Cuando Isabel Allende publicó ‘La casa de los espíritus’ fue acusada en su familia de alta traición. Su primer libro orbitaba alrededor de la historia de su estirpe, que ella interpretó libremente. «No hay nadie con su propio nombre. Los exageré y los moví como quise, pero la mitad se ofendió igual. Me dejaron de hablar hasta que hicieron la película», recuerda entre risas. Fue en 1993 y, a partir de entonces, los retratos de Meryl Streep y Jeremy Irons reemplazaron a los de sus abuelos -su inspiración para crear a Esteban Trueba y Clara del Valle- en la repisa de la chimenea.Décadas después, aquella historia vuelve a reencarnarse entre las páginas de papel, donde nacieron, y la pantalla, que propulsó la expansión de su universo. En ‘La palabra escrita’ (Plaza & Janés), Allende mezcla memorias con un taller narrativo y desvela los entresijos de su concepción, mientras la primera adaptación en español de la icónica novela se estrena el próximo 29 de abril en Prime Video .Entre una y otra, la autora chilena sigue dialogando con sus fantasmas. No en vano, en su último libro confiesa que, cuando escribe, se convierte en médium , que sus historias y personajes existen en otro mundo y ella solo los invoca. Es un proceso tan íntimamente ligado a ella que cuenta que no tiene miedo a morir ni al dolor, solo a no poder escribir : «Voy a cumplir 84 años, ¿cuánto tiempo más voy a tener la capacidad de atención, la memoria, la energía para estar muchas horas enfocada en lo mismo? No sé. Por eso tengo una especie de urgencia de contar ahora mientras puedo, porque sé que esto va a ir decayendo. Se va perdiendo todo con la edad y yo quisiera morirme con la escritura, no que se me muera ella primero y después quedarme flotando en la nada».Noticia relacionada No No Isabel Allende: «Ya llegué al tope de donde se puede llegar y ahora me retiro. Solo quiero escribir» Celia Fraile GilPor eso vive en una especie de estado de alerta permanente. «Se te olvidan las llaves del auto y, cuando cumples los 80, dices: ‘Estoy perdiendo la cabeza’. Se te olvidaron a los 20 años también, pero a los 20 años no te importa», reflexiona.La autora chilena afirma que, ahora en la vejez, han vuelto con fuerza los recuerdos de su infancia . «La mayor parte de las cosas me dan una vergüenza tremenda. Me encojo. Digo: ‘¡Cómo puedo haber sido tan ignorante, tan impulsiva, tan indiscreta! Pero yo tengo una ventaja inmensa respecto a la memoria y es que compartí con mi madre una vida entera de cartas y desde 1987 las tengo ordenadas en cajas por fecha. Si tú me preguntas qué pasó el 4 de julio de 1990, voy a la caja, saco el día y te lo puedo decir. La memoria lo transforma todo, es como la imaginación. Tú le das la vuelta y al cabo de un tiempo lo que recuerdas no pasó así o no pasó, o pasó y no lo recuerdas; estas cartas son mi memoria viva».»Soñé que Antonio Banderas estaba desnudo y lo colocaba en una tortilla mexicana, lo enrollaba y me lo comía»Uno de los recuerdos que registra en ‘La palabra mágica’ es el de leer ‘Las mil y una noches’ en Beirut encerrada en el armario de su tío Ramón porque era un libro prohibido. Quedó hechizada por Sherezade y cree que su escritura tiende a ser sensual por ella, aunque ha tenido pocos sueños eróticos en su vida. Uno de ellos fue con Antonio Banderas . «Yo era joven, mucho más joven, y Antonio también. Soñé que estaba desnudo y lo colocaba en una tortilla mexicana, le echaba guacamole y salsa, lo enrollaba y me lo comía», rememora divertida.Banderas fue el único personaje hispano de la primera adaptación cinematográfica de ‘La casa de los espíritus’. «Se filmó toda en Europa y no tenía mucho sabor latinoamericano, aunque era una muy buena película», apunta. Por eso ve relevante que ésta sea una producción chilena con directores chilenos con un elenco totalmente hispano y en castellano . «Ahora la gente ya está acostumbrada a leer subtítulos y se puede ver lo que sea en cualquier idioma, no importa. Pero antes no se podía». Que esta nueva adaptación nazca desde Chile no es un detalle menor. La historia que Allende escribió, atravesada por el patriarcado, la violencia y las pasiones de un país latinoamericano que nunca se nombra pero siempre es reconocible, llega hasta el presente. «El mundo está pasando por una oleada de vuelta a la ultraderecha, al machismo, al autoritarismo… A todas las cosas que creíamos superadas», señala. Una deriva que observa con especial preocupación desde Estados Unidos -«no leo las noticias en la mañana, porque me arruinan el día y no puedo escribir»- y que también detecta en Chile. «Ahora hay mucha expectativa a favor y en contra de lo que está pasando con Kast, porque es un admirador de Trump y está siguiendo muchas de las cosas que está haciendo. Pero es un tipo muchísimo más decente, más inteligente, más cuerdo. Así que espero que las cosas no sean tan dramáticas como son aquí, en Estados Unidos».Y, sin embargo, Allende rehúye el fatalismo. Habla desde la experiencia de quien ha hecho de la historia su materia prima: «Las cosas no se repiten iguales, pero hay tendencias que forman parte del carácter de la humanidad… Podemos esperar que se repitan, pero también que pasen ». Por eso, incluso ante la incertidumbre, se aferra a una certeza: «Si Chile pudo cerrar una dictadura de 17 años sin derramamiento de sangre y volver a la democracia sin una revolución, las cosas son posibles». Cuando Isabel Allende publicó ‘La casa de los espíritus’ fue acusada en su familia de alta traición. Su primer libro orbitaba alrededor de la historia de su estirpe, que ella interpretó libremente. «No hay nadie con su propio nombre. Los exageré y los moví como quise, pero la mitad se ofendió igual. Me dejaron de hablar hasta que hicieron la película», recuerda entre risas. Fue en 1993 y, a partir de entonces, los retratos de Meryl Streep y Jeremy Irons reemplazaron a los de sus abuelos -su inspiración para crear a Esteban Trueba y Clara del Valle- en la repisa de la chimenea.Décadas después, aquella historia vuelve a reencarnarse entre las páginas de papel, donde nacieron, y la pantalla, que propulsó la expansión de su universo. En ‘La palabra escrita’ (Plaza & Janés), Allende mezcla memorias con un taller narrativo y desvela los entresijos de su concepción, mientras la primera adaptación en español de la icónica novela se estrena el próximo 29 de abril en Prime Video .Entre una y otra, la autora chilena sigue dialogando con sus fantasmas. No en vano, en su último libro confiesa que, cuando escribe, se convierte en médium , que sus historias y personajes existen en otro mundo y ella solo los invoca. Es un proceso tan íntimamente ligado a ella que cuenta que no tiene miedo a morir ni al dolor, solo a no poder escribir : «Voy a cumplir 84 años, ¿cuánto tiempo más voy a tener la capacidad de atención, la memoria, la energía para estar muchas horas enfocada en lo mismo? No sé. Por eso tengo una especie de urgencia de contar ahora mientras puedo, porque sé que esto va a ir decayendo. Se va perdiendo todo con la edad y yo quisiera morirme con la escritura, no que se me muera ella primero y después quedarme flotando en la nada».Noticia relacionada No No Isabel Allende: «Ya llegué al tope de donde se puede llegar y ahora me retiro. Solo quiero escribir» Celia Fraile GilPor eso vive en una especie de estado de alerta permanente. «Se te olvidan las llaves del auto y, cuando cumples los 80, dices: ‘Estoy perdiendo la cabeza’. Se te olvidaron a los 20 años también, pero a los 20 años no te importa», reflexiona.La autora chilena afirma que, ahora en la vejez, han vuelto con fuerza los recuerdos de su infancia . «La mayor parte de las cosas me dan una vergüenza tremenda. Me encojo. Digo: ‘¡Cómo puedo haber sido tan ignorante, tan impulsiva, tan indiscreta! Pero yo tengo una ventaja inmensa respecto a la memoria y es que compartí con mi madre una vida entera de cartas y desde 1987 las tengo ordenadas en cajas por fecha. Si tú me preguntas qué pasó el 4 de julio de 1990, voy a la caja, saco el día y te lo puedo decir. La memoria lo transforma todo, es como la imaginación. Tú le das la vuelta y al cabo de un tiempo lo que recuerdas no pasó así o no pasó, o pasó y no lo recuerdas; estas cartas son mi memoria viva».»Soñé que Antonio Banderas estaba desnudo y lo colocaba en una tortilla mexicana, lo enrollaba y me lo comía»Uno de los recuerdos que registra en ‘La palabra mágica’ es el de leer ‘Las mil y una noches’ en Beirut encerrada en el armario de su tío Ramón porque era un libro prohibido. Quedó hechizada por Sherezade y cree que su escritura tiende a ser sensual por ella, aunque ha tenido pocos sueños eróticos en su vida. Uno de ellos fue con Antonio Banderas . «Yo era joven, mucho más joven, y Antonio también. Soñé que estaba desnudo y lo colocaba en una tortilla mexicana, le echaba guacamole y salsa, lo enrollaba y me lo comía», rememora divertida.Banderas fue el único personaje hispano de la primera adaptación cinematográfica de ‘La casa de los espíritus’. «Se filmó toda en Europa y no tenía mucho sabor latinoamericano, aunque era una muy buena película», apunta. Por eso ve relevante que ésta sea una producción chilena con directores chilenos con un elenco totalmente hispano y en castellano . «Ahora la gente ya está acostumbrada a leer subtítulos y se puede ver lo que sea en cualquier idioma, no importa. Pero antes no se podía». Que esta nueva adaptación nazca desde Chile no es un detalle menor. La historia que Allende escribió, atravesada por el patriarcado, la violencia y las pasiones de un país latinoamericano que nunca se nombra pero siempre es reconocible, llega hasta el presente. «El mundo está pasando por una oleada de vuelta a la ultraderecha, al machismo, al autoritarismo… A todas las cosas que creíamos superadas», señala. Una deriva que observa con especial preocupación desde Estados Unidos -«no leo las noticias en la mañana, porque me arruinan el día y no puedo escribir»- y que también detecta en Chile. «Ahora hay mucha expectativa a favor y en contra de lo que está pasando con Kast, porque es un admirador de Trump y está siguiendo muchas de las cosas que está haciendo. Pero es un tipo muchísimo más decente, más inteligente, más cuerdo. Así que espero que las cosas no sean tan dramáticas como son aquí, en Estados Unidos».Y, sin embargo, Allende rehúye el fatalismo. Habla desde la experiencia de quien ha hecho de la historia su materia prima: «Las cosas no se repiten iguales, pero hay tendencias que forman parte del carácter de la humanidad… Podemos esperar que se repitan, pero también que pasen ». Por eso, incluso ante la incertidumbre, se aferra a una certeza: «Si Chile pudo cerrar una dictadura de 17 años sin derramamiento de sangre y volver a la democracia sin una revolución, las cosas son posibles».
Cuando Isabel Allende publicó ‘La casa de los espíritus’ fue acusada en su familia de alta traición. Su primer libro orbitaba alrededor de la historia de su estirpe, que ella interpretó libremente. «No hay nadie con su propio nombre. Los exageré y los moví … como quise, pero la mitad se ofendió igual. Me dejaron de hablar hasta que hicieron la película», recuerda entre risas. Fue en 1993 y, a partir de entonces, los retratos de Meryl Streep y Jeremy Irons reemplazaron a los de sus abuelos -su inspiración para crear a Esteban Trueba y Clara del Valle- en la repisa de la chimenea.
Décadas después, aquella historia vuelve a reencarnarse entre las páginas de papel, donde nacieron, y la pantalla, que propulsó la expansión de su universo. En ‘La palabra escrita’ (Plaza & Janés), Allende mezcla memorias con un taller narrativo y desvela los entresijos de su concepción, mientras la primera adaptación en español de la icónica novela se estrena el próximo 29 de abril en Prime Video.
Entre una y otra, la autora chilena sigue dialogando con sus fantasmas. No en vano, en su último libro confiesa que, cuando escribe, se convierte en médium, que sus historias y personajes existen en otro mundo y ella solo los invoca. Es un proceso tan íntimamente ligado a ella que cuenta que no tiene miedo a morir ni al dolor, solo a no poder escribir: «Voy a cumplir 84 años, ¿cuánto tiempo más voy a tener la capacidad de atención, la memoria, la energía para estar muchas horas enfocada en lo mismo? No sé. Por eso tengo una especie de urgencia de contar ahora mientras puedo, porque sé que esto va a ir decayendo. Se va perdiendo todo con la edad y yo quisiera morirme con la escritura, no que se me muera ella primero y después quedarme flotando en la nada».
Por eso vive en una especie de estado de alerta permanente. «Se te olvidan las llaves del auto y, cuando cumples los 80, dices: ‘Estoy perdiendo la cabeza’. Se te olvidaron a los 20 años también, pero a los 20 años no te importa», reflexiona.
La autora chilena afirma que, ahora en la vejez, han vuelto con fuerza los recuerdos de su infancia. «La mayor parte de las cosas me dan una vergüenza tremenda. Me encojo. Digo: ‘¡Cómo puedo haber sido tan ignorante, tan impulsiva, tan indiscreta! Pero yo tengo una ventaja inmensa respecto a la memoria y es que compartí con mi madre una vida entera de cartas y desde 1987 las tengo ordenadas en cajas por fecha. Si tú me preguntas qué pasó el 4 de julio de 1990, voy a la caja, saco el día y te lo puedo decir. La memoria lo transforma todo, es como la imaginación. Tú le das la vuelta y al cabo de un tiempo lo que recuerdas no pasó así o no pasó, o pasó y no lo recuerdas; estas cartas son mi memoria viva».
«Soñé que Antonio Banderas estaba desnudo y lo colocaba en una tortilla mexicana, lo enrollaba y me lo comía»
Uno de los recuerdos que registra en ‘La palabra mágica’ es el de leer ‘Las mil y una noches’ en Beirut encerrada en el armario de su tío Ramón porque era un libro prohibido. Quedó hechizada por Sherezade y cree que su escritura tiende a ser sensual por ella, aunque ha tenido pocos sueños eróticos en su vida. Uno de ellos fue con Antonio Banderas. «Yo era joven, mucho más joven, y Antonio también. Soñé que estaba desnudo y lo colocaba en una tortilla mexicana, le echaba guacamole y salsa, lo enrollaba y me lo comía», rememora divertida.
Banderas fue el único personaje hispano de la primera adaptación cinematográfica de ‘La casa de los espíritus’. «Se filmó toda en Europa y no tenía mucho sabor latinoamericano, aunque era una muy buena película», apunta. Por eso ve relevante que ésta sea una producción chilena con directores chilenos con un elenco totalmente hispano y en castellano. «Ahora la gente ya está acostumbrada a leer subtítulos y se puede ver lo que sea en cualquier idioma, no importa. Pero antes no se podía».
Que esta nueva adaptación nazca desde Chile no es un detalle menor. La historia que Allende escribió, atravesada por el patriarcado, la violencia y las pasiones de un país latinoamericano que nunca se nombra pero siempre es reconocible, llega hasta el presente. «El mundo está pasando por una oleada de vuelta a la ultraderecha, al machismo, al autoritarismo… A todas las cosas que creíamos superadas», señala.
Una deriva que observa con especial preocupación desde Estados Unidos -«no leo las noticias en la mañana, porque me arruinan el día y no puedo escribir»- y que también detecta en Chile. «Ahora hay mucha expectativa a favor y en contra de lo que está pasando con Kast, porque es un admirador de Trump y está siguiendo muchas de las cosas que está haciendo. Pero es un tipo muchísimo más decente, más inteligente, más cuerdo. Así que espero que las cosas no sean tan dramáticas como son aquí, en Estados Unidos».
Y, sin embargo, Allende rehúye el fatalismo. Habla desde la experiencia de quien ha hecho de la historia su materia prima: «Las cosas no se repiten iguales, pero hay tendencias que forman parte del carácter de la humanidad… Podemos esperar que se repitan, pero también que pasen». Por eso, incluso ante la incertidumbre, se aferra a una certeza: «Si Chile pudo cerrar una dictadura de 17 años sin derramamiento de sangre y volver a la democracia sin una revolución, las cosas son posibles».
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