A eso de la una y cuarto de la madrugada, la voz anuncia: “¡Ya viene! ¡Flash!”. Y los periodistas se dirigen a la carrera hacia la parte trasera de uno de los fondos de la central de la Caja Mágica, donde todos ellos se arremolinan alrededor del chico que sube y sube y sube como la espuma. Efectivamente, Rafael Jódar, ya sin gorra y aún sudoroso, acaba de lograr otro triunfo —29 en los 37 partidos disputados en este año de la eclosión— y confirma de este modo su presencia en los octavos de final del Masters 1000 de Madrid. “Día a día”, repite en las cinco o seis respuestas que da antes de retirarse a sus aposentos porque, como recalca, “ha sido un rival durísimo” y ahora “hay que recuperar bien” para lo que viene. El martes, contra Vit Kopriva, el 66º del mundo.
El madileño, de 19 años, sostiene el pulso al brasileño (7-6(4), 4-6 y 6-1 (tras 2h 06m) y se adentra por primera vez en esta escala de un Masters 1000
A eso de la una y cuarto de la madrugada, la voz anuncia: “¡Ya viene! ¡Flash!”. Y los periodistas se dirigen a la carrera hacia la parte trasera de uno de los fondos de la central de la Caja Mágica, donde todos ellos se arremolinan alrededor del chico que sube y sube y sube como la espuma. Efectivamente, Rafael Jódar, ya sin gorra y aún sudoroso, acaba de lograr otro triunfo —29 en los 37 partidos disputados en este año de la eclosión— y confirma de este modo su presencia en los octavos de final del Masters 1000 de Madrid. “Día a día”, repite en las cinco o seis respuestas que da antes de retirarse a sus aposentos porque, como recalca, “ha sido un rival durísimo” y ahora “hay que recuperar bien” para lo que viene. El martes, contra Vit Kopriva, el 66º del mundo.
Media hora antes de la escena, el brasileño João Fonseca pagaba con su raqueta la frustración, esa impotencia de ver cómo se le va escapando el duelo, y en un santiamén iba deshaciéndose como un hielo expuesto al sol. La primera rotura de la última manga marca el punto de inflexión y decide un episodio (7-6(4), 4-6 y 6-1, tras 2h 06m) en el que más allá de lo tenístico, de los golpes, del factor físico o de las estrategias, prevalece la mente granítica del español. Mejor gestor Jódar de los instantes delicados, del ardor, de saber cuándo, dónde y cómo golpear. El mensaje no va dirigido a un único destinatario, el vencido, sino a toda una generación: ese es su ritmo. Que lo siga quien pueda.
“El año pasado estaba el 900 del mundo, ¿eh?”, recuerda el capitán de la Copa Davis, David Ferrer, en una entrevista emitida por el canal oficial del torneo; “normalmente, pasas del mil al quinientos, del quinientos al doscientos y del doscientos te metes ya en el top-100… ¡Pero no pasas del 900 al 40! Tiene condiciones para ser top-10 durante muchos años”. No parece entender el madrileño de cifras o fronteras, sino que sencillamente compite y sigue sacándole provecho a este momento de ebullición que no solo le ha aupado al puesto 34 del ranking, sino que ha llamado la atención de todo el entorno tenístico. Si la ronda anterior era el número uno quien le espiaba en vivo, esta vez, cuenta Javier, uno de los conductores que trae y lleva a los jugadores, que Lorenzo Musetti ha vuelto del hotel para tomar igualmente nota.
Sin duda, conviene seguirle. Al margen del liderazgo actual de Sinner y la muñeca que mantiene en vilo a todo el mundo de Carlos Alcaraz, no hay nombre que resuene hoy con más fuerza que el de Jódar, un tallo con ligeros rastros de acné y armazón anchote, similar al que en su día tenía el recién iniciado Zverev. “Ha sido complicado”, introduce su rival. “Me había centrado en el plano mental, porque sabía que los dos llegábamos al partido con tensión, pero lamentablemente no he sabido gestionarlo bien durante el tercer set”, agrega el brasileño, un pegador que apunta buenas maneras pero que de golpe y porrazo, ve cómo un tirillas de su quinta no está demasiado lejos de adelantarle por la derecha y sin previo aviso, porque llegó sin hacer ruido y no parece que el español vaya a detenerse aquí.
“El tiempo dirá si es o no una rivalidad”, contesta el protagonista cuando se le recuerda que ambos nacieron en 2006, cuando ya moría lo analógico, y que precisamente él, Fonseca (Montecarlo) y su paisano Martín Tintín Landaluce (Miami) son los únicos representantes de esa hornada que han alcanzado los octavos de un mil. “Sabía que tenía que jugar mi juego en el tercer set, y ha salido todo rodado”, aprecia Jódar, un treintañero disfrazado con el cuerpo de un juvenil, pero que despide la pelota de maravilla, siempre con intención, buscando constantemente hacer daño e inteligente. Duro, también. La fatiga ha ido concentrándose en la pantorrilla de la pierna izquierda, pero resiste, que a esto se juega con la raqueta pero tanto o más con el corazón.
Frente a la ofensiva racheada del carioca, hasta hoy más efectista que efectivo, un despliegue más compacto, fiable y sostenido por su parte. Magnífica la determinación durante el desempate del primer parcial y demoledor ese arreón final que ha precipitado la descomposición de Fonseca, roto anímicamente pese al ánimo constante de los suyos, más o menos medio centenar ruidoso. Un tren viaja a toda velocidad y los más jóvenes talentos no quieren perderlo. Deberá aprender. “Mi actitud en la pista tiene que ser mejor”. “Él jugó menos nervioso”. “Y tiene todas las cualidades para convertirse en un tenista extraordinario”, apunta el de Río. Como sucediera el viernes contra el octavo del mundo, Alex de Miñaur, el incandescente Jódar parecía de nuevo el veterano.
Joao Fonseca
vs
Rafael Jódar
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