Ha sido larga la espera, se ha tardado años en acabar las obras de esta ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao, cuando ha pasado ya más de un siglo desde su fundación. Han sido años esperados por el sector, por la sociedad y, por lo que se puede apreciar al recorrer sus salas, por quienes trabajan dentro de una institución que, para muchos de nosotros, guarda unas colecciones capaces de construir buena parte de la Historia del Arte que se ha contado desde Bilbao. El norte de España recupera su esplendor desde una periferia a la que, a pesar de tener una trayectoria cultural inmejorable incluso desde la Prehistoria, las lecturas centralistas han ensombrecido por décadas. Por fin este museo vuelve a abrir sus puertas con algo más que más metros cuadrados: se abre a su vez a una ambición y capacidad de relación entre sus arquitecturas que le devuelven su lugar cultural en la ciudad.El ‘atrio Arriaga’ se convierte así en un núcleo o distribuidor central, especialmente emocionante al tomar importancia la sonoridad con la que fue concebida la fuente que Durrio dedicó al gran músico vasco, y que ayuda a transitar sus tres grandes núcleos arquitectónicos actuales: El edificio histórico, la ampliación de 1970 y la nueva intervención. Estos se articulan ahora a través de un recorrido que encuentra en el atrio su verdadera bisagra. Y ese espacio, concebido como plaza pública del museo, amplifica su sonido, que acompaña como nexo o como música de fondo –a través de un gran óculo en la nueva intervención– recordando que el museo es fiel a su partitura desde su fundación en 1908.Pasar inadvertidaLa arquitectura, diseñada por Norman Foster y Luis María Uriarte, consigue hacer algo muy importante en estos días: pasar inadvertida como nuevo elemento una vez uno transita las salas. Como viene siendo habitual en toda nueva restauración museística, aporta, eso sí, una terraza que abre el interior del museo hacia la ciudad. Hasta 6.000 metros cuadrados que permiten reorganizar mejor las casi 18.000 obras que forman la colección de la institución. La realidad del museo, más allá de la inversión arquitectónica y ampliación de fondos, es que Miguel Zugaza ha conseguido que la reapertura no se limite a estrenar un espacio, sino que permite que se puedan establecer nuevas lecturas de la colección y nuevas formas de relacionarse con ella. El gran acierto es no querer innovar o inventar una forma ingeniosa para posicionarse en un lugar estrella de la gestión cultural, sino fusionar formas naturales de lectura desde un museo de Bellas Artes, mezcladas entre sí, por lo que la revisión propuesta es cronológica, centrándose en la magia que el museo posee desde siempre y, en esta ocasión, introduciendo como paréntesis o nota complementaria a la partitura cuestiones que estaban sin cubrir, como la presencia de voces femeninas (son más de cincuenta) que la propia Historia del Arte había dejado fuera.Detalle de los espacios del museo, del atrio a la Sala BBKMuseoa, hasta la nueva lectura de la colección, con obras de Equipo Crónica Agencias La incorporación de una obra de una artista allí donde se detectan lagunas de género no pretende aquí, con gran criterio, borrar la Historia existente o fingir un planteamiento revulsivo, sino hacer algo mucho más respetuoso con la propia figura femenina: hacer visible cómo fue construida la Historia y permitir llegar a entender los mecanismos que determinaron sus ausencias, algo muchísimo más inteligente e importante para tomar conciencia del suceso que el planteamiento unilateral y paternalista de reescribir el pasado a golpe de corrección contemporánea (como se ha llevado a cabo con la descolonización de los museos). Hay que mirar de frente la memoria del museo haciéndola dialogar con el presente. No somos dioses que reconstruyan el pasado, sino que la función del museo debe obligarnos a pensar, a repensar y a reflexionar sobre cómo se construyen las múltiples lecturas que nos han traído hasta hoy. Dentro de la generosidad que el propio Zugaza alaba en esta reapertura, no están solo las donaciones que han ido construyendo este gran legado del Bellas Artes a lo largo de estos años y que ahora se hacen visibles (en especial las donaciones de Plácido Arango en los últimos años), sino que se suman nuevas donaciones, últimísimas, de Norman Foster y Elena Ochoa –tres esculturas monumentales de Anthony Caro y Anselm Kiefer–, y las cesiones de Gego por parte de Patricia Phelps Cisneros; o la importancia que toma la nueva sala BBKmuseoa (ocupada por Caro, Itziar Okariz o Sergio Prego, entre otros), de 1.500 m2, y 14 metros de alto en la que, realmente, hay que destacar la casi mágica entrada de luz natural, que representa probablemente la imagen más rotunda de una intención de futuro.arte_abc_0724Es este un espacio magnífico, generoso, en la ampliación de Foster (donde una planta entera se dedicará al diseño); capaz de acoger obras de gran formato y de permitir que la arquitectura dialogue con ellas, pero quizás engulléndolas; sin imponer un recorrido único y evitando la competición entre conjuntos públicos y privados, pero que se convierte en el espacio evidente en el que ejercer alguna reserva en esta celebración porque quizás la arquitectura tenga tanto peso que la primera lectura de esta sala resulte todavía algo fría por desangelada, o, seamos optimistas, aparentemente en vías de cobrar su propia personalidad.’Visiones de Ultramar. Artistas viajeros en la Colección Patricia Phelps de Cisneros’ Colección Lugar: Museo de Bellas Artes de Bilbao Dirección: Plaza del Museo, 2 Clausura: Hasta el 24 de enero de 2027 Valoración: ****’La búsqueda del comienzo Homenaje a Plácido Arango’ Colección Lugar: Museo de Bellas Artes de Bilbao Dirección: Plaza del Museo, 2 Clausura: Hasta el 1 de septiembre de 2030 Valoración: ****Salas BBKmuseoa Colección Lugar: Museo de Bellas Artes de Bilbao Dirección: Plaza del Museo, 2 Clausura: Hasta febrero de 2027 Valoración: **Porque acostumbrados a la intimidad y hasta cierta complejidad de este museo de Bellas Artes, entrar ahora en este enorme contenedor contemporáneo produce un contraste demasiado abrupto. Las obras parecen todavía necesitar un poco más de tiempo para encontrar su espacio, aunque quizá sea injusto pedirle a una sala recién nacida que tenga inmediatamente la personalidad de un museo centenario. Ha sido larga la espera, se ha tardado años en acabar las obras de esta ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao, cuando ha pasado ya más de un siglo desde su fundación. Han sido años esperados por el sector, por la sociedad y, por lo que se puede apreciar al recorrer sus salas, por quienes trabajan dentro de una institución que, para muchos de nosotros, guarda unas colecciones capaces de construir buena parte de la Historia del Arte que se ha contado desde Bilbao. El norte de España recupera su esplendor desde una periferia a la que, a pesar de tener una trayectoria cultural inmejorable incluso desde la Prehistoria, las lecturas centralistas han ensombrecido por décadas. Por fin este museo vuelve a abrir sus puertas con algo más que más metros cuadrados: se abre a su vez a una ambición y capacidad de relación entre sus arquitecturas que le devuelven su lugar cultural en la ciudad.El ‘atrio Arriaga’ se convierte así en un núcleo o distribuidor central, especialmente emocionante al tomar importancia la sonoridad con la que fue concebida la fuente que Durrio dedicó al gran músico vasco, y que ayuda a transitar sus tres grandes núcleos arquitectónicos actuales: El edificio histórico, la ampliación de 1970 y la nueva intervención. Estos se articulan ahora a través de un recorrido que encuentra en el atrio su verdadera bisagra. Y ese espacio, concebido como plaza pública del museo, amplifica su sonido, que acompaña como nexo o como música de fondo –a través de un gran óculo en la nueva intervención– recordando que el museo es fiel a su partitura desde su fundación en 1908.Pasar inadvertidaLa arquitectura, diseñada por Norman Foster y Luis María Uriarte, consigue hacer algo muy importante en estos días: pasar inadvertida como nuevo elemento una vez uno transita las salas. Como viene siendo habitual en toda nueva restauración museística, aporta, eso sí, una terraza que abre el interior del museo hacia la ciudad. Hasta 6.000 metros cuadrados que permiten reorganizar mejor las casi 18.000 obras que forman la colección de la institución. La realidad del museo, más allá de la inversión arquitectónica y ampliación de fondos, es que Miguel Zugaza ha conseguido que la reapertura no se limite a estrenar un espacio, sino que permite que se puedan establecer nuevas lecturas de la colección y nuevas formas de relacionarse con ella. El gran acierto es no querer innovar o inventar una forma ingeniosa para posicionarse en un lugar estrella de la gestión cultural, sino fusionar formas naturales de lectura desde un museo de Bellas Artes, mezcladas entre sí, por lo que la revisión propuesta es cronológica, centrándose en la magia que el museo posee desde siempre y, en esta ocasión, introduciendo como paréntesis o nota complementaria a la partitura cuestiones que estaban sin cubrir, como la presencia de voces femeninas (son más de cincuenta) que la propia Historia del Arte había dejado fuera.Detalle de los espacios del museo, del atrio a la Sala BBKMuseoa, hasta la nueva lectura de la colección, con obras de Equipo Crónica Agencias La incorporación de una obra de una artista allí donde se detectan lagunas de género no pretende aquí, con gran criterio, borrar la Historia existente o fingir un planteamiento revulsivo, sino hacer algo mucho más respetuoso con la propia figura femenina: hacer visible cómo fue construida la Historia y permitir llegar a entender los mecanismos que determinaron sus ausencias, algo muchísimo más inteligente e importante para tomar conciencia del suceso que el planteamiento unilateral y paternalista de reescribir el pasado a golpe de corrección contemporánea (como se ha llevado a cabo con la descolonización de los museos). Hay que mirar de frente la memoria del museo haciéndola dialogar con el presente. No somos dioses que reconstruyan el pasado, sino que la función del museo debe obligarnos a pensar, a repensar y a reflexionar sobre cómo se construyen las múltiples lecturas que nos han traído hasta hoy. Dentro de la generosidad que el propio Zugaza alaba en esta reapertura, no están solo las donaciones que han ido construyendo este gran legado del Bellas Artes a lo largo de estos años y que ahora se hacen visibles (en especial las donaciones de Plácido Arango en los últimos años), sino que se suman nuevas donaciones, últimísimas, de Norman Foster y Elena Ochoa –tres esculturas monumentales de Anthony Caro y Anselm Kiefer–, y las cesiones de Gego por parte de Patricia Phelps Cisneros; o la importancia que toma la nueva sala BBKmuseoa (ocupada por Caro, Itziar Okariz o Sergio Prego, entre otros), de 1.500 m2, y 14 metros de alto en la que, realmente, hay que destacar la casi mágica entrada de luz natural, que representa probablemente la imagen más rotunda de una intención de futuro.arte_abc_0724Es este un espacio magnífico, generoso, en la ampliación de Foster (donde una planta entera se dedicará al diseño); capaz de acoger obras de gran formato y de permitir que la arquitectura dialogue con ellas, pero quizás engulléndolas; sin imponer un recorrido único y evitando la competición entre conjuntos públicos y privados, pero que se convierte en el espacio evidente en el que ejercer alguna reserva en esta celebración porque quizás la arquitectura tenga tanto peso que la primera lectura de esta sala resulte todavía algo fría por desangelada, o, seamos optimistas, aparentemente en vías de cobrar su propia personalidad.’Visiones de Ultramar. Artistas viajeros en la Colección Patricia Phelps de Cisneros’ Colección Lugar: Museo de Bellas Artes de Bilbao Dirección: Plaza del Museo, 2 Clausura: Hasta el 24 de enero de 2027 Valoración: ****’La búsqueda del comienzo Homenaje a Plácido Arango’ Colección Lugar: Museo de Bellas Artes de Bilbao Dirección: Plaza del Museo, 2 Clausura: Hasta el 1 de septiembre de 2030 Valoración: ****Salas BBKmuseoa Colección Lugar: Museo de Bellas Artes de Bilbao Dirección: Plaza del Museo, 2 Clausura: Hasta febrero de 2027 Valoración: **Porque acostumbrados a la intimidad y hasta cierta complejidad de este museo de Bellas Artes, entrar ahora en este enorme contenedor contemporáneo produce un contraste demasiado abrupto. Las obras parecen todavía necesitar un poco más de tiempo para encontrar su espacio, aunque quizá sea injusto pedirle a una sala recién nacida que tenga inmediatamente la personalidad de un museo centenario.
Han sido años esperados por el sector, por la sociedad … y, por lo que se puede apreciar al recorrer sus salas, por quienes trabajan dentro de una institución que, para muchos de nosotros, guarda unas colecciones capaces de construir buena parte de la Historia del Arte que se ha contado desde Bilbao.
El norte de España recupera su esplendor desde una periferia a la que, a pesar de tener una trayectoria cultural inmejorable incluso desde la Prehistoria, las lecturas centralistas han ensombrecido por décadas. Por fin este museo vuelve a abrir sus puertas con algo más que más metros cuadrados: se abre a su vez a una ambición y capacidad de relación entre sus arquitecturas que le devuelven su lugar cultural en la ciudad.
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Natividad Pulido
El ‘atrio Arriaga’ se convierte así en un núcleo o distribuidor central, especialmente emocionante al tomar importancia la sonoridad con la que fue concebida la fuente que Durrio dedicó al gran músico vasco, y que ayuda a transitar sus tres grandes núcleos arquitectónicos actuales: El edificio histórico, la ampliación de 1970 y la nueva intervención. Estos se articulan ahora a través de un recorrido que encuentra en el atrio su verdadera bisagra. Y ese espacio, concebido como plaza pública del museo, amplifica su sonido, que acompaña como nexo o como música de fondo –a través de un gran óculo en la nueva intervención– recordando que el museo es fiel a su partitura desde su fundación en 1908.
Pasar inadvertida
La arquitectura, diseñada por Norman Foster y Luis María Uriarte, consigue hacer algo muy importante en estos días: pasar inadvertida como nuevo elemento una vez uno transita las salas. Como viene siendo habitual en toda nueva restauración museística, aporta, eso sí, una terraza que abre el interior del museo hacia la ciudad. Hasta 6.000 metros cuadrados que permiten reorganizar mejor las casi 18.000 obras que forman la colección de la institución.
La realidad del museo, más allá de la inversión arquitectónica y ampliación de fondos, es que Miguel Zugaza ha conseguido que la reapertura no se limite a estrenar un espacio, sino que permite que se puedan establecer nuevas lecturas de la colección y nuevas formas de relacionarse con ella. El gran acierto es no querer innovar o inventar una forma ingeniosa para posicionarse en un lugar estrella de la gestión cultural, sino fusionar formas naturales de lectura desde un museo de Bellas Artes, mezcladas entre sí, por lo que la revisión propuesta es cronológica, centrándose en la magia que el museo posee desde siempre y, en esta ocasión, introduciendo como paréntesis o nota complementaria a la partitura cuestiones que estaban sin cubrir, como la presencia de voces femeninas (son más de cincuenta) que la propia Historia del Arte había dejado fuera.
(Agencias)
La incorporación de una obra de una artista allí donde se detectan lagunas de género no pretende aquí, con gran criterio, borrar la Historia existente o fingir un planteamiento revulsivo, sino hacer algo mucho más respetuoso con la propia figura femenina: hacer visible cómo fue construida la Historia y permitir llegar a entender los mecanismos que determinaron sus ausencias, algo muchísimo más inteligente e importante para tomar conciencia del suceso que el planteamiento unilateral y paternalista de reescribir el pasado a golpe de corrección contemporánea (como se ha llevado a cabo con la descolonización de los museos).
Hay que mirar de frente la memoria del museo haciéndola dialogar con el presente. No somos dioses que reconstruyan el pasado, sino que la función del museo debe obligarnos a pensar, a repensar y a reflexionar sobre cómo se construyen las múltiples lecturas que nos han traído hasta hoy.
Dentro de la generosidad que el propio Zugaza alaba en esta reapertura, no están solo las donaciones que han ido construyendo este gran legado del Bellas Artes a lo largo de estos años y que ahora se hacen visibles (en especial las donaciones de Plácido Arango en los últimos años), sino que se suman nuevas donaciones, últimísimas, de Norman Foster y Elena Ochoa –tres esculturas monumentales de Anthony Caro y Anselm Kiefer–, y las cesiones de Gego por parte de Patricia Phelps Cisneros; o la importancia que toma la nueva sala BBKmuseoa (ocupada por Caro, Itziar Okariz o Sergio Prego, entre otros), de 1.500 m2, y 14 metros de alto en la que, realmente, hay que destacar la casi mágica entrada de luz natural, que representa probablemente la imagen más rotunda de una intención de futuro.
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Es este un espacio magnífico, generoso, en la ampliación de Foster (donde una planta entera se dedicará al diseño); capaz de acoger obras de gran formato y de permitir que la arquitectura dialogue con ellas, pero quizás engulléndolas; sin imponer un recorrido único y evitando la competición entre conjuntos públicos y privados, pero que se convierte en el espacio evidente en el que ejercer alguna reserva en esta celebración porque quizás la arquitectura tenga tanto peso que la primera lectura de esta sala resulte todavía algo fría por desangelada, o, seamos optimistas, aparentemente en vías de cobrar su propia personalidad.
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‘Visiones de Ultramar. Artistas viajeros en la Colección Patricia Phelps de Cisneros’

Colección
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Lugar:
Museo de Bellas Artes de Bilbao -
Dirección:
Plaza del Museo, 2 -
Clausura:
Hasta el 24 de enero de 2027 -
Valoración:
****
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‘La búsqueda del comienzo Homenaje a Plácido Arango’

Colección
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Lugar:
Museo de Bellas Artes de Bilbao -
Dirección:
Plaza del Museo, 2 -
Clausura:
Hasta el 1 de septiembre de 2030 -
Valoración:
****
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Salas BBKmuseoa

Colección
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Lugar:
Museo de Bellas Artes de Bilbao -
Dirección:
Plaza del Museo, 2 -
Clausura:
Hasta febrero de 2027 -
Valoración:
**
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Porque acostumbrados a la intimidad y hasta cierta complejidad de este museo de Bellas Artes, entrar ahora en este enorme contenedor contemporáneo produce un contraste demasiado abrupto. Las obras parecen todavía necesitar un poco más de tiempo para encontrar su espacio, aunque quizá sea injusto pedirle a una sala recién nacida que tenga inmediatamente la personalidad de un museo centenario.
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