Es posible que el gran éxito de Sonsoles Ónega no sea la novela que le valió el Planeta ni el programa que se mantiene líder de audiencia en Antena 3. Su verdadero triunfo personal ha sido tomar consciencia de la fuerza de la naturaleza que habita en su interior, alimentarla y dominarla con una inquebrantable disciplina para escribir la obra que ganaría ese premio literario y presentar ese magacín diario. Está encantada con la serie que adapta su obra: «Los actores están maravillosos y la producción tiene una factura impecable. Los decorados, el vestuario, la fotografía… Todo. Pero no la disfruto como una espectadora más, no puedo evitar la curiosidad de ver cómo queda un diálogo que me gusta o un momento por el que tengo debilidad. Pero asumo que una serie tiene códigos distintos a una novela». Y advierte a su legión de lectores: «El final es distinto, tiene una sorpresa, algo que a mí no se me había ocurrido».Por si fuera poco, acaba de publicar ‘Llevará tu nombre’, la historia de Mada Riva, cuyo destino trágico marcado por el amor, la injusticia y un feminismo con memoria histórica, rinde homenaje a Santa Vicenta María.Para que le cunda el día, Sonsoles madruga, y a las siete de la mañana sale a pasear con sus perros: «Me encanta ver el amanecer mientras camino oliendo la tierra, la hierba, los olores de la vida, que son maravillosos. Y si ha llovido o están en marcha los aspersores del parque, mejor, porque el olor cambia, es más fresco, más intenso. Esos pequeños momentos me hacen conectar con el mundo». Luego se encierra a documentarse y a escribir. Se enfrenta al descanso también con organización: «Hago una escaleta del día, que suele ser un domingo, y de las horas, un tiempo que normalmente uso para vaguear , leer… Me sirve para rebajar mi carácter obsesivo». Esa entrega total la ha acompañado desde que pisó una redacción: «Es que ni siquiera miraba el reloj y me pasaba el día pegada a a la actualidad. Esa obsesión, por mucho que sirva a una periodista en su trabajo, no deja de ser un defecto».Sonsoles siempre encuentra tiempo para sus hijos: «Toda mi vida he defendido que la mujer no debe renunciar a su carrera. Cuando los niños son pequeños, los cuidados son más mecánicos, como darles pecho, cambiarles pañales, esas cosas. Pero cuando se acercan a la adolescencia, tienes que estar pendiente de ellos porque es un momento determinante en el que se forjan las personalidades y toman decisiones que marcarán su vida. Debes ayudarles a tener las herramientas para construir sus carreras. Quiero que entiendan que deben ser útiles para la sociedad , aunque lo que más valoro es que sean buenas personas. Es lo verdaderamente importante, lo que me hace sentirme orgullosa de ellos».Su discreta relaciónAunque parezca increíble, también encuentra un hueco para el amor: «Soy una romántica realista, lo que me permite sentirme razonablemente feliz en estos momentos. Estoy convencida de que el amor nos mueve. No es que enamorarse despierte mariposas en el estómago, eso solo pasa en las películas, pero esa ilusión alimenta una fuerza interior». Mantiene una relación con Juan Montes , un directivo de la banca de inversión que no tiene tiempo para ver televisión: «Nos presentaron en una fiesta, él no tenía ni idea de quién era yo, así que la conexión se hizo sin ideas preconcebidas, sin prejuicios, solo con una atracción mutua. Partimos de cero, lo cual es una ventaja porque es divertido comenzar una relación sin saber nada el uno del otro. Fuimos despacio, descubriéndonos poco a poco, aunque reconozco que me ha resultado fácil. Juan no es un hombre impostado, es lo que ves, transparente, honesto, disfrutón».Cuando cuenta esta historia de amor entre una mujer famosa y un hombre ajeno al mundo mediático, uno no puede evitar el recuerdo de la imagen de Julia Roberts declarándose a Hugh Grant en ‘Notting Hill’: «Solo soy una chica diciéndole a un chico que lo quiere». Sonsoles no puede evitar la risa: «No, para nada, no me he sentido como ella. Todo ha sido más sencillo y real ». Pero hay algo en lo que coinciden realidad y ficción: no hay de fondo una fascinación por el personaje sino por la persona. Y eso, para quien pueda sospechar de los intereses que mueven a quien se le acerca, resulta reconfortante. Incluso liberador.Sonsoles Ónega, de niña. CedidaMuy personalEl emoji que más usa : «El corazón rosa, pero sobre todo la mariposa azul. Las mariposas solo aparecen donde el aire es bueno y limpio, así que es una forma de señalar el buen rollo. Ah, últimamente también su uso el de las manos que piden por favor, para que me perdonen».Se haría un selfi con : «Con mi padre. Por lo que ha significado en mi vida».Un sacrificio por la fama : «No pasear en bikini por la playa».Un momento ‘Tierra, trágame’ : «No suelo reconocer a quien debiera, como un jefe, porque soy muy despistada».Un lugar para perderse : «En cualquier rincón de Galicia».Algo que no puede faltar en su día a día : «Mi ritual incluía escuchar a Alsina, ahora no siempre llego. El café, pasear y ponerme al día. He descubierto el periódico hablado y lo escucho mientras hago otras cosas».Su primer beso : «Tenía muchas ganas de probar, así que me dije ‘¡Por fin!’ cuando Jorge, un compañero de colegio, me besó. A pesar de haber imaginado mucho cómo sería, cumplió las expectativas».Un propósito que nunca cumple : «Hacer más ejercicio físico. Por lo demás, soy muy cumplidora cuando me pongo un propósito».Tiene miedo a : «A la enfermedad, al dolor. Pero, sobre todo, cuando todo ello lleva a la conciencia de la muerte.Dentro de diez años se ve : «Si pierdo la ilusión, dejaría la tele y me dedicaría a escribir. La suerte es que la literatura premia la experiencia y penaliza la juventud. Pero espero seguir compaginando ambas pasiones».La pequeña Sonsoles : «Creo que ya entonces mostraba el carácter y los rasgos de la mujer que soy ahora: inquieta, curiosa, impaciente, disciplinada. Eso sí, algunos rasgos los he perfeccionado. Era muy sociable, conservo a mi mejor amiga de la infancia. Aunque no era problemática, en el colegio me expulsaron una vez por vandalismo. Pero yo era de encerrarme en mi mundo a escribir. No puedo hablar de mi infancia sin recordar a mi padre. Era una figura de reflexión, de creación, también nos las inculcó. Recuerdo que, antes de acostarnos, nos declamaba su artículo para la radio, así comprobaba cómo sonaba. Tras su separación no estaba conmigo, pero verle en televisión me permitió recuperarlo. Me gustaba escribirle, que me escribiera, porque esas lecturas me vinculaban a mi propia vida». Es posible que el gran éxito de Sonsoles Ónega no sea la novela que le valió el Planeta ni el programa que se mantiene líder de audiencia en Antena 3. Su verdadero triunfo personal ha sido tomar consciencia de la fuerza de la naturaleza que habita en su interior, alimentarla y dominarla con una inquebrantable disciplina para escribir la obra que ganaría ese premio literario y presentar ese magacín diario. Está encantada con la serie que adapta su obra: «Los actores están maravillosos y la producción tiene una factura impecable. Los decorados, el vestuario, la fotografía… Todo. Pero no la disfruto como una espectadora más, no puedo evitar la curiosidad de ver cómo queda un diálogo que me gusta o un momento por el que tengo debilidad. Pero asumo que una serie tiene códigos distintos a una novela». Y advierte a su legión de lectores: «El final es distinto, tiene una sorpresa, algo que a mí no se me había ocurrido».Por si fuera poco, acaba de publicar ‘Llevará tu nombre’, la historia de Mada Riva, cuyo destino trágico marcado por el amor, la injusticia y un feminismo con memoria histórica, rinde homenaje a Santa Vicenta María.Para que le cunda el día, Sonsoles madruga, y a las siete de la mañana sale a pasear con sus perros: «Me encanta ver el amanecer mientras camino oliendo la tierra, la hierba, los olores de la vida, que son maravillosos. Y si ha llovido o están en marcha los aspersores del parque, mejor, porque el olor cambia, es más fresco, más intenso. Esos pequeños momentos me hacen conectar con el mundo». Luego se encierra a documentarse y a escribir. Se enfrenta al descanso también con organización: «Hago una escaleta del día, que suele ser un domingo, y de las horas, un tiempo que normalmente uso para vaguear , leer… Me sirve para rebajar mi carácter obsesivo». Esa entrega total la ha acompañado desde que pisó una redacción: «Es que ni siquiera miraba el reloj y me pasaba el día pegada a a la actualidad. Esa obsesión, por mucho que sirva a una periodista en su trabajo, no deja de ser un defecto».Sonsoles siempre encuentra tiempo para sus hijos: «Toda mi vida he defendido que la mujer no debe renunciar a su carrera. Cuando los niños son pequeños, los cuidados son más mecánicos, como darles pecho, cambiarles pañales, esas cosas. Pero cuando se acercan a la adolescencia, tienes que estar pendiente de ellos porque es un momento determinante en el que se forjan las personalidades y toman decisiones que marcarán su vida. Debes ayudarles a tener las herramientas para construir sus carreras. Quiero que entiendan que deben ser útiles para la sociedad , aunque lo que más valoro es que sean buenas personas. Es lo verdaderamente importante, lo que me hace sentirme orgullosa de ellos».Su discreta relaciónAunque parezca increíble, también encuentra un hueco para el amor: «Soy una romántica realista, lo que me permite sentirme razonablemente feliz en estos momentos. Estoy convencida de que el amor nos mueve. No es que enamorarse despierte mariposas en el estómago, eso solo pasa en las películas, pero esa ilusión alimenta una fuerza interior». Mantiene una relación con Juan Montes , un directivo de la banca de inversión que no tiene tiempo para ver televisión: «Nos presentaron en una fiesta, él no tenía ni idea de quién era yo, así que la conexión se hizo sin ideas preconcebidas, sin prejuicios, solo con una atracción mutua. Partimos de cero, lo cual es una ventaja porque es divertido comenzar una relación sin saber nada el uno del otro. Fuimos despacio, descubriéndonos poco a poco, aunque reconozco que me ha resultado fácil. Juan no es un hombre impostado, es lo que ves, transparente, honesto, disfrutón».Cuando cuenta esta historia de amor entre una mujer famosa y un hombre ajeno al mundo mediático, uno no puede evitar el recuerdo de la imagen de Julia Roberts declarándose a Hugh Grant en ‘Notting Hill’: «Solo soy una chica diciéndole a un chico que lo quiere». Sonsoles no puede evitar la risa: «No, para nada, no me he sentido como ella. Todo ha sido más sencillo y real ». Pero hay algo en lo que coinciden realidad y ficción: no hay de fondo una fascinación por el personaje sino por la persona. Y eso, para quien pueda sospechar de los intereses que mueven a quien se le acerca, resulta reconfortante. Incluso liberador.Sonsoles Ónega, de niña. CedidaMuy personalEl emoji que más usa : «El corazón rosa, pero sobre todo la mariposa azul. Las mariposas solo aparecen donde el aire es bueno y limpio, así que es una forma de señalar el buen rollo. Ah, últimamente también su uso el de las manos que piden por favor, para que me perdonen».Se haría un selfi con : «Con mi padre. Por lo que ha significado en mi vida».Un sacrificio por la fama : «No pasear en bikini por la playa».Un momento ‘Tierra, trágame’ : «No suelo reconocer a quien debiera, como un jefe, porque soy muy despistada».Un lugar para perderse : «En cualquier rincón de Galicia».Algo que no puede faltar en su día a día : «Mi ritual incluía escuchar a Alsina, ahora no siempre llego. El café, pasear y ponerme al día. He descubierto el periódico hablado y lo escucho mientras hago otras cosas».Su primer beso : «Tenía muchas ganas de probar, así que me dije ‘¡Por fin!’ cuando Jorge, un compañero de colegio, me besó. A pesar de haber imaginado mucho cómo sería, cumplió las expectativas».Un propósito que nunca cumple : «Hacer más ejercicio físico. Por lo demás, soy muy cumplidora cuando me pongo un propósito».Tiene miedo a : «A la enfermedad, al dolor. Pero, sobre todo, cuando todo ello lleva a la conciencia de la muerte.Dentro de diez años se ve : «Si pierdo la ilusión, dejaría la tele y me dedicaría a escribir. La suerte es que la literatura premia la experiencia y penaliza la juventud. Pero espero seguir compaginando ambas pasiones».La pequeña Sonsoles : «Creo que ya entonces mostraba el carácter y los rasgos de la mujer que soy ahora: inquieta, curiosa, impaciente, disciplinada. Eso sí, algunos rasgos los he perfeccionado. Era muy sociable, conservo a mi mejor amiga de la infancia. Aunque no era problemática, en el colegio me expulsaron una vez por vandalismo. Pero yo era de encerrarme en mi mundo a escribir. No puedo hablar de mi infancia sin recordar a mi padre. Era una figura de reflexión, de creación, también nos las inculcó. Recuerdo que, antes de acostarnos, nos declamaba su artículo para la radio, así comprobaba cómo sonaba. Tras su separación no estaba conmigo, pero verle en televisión me permitió recuperarlo. Me gustaba escribirle, que me escribiera, porque esas lecturas me vinculaban a mi propia vida».
Es posible que el gran éxito de Sonsoles Ónega no sea la novela que le valió el Planeta ni el programa que se mantiene líder de audiencia en Antena 3. Su verdadero triunfo personal ha sido tomar consciencia de la fuerza de la naturaleza … que habita en su interior, alimentarla y dominarla con una inquebrantable disciplina para escribir la obra que ganaría ese premio literario y presentar ese magacín diario. Está encantada con la serie que adapta su obra: «Los actores están maravillosos y la producción tiene una factura impecable. Los decorados, el vestuario, la fotografía… Todo. Pero no la disfruto como una espectadora más, no puedo evitar la curiosidad de ver cómo queda un diálogo que me gusta o un momento por el que tengo debilidad. Pero asumo que una serie tiene códigos distintos a una novela». Y advierte a su legión de lectores: «El final es distinto, tiene una sorpresa, algo que a mí no se me había ocurrido».
Por si fuera poco, acaba de publicar ‘Llevará tu nombre’, la historia de Mada Riva, cuyo destino trágico marcado por el amor, la injusticia y un feminismo con memoria histórica, rinde homenaje a Santa Vicenta María.
Para que le cunda el día, Sonsoles madruga, y a las siete de la mañana sale a pasear con sus perros: «Me encanta ver el amanecer mientras camino oliendo la tierra, la hierba, los olores de la vida, que son maravillosos. Y si ha llovido o están en marcha los aspersores del parque, mejor, porque el olor cambia, es más fresco, más intenso. Esos pequeños momentos me hacen conectar con el mundo». Luego se encierra a documentarse y a escribir. Se enfrenta al descanso también con organización: «Hago una escaleta del día, que suele ser un domingo, y de las horas, un tiempo que normalmente uso para vaguear, leer… Me sirve para rebajar mi carácter obsesivo». Esa entrega total la ha acompañado desde que pisó una redacción: «Es que ni siquiera miraba el reloj y me pasaba el día pegada a a la actualidad. Esa obsesión, por mucho que sirva a una periodista en su trabajo, no deja de ser un defecto».
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Sonsoles siempre encuentra tiempo para sus hijos: «Toda mi vida he defendido que la mujer no debe renunciar a su carrera. Cuando los niños son pequeños, los cuidados son más mecánicos, como darles pecho, cambiarles pañales, esas cosas. Pero cuando se acercan a la adolescencia, tienes que estar pendiente de ellos porque es un momento determinante en el que se forjan las personalidades y toman decisiones que marcarán su vida. Debes ayudarles a tener las herramientas para construir sus carreras. Quiero que entiendan que deben ser útiles para la sociedad, aunque lo que más valoro es que sean buenas personas. Es lo verdaderamente importante, lo que me hace sentirme orgullosa de ellos».
Su discreta relación
Aunque parezca increíble, también encuentra un hueco para el amor: «Soy una romántica realista, lo que me permite sentirme razonablemente feliz en estos momentos. Estoy convencida de que el amor nos mueve. No es que enamorarse despierte mariposas en el estómago, eso solo pasa en las películas, pero esa ilusión alimenta una fuerza interior». Mantiene una relación con Juan Montes, un directivo de la banca de inversión que no tiene tiempo para ver televisión: «Nos presentaron en una fiesta, él no tenía ni idea de quién era yo, así que la conexión se hizo sin ideas preconcebidas, sin prejuicios, solo con una atracción mutua. Partimos de cero, lo cual es una ventaja porque es divertido comenzar una relación sin saber nada el uno del otro. Fuimos despacio, descubriéndonos poco a poco, aunque reconozco que me ha resultado fácil. Juan no es un hombre impostado, es lo que ves, transparente, honesto, disfrutón».
Cuando cuenta esta historia de amor entre una mujer famosa y un hombre ajeno al mundo mediático, uno no puede evitar el recuerdo de la imagen de Julia Roberts declarándose a Hugh Grant en ‘Notting Hill’: «Solo soy una chica diciéndole a un chico que lo quiere». Sonsoles no puede evitar la risa: «No, para nada, no me he sentido como ella. Todo ha sido más sencillo y real». Pero hay algo en lo que coinciden realidad y ficción: no hay de fondo una fascinación por el personaje sino por la persona. Y eso, para quien pueda sospechar de los intereses que mueven a quien se le acerca, resulta reconfortante. Incluso liberador.

(Cedida)
Muy personal
El emoji que más usa: «El corazón rosa, pero sobre todo la mariposa azul. Las mariposas solo aparecen donde el aire es bueno y limpio, así que es una forma de señalar el buen rollo. Ah, últimamente también su uso el de las manos que piden por favor, para que me perdonen».
Se haría un selfi con: «Con mi padre. Por lo que ha significado en mi vida».
Un sacrificio por la fama: «No pasear en bikini por la playa».
Un momento ‘Tierra, trágame’: «No suelo reconocer a quien debiera, como un jefe, porque soy muy despistada».
Un lugar para perderse: «En cualquier rincón de Galicia».
Algo que no puede faltar en su día a día: «Mi ritual incluía escuchar a Alsina, ahora no siempre llego. El café, pasear y ponerme al día. He descubierto el periódico hablado y lo escucho mientras hago otras cosas».
Su primer beso: «Tenía muchas ganas de probar, así que me dije ‘¡Por fin!’ cuando Jorge, un compañero de colegio, me besó. A pesar de haber imaginado mucho cómo sería, cumplió las expectativas».
Un propósito que nunca cumple: «Hacer más ejercicio físico. Por lo demás, soy muy cumplidora cuando me pongo un propósito».
Tiene miedo a: «A la enfermedad, al dolor. Pero, sobre todo, cuando todo ello lleva a la conciencia de la muerte.
Dentro de diez años se ve: «Si pierdo la ilusión, dejaría la tele y me dedicaría a escribir. La suerte es que la literatura premia la experiencia y penaliza la juventud. Pero espero seguir compaginando ambas pasiones».
La pequeña Sonsoles: «Creo que ya entonces mostraba el carácter y los rasgos de la mujer que soy ahora: inquieta, curiosa, impaciente, disciplinada. Eso sí, algunos rasgos los he perfeccionado. Era muy sociable, conservo a mi mejor amiga de la infancia. Aunque no era problemática, en el colegio me expulsaron una vez por vandalismo. Pero yo era de encerrarme en mi mundo a escribir. No puedo hablar de mi infancia sin recordar a mi padre. Era una figura de reflexión, de creación, también nos las inculcó. Recuerdo que, antes de acostarnos, nos declamaba su artículo para la radio, así comprobaba cómo sonaba. Tras su separación no estaba conmigo, pero verle en televisión me permitió recuperarlo. Me gustaba escribirle, que me escribiera, porque esas lecturas me vinculaban a mi propia vida».
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