Hace cuatro años, la muerte de Leonardo Del Vecchio conmocionó al mundo de la industria del lujo. Fundador de Luxottica y uno de los grandes magnates italianos de las últimas décadas, falleció en 2022, a los 87 años, dejando tras de sí un imperio empresarial valorado en unos 55.000 millones de euros . Cuatro años después, sus herederos siguen enfrentados por el futuro de un patrimonio que va mucho más allá de una fortuna familiar.El núcleo de la herencia es Delfin, la sociedad a través de la que Del Vecchio concentró buena parte de sus inversiones. Tras su muerte, el empresario dejó el holding dividido en ocho participaciones iguales, del 12,5% cada una: una para cada uno de sus seis hijos, otra para su viuda, Nicoletta Zampillo, y una última para Rocco Basilico, hijo de Zampillo de un matrimonio anterior y, por tanto, hermanastro de algunos de los herederos .Una solución que sobre el papel parecía equitativa pero que acabó dando paso a una compleja disputa familiar que ha terminado incluso en los tribunales. Uno de los principales focos de tensión ha sido precisamente la decisión de otorgar a Basilico, que no era hijo biológico de Del Vecchio, la misma participación que a los seis hijos del empresario.Pero el conflicto va mucho más allá de las relaciones familiares. Delfin es el principal accionista de EssilorLuxottica, el gigante mundial de la óptica propietario de marcas como Ray-Ban y Oakley . El holding mantiene además participaciones relevantes en algunas de las compañías estratégicas de la economía italiana, entre ellas Generali, UniCredit y Monte dei Paschi di Siena.Desde la muerte del patriarca, las diferencias entre los ocho accionistas han complicado algunas de las decisiones sobre el futuro del holding, desde la política de dividendos hasta la retribución de los gestores y la estrategia empresarial. El problema se ve agravado por las enormes diferencias de edad y trayectoria entre los herederos.Entre el mayor de los hermanos, Claudio, de 69 años, y el menor, Clemente, de 22, hay casi medio siglo de diferencia . Además, la mayoría de los hijos de Del Vecchio no participa directamente en la gestión de Delfin y su relación con el imperio familiar se limita, en buena medida, a percibir los dividendos que les corresponden. Algunos incluso contemplan vender sus participaciones. Según ‘Financial Times’, Delfin genera alrededor de 1.500 millones de euros de beneficio anual, aunque únicamente distribuye entre sus accionistas el 10% que está obligada a repartir.El heredero más mediáticoEn el centro de esta batalla se encuentra Leonardo Maria Del Vecchio, de 31 años, hijo del empresario y de Nicoletta Zampillo. Su madre y el magnate mantuvieron una relación marcada por varias idas y venidas: se casaron, se divorciaron y, una década después, volvieron a contraer matrimonio.Leonardo Maria es el único de los hijos que ha desarrollado una carrera dentro del negocio familiar. Actualmente ocupa varios puestos de responsabilidad en EssilorLuxottica y preside Ray-Ban. En los últimos meses ha tratado de reforzar su posición dentro del entramado empresarial de su padre.Su plan pasa por adquirir las participaciones de sus hermanos Luca y Paola, que suman el 25% de Delfin. De culminarse la operación, valorada en torno a los 10.000 millones de euros, Leonardo Maria elevaría su participación del 12,5% heredado al 37,5% y se convertiría en uno de los accionistas con mayor peso dentro del holding.Pero la operación se ha encontrado con numerosos obstáculos, desde las reticencias de otros miembros de la familia hasta las exigencias de las entidades financieras necesarias para afrontar una adquisición de semejante magnitud.Una de las principales resistencias procede de su propio hermanastro, Rocco Basilico, que mantiene también un 12,5% de Delfin y ha desarrollado su carrera dentro de EssilorLuxottica. Basilico tuvo además un papel destacado en la alianza de la compañía con Meta para desarrollar las gafas inteligentes Ray-Ban Meta.Las diferencias entre ambos han terminado incluso en los tribunales. Basilico cuestionó determinadas decisiones relacionadas con la venta de las participaciones de Luca y Paola, mientras que Leonardo Maria llegó a impugnar el derecho de su hermanastro a mantener su participación en Delfin. Los litigios se han extendido tanto a Italia como a Luxemburgo, donde tiene su sede el holding familiar.Un entramado patrimonial a lo ‘Succession’En junio, ambos bandos parecieron acercarse a una tregua y anunciaron un principio de acuerdo para poner fin a las demandas cruzadas. Sin embargo, la paz definitiva todavía parece lejos. La disputa ha ido reconfigurando las alianzas dentro de la familia, mientras las diferencias generacionales, personales y empresariales se mezclan con una lucha por el poder dentro de uno de los mayores patrimonios privados de Europa.El tamaño del botín hace que la batalla familiar vaya mucho más allá de una disputa privada. A través de Delfin, los Del Vecchio controlan una extensa red de inversiones en algunas de las principales empresas y bancos de Italia. Por ello, las decisiones que tomen los herederos pueden terminar teniendo consecuencias para el conjunto de la economía del país.La historia ha provocado un enorme revuelo en Italia y ha alimentado las comparaciones con ‘Succession’, la aclamada serie de HBO. Las similitudes son evidentes: un patriarca que construye un imperio, unos descendientes obligados a convivir bajo su enorme sombra y una sucesión que, lejos de resolver quién manda, abre una nueva competición por el control. Hace cuatro años, la muerte de Leonardo Del Vecchio conmocionó al mundo de la industria del lujo. Fundador de Luxottica y uno de los grandes magnates italianos de las últimas décadas, falleció en 2022, a los 87 años, dejando tras de sí un imperio empresarial valorado en unos 55.000 millones de euros . Cuatro años después, sus herederos siguen enfrentados por el futuro de un patrimonio que va mucho más allá de una fortuna familiar.El núcleo de la herencia es Delfin, la sociedad a través de la que Del Vecchio concentró buena parte de sus inversiones. Tras su muerte, el empresario dejó el holding dividido en ocho participaciones iguales, del 12,5% cada una: una para cada uno de sus seis hijos, otra para su viuda, Nicoletta Zampillo, y una última para Rocco Basilico, hijo de Zampillo de un matrimonio anterior y, por tanto, hermanastro de algunos de los herederos .Una solución que sobre el papel parecía equitativa pero que acabó dando paso a una compleja disputa familiar que ha terminado incluso en los tribunales. Uno de los principales focos de tensión ha sido precisamente la decisión de otorgar a Basilico, que no era hijo biológico de Del Vecchio, la misma participación que a los seis hijos del empresario.Pero el conflicto va mucho más allá de las relaciones familiares. Delfin es el principal accionista de EssilorLuxottica, el gigante mundial de la óptica propietario de marcas como Ray-Ban y Oakley . El holding mantiene además participaciones relevantes en algunas de las compañías estratégicas de la economía italiana, entre ellas Generali, UniCredit y Monte dei Paschi di Siena.Desde la muerte del patriarca, las diferencias entre los ocho accionistas han complicado algunas de las decisiones sobre el futuro del holding, desde la política de dividendos hasta la retribución de los gestores y la estrategia empresarial. El problema se ve agravado por las enormes diferencias de edad y trayectoria entre los herederos.Entre el mayor de los hermanos, Claudio, de 69 años, y el menor, Clemente, de 22, hay casi medio siglo de diferencia . Además, la mayoría de los hijos de Del Vecchio no participa directamente en la gestión de Delfin y su relación con el imperio familiar se limita, en buena medida, a percibir los dividendos que les corresponden. Algunos incluso contemplan vender sus participaciones. Según ‘Financial Times’, Delfin genera alrededor de 1.500 millones de euros de beneficio anual, aunque únicamente distribuye entre sus accionistas el 10% que está obligada a repartir.El heredero más mediáticoEn el centro de esta batalla se encuentra Leonardo Maria Del Vecchio, de 31 años, hijo del empresario y de Nicoletta Zampillo. Su madre y el magnate mantuvieron una relación marcada por varias idas y venidas: se casaron, se divorciaron y, una década después, volvieron a contraer matrimonio.Leonardo Maria es el único de los hijos que ha desarrollado una carrera dentro del negocio familiar. Actualmente ocupa varios puestos de responsabilidad en EssilorLuxottica y preside Ray-Ban. En los últimos meses ha tratado de reforzar su posición dentro del entramado empresarial de su padre.Su plan pasa por adquirir las participaciones de sus hermanos Luca y Paola, que suman el 25% de Delfin. De culminarse la operación, valorada en torno a los 10.000 millones de euros, Leonardo Maria elevaría su participación del 12,5% heredado al 37,5% y se convertiría en uno de los accionistas con mayor peso dentro del holding.Pero la operación se ha encontrado con numerosos obstáculos, desde las reticencias de otros miembros de la familia hasta las exigencias de las entidades financieras necesarias para afrontar una adquisición de semejante magnitud.Una de las principales resistencias procede de su propio hermanastro, Rocco Basilico, que mantiene también un 12,5% de Delfin y ha desarrollado su carrera dentro de EssilorLuxottica. Basilico tuvo además un papel destacado en la alianza de la compañía con Meta para desarrollar las gafas inteligentes Ray-Ban Meta.Las diferencias entre ambos han terminado incluso en los tribunales. Basilico cuestionó determinadas decisiones relacionadas con la venta de las participaciones de Luca y Paola, mientras que Leonardo Maria llegó a impugnar el derecho de su hermanastro a mantener su participación en Delfin. Los litigios se han extendido tanto a Italia como a Luxemburgo, donde tiene su sede el holding familiar.Un entramado patrimonial a lo ‘Succession’En junio, ambos bandos parecieron acercarse a una tregua y anunciaron un principio de acuerdo para poner fin a las demandas cruzadas. Sin embargo, la paz definitiva todavía parece lejos. La disputa ha ido reconfigurando las alianzas dentro de la familia, mientras las diferencias generacionales, personales y empresariales se mezclan con una lucha por el poder dentro de uno de los mayores patrimonios privados de Europa.El tamaño del botín hace que la batalla familiar vaya mucho más allá de una disputa privada. A través de Delfin, los Del Vecchio controlan una extensa red de inversiones en algunas de las principales empresas y bancos de Italia. Por ello, las decisiones que tomen los herederos pueden terminar teniendo consecuencias para el conjunto de la economía del país.La historia ha provocado un enorme revuelo en Italia y ha alimentado las comparaciones con ‘Succession’, la aclamada serie de HBO. Las similitudes son evidentes: un patriarca que construye un imperio, unos descendientes obligados a convivir bajo su enorme sombra y una sucesión que, lejos de resolver quién manda, abre una nueva competición por el control.
Hace cuatro años, la muerte de Leonardo Del Vecchio conmocionó al mundo de la industria del lujo. Fundador de Luxottica y uno de los grandes magnates italianos de las últimas décadas, falleció en 2022, a los 87 años, dejando tras de sí un imperio empresarial … valorado en unos 55.000 millones de euros. Cuatro años después, sus herederos siguen enfrentados por el futuro de un patrimonio que va mucho más allá de una fortuna familiar.
El núcleo de la herencia es Delfin, la sociedad a través de la que Del Vecchio concentró buena parte de sus inversiones. Tras su muerte, el empresario dejó el holding dividido en ocho participaciones iguales, del 12,5% cada una: una para cada uno de sus seis hijos, otra para su viuda, Nicoletta Zampillo, y una última para Rocco Basilico, hijo de Zampillo de un matrimonio anterior y, por tanto, hermanastro de algunos de los herederos.
Una solución que sobre el papel parecía equitativa pero que acabó dando paso a una compleja disputa familiar que ha terminado incluso en los tribunales. Uno de los principales focos de tensión ha sido precisamente la decisión de otorgar a Basilico, que no era hijo biológico de Del Vecchio, la misma participación que a los seis hijos del empresario.
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Pero el conflicto va mucho más allá de las relaciones familiares. Delfin es el principal accionista de EssilorLuxottica, el gigante mundial de la óptica propietario de marcas como Ray-Ban y Oakley. El holding mantiene además participaciones relevantes en algunas de las compañías estratégicas de la economía italiana, entre ellas Generali, UniCredit y Monte dei Paschi di Siena.
Desde la muerte del patriarca, las diferencias entre los ocho accionistas han complicado algunas de las decisiones sobre el futuro del holding, desde la política de dividendos hasta la retribución de los gestores y la estrategia empresarial. El problema se ve agravado por las enormes diferencias de edad y trayectoria entre los herederos.
Entre el mayor de los hermanos, Claudio, de 69 años, y el menor, Clemente, de 22, hay casi medio siglo de diferencia. Además, la mayoría de los hijos de Del Vecchio no participa directamente en la gestión de Delfin y su relación con el imperio familiar se limita, en buena medida, a percibir los dividendos que les corresponden. Algunos incluso contemplan vender sus participaciones. Según ‘Financial Times’, Delfin genera alrededor de 1.500 millones de euros de beneficio anual, aunque únicamente distribuye entre sus accionistas el 10% que está obligada a repartir.
El heredero más mediático
En el centro de esta batalla se encuentra Leonardo Maria Del Vecchio, de 31 años, hijo del empresario y de Nicoletta Zampillo. Su madre y el magnate mantuvieron una relación marcada por varias idas y venidas: se casaron, se divorciaron y, una década después, volvieron a contraer matrimonio.
Leonardo Maria es el único de los hijos que ha desarrollado una carrera dentro del negocio familiar. Actualmente ocupa varios puestos de responsabilidad en EssilorLuxottica y preside Ray-Ban. En los últimos meses ha tratado de reforzar su posición dentro del entramado empresarial de su padre.
Su plan pasa por adquirir las participaciones de sus hermanos Luca y Paola, que suman el 25% de Delfin. De culminarse la operación, valorada en torno a los 10.000 millones de euros, Leonardo Maria elevaría su participación del 12,5% heredado al 37,5% y se convertiría en uno de los accionistas con mayor peso dentro del holding.
Pero la operación se ha encontrado con numerosos obstáculos, desde las reticencias de otros miembros de la familia hasta las exigencias de las entidades financieras necesarias para afrontar una adquisición de semejante magnitud.
Una de las principales resistencias procede de su propio hermanastro, Rocco Basilico, que mantiene también un 12,5% de Delfin y ha desarrollado su carrera dentro de EssilorLuxottica. Basilico tuvo además un papel destacado en la alianza de la compañía con Meta para desarrollar las gafas inteligentes Ray-Ban Meta.
Las diferencias entre ambos han terminado incluso en los tribunales. Basilico cuestionó determinadas decisiones relacionadas con la venta de las participaciones de Luca y Paola, mientras que Leonardo Maria llegó a impugnar el derecho de su hermanastro a mantener su participación en Delfin. Los litigios se han extendido tanto a Italia como a Luxemburgo, donde tiene su sede el holding familiar.
Un entramado patrimonial a lo ‘Succession’
En junio, ambos bandos parecieron acercarse a una tregua y anunciaron un principio de acuerdo para poner fin a las demandas cruzadas. Sin embargo, la paz definitiva todavía parece lejos. La disputa ha ido reconfigurando las alianzas dentro de la familia, mientras las diferencias generacionales, personales y empresariales se mezclan con una lucha por el poder dentro de uno de los mayores patrimonios privados de Europa.
El tamaño del botín hace que la batalla familiar vaya mucho más allá de una disputa privada. A través de Delfin, los Del Vecchio controlan una extensa red de inversiones en algunas de las principales empresas y bancos de Italia. Por ello, las decisiones que tomen los herederos pueden terminar teniendo consecuencias para el conjunto de la economía del país.
La historia ha provocado un enorme revuelo en Italia y ha alimentado las comparaciones con ‘Succession’, la aclamada serie de HBO. Las similitudes son evidentes: un patriarca que construye un imperio, unos descendientes obligados a convivir bajo su enorme sombra y una sucesión que, lejos de resolver quién manda, abre una nueva competición por el control.
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