaciones sin habernos escuchado. Nos pagó 25.000 pesetas, una cantidad que ni siquiera cubría el viaje, pero nos daba igual porque todos teníamos nuestros trabajos y aquello era solo una aventura. Sin embargo, cuando llegamos tres meses después, Seju nos informó de que las entradas estaban agotadas. Nos quedamos alucinados. No nos conocía nadie, así que empezamos a intuir que pasaba algo especial», recuerda Josep Gómez (Barcelona, 1961), uno de los miembros fundadores. Todavía faltaba un año para que Los Manolos publicaran su debut, ‘Pasión condal’ (RCA), y dos para que ofrecieran aquella histórica actuación en el Estadio Olímpico de Montjuïc de Barcelona que siguieron por televisión miles de millones de telespectadores de todo el mundo. En ese momento, Gómez trabajaba como programador y sus compañeros eran un maestro de escuela, un joyero, un trabajador de Nissan, un informático… «Por eso no entendíamos que se hubiera llenado la sala. Le preguntamos a Seju y nos dijo que ABC había sacado un artículo que decía que éramos un grupo de rumba que estaba triunfando en Barcelona. Aquello nos chocó y nos hizo ilusión, porque el concierto tuvo repercusión y, tres días después, nos llamó RCA para ficharnos. La multinacional nos dijo que Los Manolos no era un nombre muy comercial, pero nos negamos a cambiarlo. Seju nos preguntó si queríamos volver en Nochevieja y aceptamos. Nos presentó El Gran Wyoming con una frase que todavía recuerdo: ‘Tenemos aquí a un grupo de diez tíos que entre todos no dan ni para un carné de identidad’», relata el músico entre risas. Sus apariciones en ABC fueron cada vez más frecuentes. En junio y julio de 1991 se podía leer: «El combo de rumberos catalanes ha convertido su versión del ‘All My Loving’ de los Beatles en la canción del verano», «es la banda que le enmienda la plana en plan lolailo a Frank Sinatra» y «su debut va camino de convertirse en disco del año y hoy se edita también en Inglaterra, Finlandia, Italia, Grecia, Francia, Israel, Holanda, Dinamarca, Portugal, Suecia y Alemania». Con más retranca se refería a ellos Jorge Berlanga, hijo del director de cine Luis García Berlanga: «Los Manolos han conseguido que salgas a la calle y te encuentres con las señoras en la cola del mercado moviendo sus figuras mollares a ritmo de rumbita, al funcionario del Ministerio agarrado al portafolios en plan danza calentona y al taxista soltando el volante para chasquear los dedos con alegre espíritu de chirigota». El gran buloSolo del primer disco vendieron 500.000 copias, pero el milagro se produjo después, cuando recibieron la llamada del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos porque querían homenajear a la rumba catalana en la ceremonia de clausura. La compañía les llamó la atención: «¿Estáis locos? Ahora que tenéis éxito con ‘All My Loving’ se quieren aprovechar de vosotros». La respuesta fue contundente: «Los locos sois vosotros. Vamos a hacerlo sí o sí. Son las Olimpiadas de nuestra ciudad. Ya hemos aceptado». Seguro que se acuerdan de la actuación en el estadio de Montjuïc, con miles de deportistas de todo el mundo bailando y cantando ‘Amigos para siempre’. Era otra versión. La canción original la compuso Andrew Lloyd Webber y la cantó Sarah Brightman y José Carreras . Lo recuerda, ¿verdad? Pues lamentamos comunicarles que jamás ocurrió. «Se ha convertido en una realidad paralela y hasta nosotros hemos llegado a dudar. Ni siquiera la habíamos grabado. En la clausura cantamos un popurrí con fragmentos de varias canciones y ‘Gitana hechicera’ junto a Peret y Los Amaya. Quienes tocaron ‘Amigos para siempre’ fueron Brightman y Carreras. Nos pareció preciosa y decidimos convertirla en una rumba. Luego descubrimos que existía una adaptación de la letra hecha por Gloria Estefan que no publicó y se la cogimos prestada. La estrenamos en la otra clausura, la de los Juegos Paralímpicos, dos meses después», reconoce. «Aún no somos plenamente conscientes de aquel éxito –continúa–, a pesar de que han pasado más de treinta años y la gente sigue recordándola con una sonrisa. Se quedó grabada en la memoria colectiva. Nosotros percibimos un poco su alcance cuando nos llamaron para girar por Argentina y Chile». El sueño, sin embargo, no duró tanto, puesto que Los Manolos se separaron en 1993: «Hablo como portavoz y no quiero entrar en cuestiones personales ni señalar a nadie. El caso es que el éxito fue tan repentino que afectó a la dinámica del grupo y surgieron diferencias. Había quien pensaba que diez personas eran demasiadas y que la banda podía funcionar con menos integrantes. Hasta ahí puedo llegar. Es posible que a algunos nos costara más asumir tanto éxito, pero no quiero profundizar porque esa etapa está superada. Nos reunimos en 2016 y, de alguna manera, volvemos a ser amigos para siempre», zanja.
Todo comenzó, perdonen la inmodestia, con un artículo de ABC. En 1989, Paul McCartney había iniciado su primera gira en solitario tras la disolución de los Beatles. Había anunciado dos conciertos en Madrid, únicas fechas en España. Los Manolos al completo no dudaron ni … un segundo y, en noviembre, se subieron a la furgoneta y tiraron para la capital sin sus patillas postizas, ni sus pantalones de campana ni sus trajes de solapa gigante con colores escandalosamente llamativos. Iban a disfrutar, no a trabajar.
Estos diez amigos aficionados a la rumba catalana habían formado la banda apenas unos meses antes al fusionar dos grupos de rock: Elásticos y Alicia Química. Al terminar el concierto de McCartney, alguien propuso continuar la juerga en el Café del Mercado, un local regentado por Seju Monzón, el hermano músico de El Gran Wyoming, autor de éxitos como ‘Saca el güisqui, cheli’ y ‘Tengo una pena que me consume’. Tras los dos primeros cubatas, alguien sugirió en broma: «¿Y si tocamos aquí?».
«Ni siquiera teníamos una maqueta. Le enseñamos solo una fotografía de nosotros vestidos con aquellos trajes de colores. Seju nos preguntó si hacíamos rumba catalana y añadió rápidamente: ‘Os quiero aquí’. Nos ofreció dos actuaciones sin habernos escuchado. Nos pagó 25.000 pesetas, una cantidad que ni siquiera cubría el viaje, pero nos daba igual porque todos teníamos nuestros trabajos y aquello era solo una aventura. Sin embargo, cuando llegamos tres meses después, Seju nos informó de que las entradas estaban agotadas. Nos quedamos alucinados. No nos conocía nadie, así que empezamos a intuir que pasaba algo especial», recuerda Josep Gómez (Barcelona, 1961), uno de los miembros fundadores.
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Todavía faltaba un año para que Los Manolos publicaran su debut, ‘Pasión condal’ (RCA), y dos para que ofrecieran aquella histórica actuación en el Estadio Olímpico de Montjuïc de Barcelona que siguieron por televisión miles de millones de telespectadores de todo el mundo. En ese momento, Gómez trabajaba como programador y sus compañeros eran un maestro de escuela, un joyero, un trabajador de Nissan, un informático…
«Por eso no entendíamos que se hubiera llenado la sala. Le preguntamos a Seju y nos dijo que ABC había sacado un artículo que decía que éramos un grupo de rumba que estaba triunfando en Barcelona. Aquello nos chocó y nos hizo ilusión, porque el concierto tuvo repercusión y, tres días después, nos llamó RCA para ficharnos. La multinacional nos dijo que Los Manolos no era un nombre muy comercial, pero nos negamos a cambiarlo. Seju nos preguntó si queríamos volver en Nochevieja y aceptamos. Nos presentó El Gran Wyoming con una frase que todavía recuerdo: ‘Tenemos aquí a un grupo de diez tíos que entre todos no dan ni para un carné de identidad’», relata el músico entre risas.
Sus apariciones en ABC fueron cada vez más frecuentes. En junio y julio de 1991 se podía leer: «El combo de rumberos catalanes ha convertido su versión del ‘All My Loving’ de los Beatles en la canción del verano», «es la banda que le enmienda la plana en plan lolailo a Frank Sinatra» y «su debut va camino de convertirse en disco del año y hoy se edita también en Inglaterra, Finlandia, Italia, Grecia, Francia, Israel, Holanda, Dinamarca, Portugal, Suecia y Alemania». Con más retranca se refería a ellos Jorge Berlanga, hijo del director de cine Luis García Berlanga: «Los Manolos han conseguido que salgas a la calle y te encuentres con las señoras en la cola del mercado moviendo sus figuras mollares a ritmo de rumbita, al funcionario del Ministerio agarrado al portafolios en plan danza calentona y al taxista soltando el volante para chasquear los dedos con alegre espíritu de chirigota».
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Solo del primer disco vendieron 500.000 copias, pero el milagro se produjo después, cuando recibieron la llamada del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos porque querían homenajear a la rumba catalana en la ceremonia de clausura. La compañía les llamó la atención: «¿Estáis locos? Ahora que tenéis éxito con ‘All My Loving’ se quieren aprovechar de vosotros». La respuesta fue contundente: «Los locos sois vosotros. Vamos a hacerlo sí o sí. Son las Olimpiadas de nuestra ciudad. Ya hemos aceptado».
Seguro que se acuerdan de la actuación en el estadio de Montjuïc, con miles de deportistas de todo el mundo bailando y cantando ‘Amigos para siempre’. Era otra versión. La canción original la compuso Andrew Lloyd Webber y la cantó Sarah Brightman y José Carreras. Lo recuerda, ¿verdad? Pues lamentamos comunicarles que jamás ocurrió. «Se ha convertido en una realidad paralela y hasta nosotros hemos llegado a dudar. Ni siquiera la habíamos grabado. En la clausura cantamos un popurrí con fragmentos de varias canciones y ‘Gitana hechicera’ junto a Peret y Los Amaya. Quienes tocaron ‘Amigos para siempre’ fueron Brightman y Carreras. Nos pareció preciosa y decidimos convertirla en una rumba. Luego descubrimos que existía una adaptación de la letra hecha por Gloria Estefan que no publicó y se la cogimos prestada. La estrenamos en la otra clausura, la de los Juegos Paralímpicos, dos meses después», reconoce.
«Aún no somos plenamente conscientes de aquel éxito –continúa–, a pesar de que han pasado más de treinta años y la gente sigue recordándola con una sonrisa. Se quedó grabada en la memoria colectiva. Nosotros percibimos un poco su alcance cuando nos llamaron para girar por Argentina y Chile». El sueño, sin embargo, no duró tanto, puesto que Los Manolos se separaron en 1993: «Hablo como portavoz y no quiero entrar en cuestiones personales ni señalar a nadie. El caso es que el éxito fue tan repentino que afectó a la dinámica del grupo y surgieron diferencias. Había quien pensaba que diez personas eran demasiadas y que la banda podía funcionar con menos integrantes. Hasta ahí puedo llegar. Es posible que a algunos nos costara más asumir tanto éxito, pero no quiero profundizar porque esa etapa está superada. Nos reunimos en 2016 y, de alguna manera, volvemos a ser amigos para siempre», zanja.
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