Hacía surcos con el hocico Buenacara, un gran toro de José Escolar, el de más clase y entrega del cuatreño y serio conjunto. Y otra vez, como aquella tarde de hace tres años con Cartelero, el mejor cárdeno se topó con Gómez del Pilar, muy importante con el toro. Humilló con bravura este 45, pero no era sencillo cogerle el ritmo. El madrileño, que cuidó a su lote en varas, fue amasando aquella embestida en una faena a más que se vio incordiada por las molestas rachas de viento. Fue casi mediada la labor cuando brotó lo más intenso, con temple y enorme mérito. Aunque el derecho viajaba con más largura, hubo unos zurdazos fantásticos, buscando la colocación, enfrontilado, de uno en uno. Cuando regresó a la mano de la cuchara lo hizo sin ayuda para dibujar muletazos al natural. En el arca de Noé, nombre del torero, se hacía hueco ya para la oreja que se había ganado, pero se entretuvo en una serie última, con el aviso en lo alto. La media estocada no fue suficiente y al personal le mosqueó mucho la rueda de peones. El segundo aviso y el descabello enfriaron más la plaza, aunque Gómez del Pilar mereció al menos recorrer el anillo. Con unos rácanos saludos tuvo que conformarse. Si el sexto fue el toro de la corrida, el que volvía a unir los apellidos de Gómez y Escolar, el anterior fue de altísima tensión. Traía Minutero dos agujas capaces de coser la muerte con un hilo invisible por el que se colaba constantemente el ¡ay! Qué toro más peligroso, una prenda que sabía latín, griego y árabe. Tremendo el volteretón al subalterno Rubén Sánchez, que sufrió una grave cornada en el hueco poplíteo de dos trayectorias -de 10 y 15 centímetros- y un traumatismo facial, con erosión en la nariz. Con la montera calada planteó la labor su jefe de filas, que hizo un esfuerzo con este cárdeno claro. Fue una actuación de querer mucho, de recursos y toma y daca. Una pelea que puso los tendidos en vilo. Qué polvareda se levantó en los zurdazos, con Minutero revolviéndose. Con resortes antiguos la faena, que contenía premio por su emoción. Pinchó Damián Castaño, que perdió pie en la huida; cojeando se levantó y, tras descabellar, el 7 le pidió con fuerza que diera la vuelta al ruedo. Astifinísimo fue su primero, con dos estiletes de plata antigua y midiendo constantemente al torero. Cómo pesaba estar delante de aquel Chulito I. Feria de San Isidro Monumental de las Ventas Martes, 2 de junio de 2026. 19.553 espectadores. Toros de José Escolar, cuatreños, astifinos, con seriedad y trapío, complicados y correosos en general; destacó la clase entregada del 6º. Pepe Moral, de tirita y oro: estocada trasera tendida (silencio tras aviso), pinchazo, estocada corta delantera y tendida, seis descabellos y se echa (silencio). Damián Castaño, de noche y oro: pinchazo arriba, otro, estocada y descabello (silencio); pinchazo, estocada desprendida y descabello (vuelta al ruedo). Gómez del Pilar, de azul y oro: tres pinchazos arriba y doce descabellos (pitos tras dos avisos); media tendida y descabello (saludos tras dos avisos).No se quedó atrás el complicado y altote tercero. Qué bien lo lidió Gómez del Pilar, con oficio, ganando terreno hasta los medios. Ordenó al picador que levantara pronto la vara y luego lo puso de largo, que era lo que demandaba la afición. Tardó en arrancarse Cobrador, brindado al público. Pidió el matador que se lo cerrasen en el 5. Enseguida lo fichó el escolar, con miraditas que lo radiografiaban. Qué duro estar ahí delante, con un toro con todas las letras. Mucho mérito el de Noé, que luego se toparía con el ejemplar de la corrida. Buenacara se llamaba. No fue la tarde de Pepe Moral: ni con el sosito y bellísimo primero, de cara a media altura, con el que se puso machacón tras encontrar la veta de unos naturales con su aquel, ni con el imponente cuarto, la antítesis de la bravura. Hacía surcos con el hocico Buenacara, un gran toro de José Escolar, el de más clase y entrega del cuatreño y serio conjunto. Y otra vez, como aquella tarde de hace tres años con Cartelero, el mejor cárdeno se topó con Gómez del Pilar, muy importante con el toro. Humilló con bravura este 45, pero no era sencillo cogerle el ritmo. El madrileño, que cuidó a su lote en varas, fue amasando aquella embestida en una faena a más que se vio incordiada por las molestas rachas de viento. Fue casi mediada la labor cuando brotó lo más intenso, con temple y enorme mérito. Aunque el derecho viajaba con más largura, hubo unos zurdazos fantásticos, buscando la colocación, enfrontilado, de uno en uno. Cuando regresó a la mano de la cuchara lo hizo sin ayuda para dibujar muletazos al natural. En el arca de Noé, nombre del torero, se hacía hueco ya para la oreja que se había ganado, pero se entretuvo en una serie última, con el aviso en lo alto. La media estocada no fue suficiente y al personal le mosqueó mucho la rueda de peones. El segundo aviso y el descabello enfriaron más la plaza, aunque Gómez del Pilar mereció al menos recorrer el anillo. Con unos rácanos saludos tuvo que conformarse. Si el sexto fue el toro de la corrida, el que volvía a unir los apellidos de Gómez y Escolar, el anterior fue de altísima tensión. Traía Minutero dos agujas capaces de coser la muerte con un hilo invisible por el que se colaba constantemente el ¡ay! Qué toro más peligroso, una prenda que sabía latín, griego y árabe. Tremendo el volteretón al subalterno Rubén Sánchez, que sufrió una grave cornada en el hueco poplíteo de dos trayectorias -de 10 y 15 centímetros- y un traumatismo facial, con erosión en la nariz. Con la montera calada planteó la labor su jefe de filas, que hizo un esfuerzo con este cárdeno claro. Fue una actuación de querer mucho, de recursos y toma y daca. Una pelea que puso los tendidos en vilo. Qué polvareda se levantó en los zurdazos, con Minutero revolviéndose. Con resortes antiguos la faena, que contenía premio por su emoción. Pinchó Damián Castaño, que perdió pie en la huida; cojeando se levantó y, tras descabellar, el 7 le pidió con fuerza que diera la vuelta al ruedo. Astifinísimo fue su primero, con dos estiletes de plata antigua y midiendo constantemente al torero. Cómo pesaba estar delante de aquel Chulito I. Feria de San Isidro Monumental de las Ventas Martes, 2 de junio de 2026. 19.553 espectadores. Toros de José Escolar, cuatreños, astifinos, con seriedad y trapío, complicados y correosos en general; destacó la clase entregada del 6º. Pepe Moral, de tirita y oro: estocada trasera tendida (silencio tras aviso), pinchazo, estocada corta delantera y tendida, seis descabellos y se echa (silencio). Damián Castaño, de noche y oro: pinchazo arriba, otro, estocada y descabello (silencio); pinchazo, estocada desprendida y descabello (vuelta al ruedo). Gómez del Pilar, de azul y oro: tres pinchazos arriba y doce descabellos (pitos tras dos avisos); media tendida y descabello (saludos tras dos avisos).No se quedó atrás el complicado y altote tercero. Qué bien lo lidió Gómez del Pilar, con oficio, ganando terreno hasta los medios. Ordenó al picador que levantara pronto la vara y luego lo puso de largo, que era lo que demandaba la afición. Tardó en arrancarse Cobrador, brindado al público. Pidió el matador que se lo cerrasen en el 5. Enseguida lo fichó el escolar, con miraditas que lo radiografiaban. Qué duro estar ahí delante, con un toro con todas las letras. Mucho mérito el de Noé, que luego se toparía con el ejemplar de la corrida. Buenacara se llamaba. No fue la tarde de Pepe Moral: ni con el sosito y bellísimo primero, de cara a media altura, con el que se puso machacón tras encontrar la veta de unos naturales con su aquel, ni con el imponente cuarto, la antítesis de la bravura.

Hacía surcos con el hocico Buenacara, un gran toro de José Escolar, el de más clase y entrega del cuatreño y serio conjunto. Y otra vez, como aquella tarde de hace tres años con Cartelero, el mejor cárdeno se topó con Gómez del Pilar, muy … importante con el toro. Humilló con bravura este 45, pero no era sencillo cogerle el ritmo. El madrileño, que cuidó a su lote en varas, fue amasando aquella embestida en una faena a más que se vio incordiada por las molestas rachas de viento. Fue casi mediada la labor cuando brotó lo más intenso, con temple y enorme mérito. Aunque el derecho viajaba con más largura, hubo unos zurdazos fantásticos, buscando la colocación, enfrontilado, de uno en uno. Cuando regresó a la mano de la cuchara lo hizo sin ayuda para dibujar muletazos al natural. En el arca de Noé, nombre del torero, se hacía hueco ya para la oreja que se había ganado, pero se entretuvo en una serie última, con el aviso en lo alto. La media estocada no fue suficiente y al personal le mosqueó mucho la rueda de peones. El segundo aviso y el descabello enfriaron más la plaza, aunque Gómez del Pilar mereció al menos recorrer el anillo. Con unos rácanos saludos tuvo que conformarse.
Si el sexto fue el toro de la corrida, el que volvía a unir los apellidos de Gómez y Escolar, el anterior fue de altísima tensión. Traía Minutero dos agujas capaces de coser la muerte con un hilo invisible por el que se colaba constantemente el ¡ay! Qué toro más peligroso, una prenda que sabía latín, griego y árabe. Tremendo el volteretón al subalterno Rubén Sánchez, que sufrió una grave cornada en el hueco poplíteo de dos trayectorias -de 10 y 15 centímetros- y un traumatismo facial, con erosión en la nariz. Con la montera calada planteó la labor su jefe de filas, que hizo un esfuerzo con este cárdeno claro. Fue una actuación de querer mucho, de recursos y toma y daca. Una pelea que puso los tendidos en vilo. Qué polvareda se levantó en los zurdazos, con Minutero revolviéndose. Con resortes antiguos la faena, que contenía premio por su emoción. Pinchó Damián Castaño, que perdió pie en la huida; cojeando se levantó y, tras descabellar, el 7 le pidió con fuerza que diera la vuelta al ruedo. Astifinísimo fue su primero, con dos estiletes de plata antigua y midiendo constantemente al torero. Cómo pesaba estar delante de aquel Chulito I.
Feria de San Isidro
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Monumental de las Ventas
Martes, 2 de junio de 2026. 19.553 espectadores. Toros de José Escolar, cuatreños, astifinos, con seriedad y trapío, complicados y correosos en general; destacó la clase entregada del 6º.
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Pepe Moral,
de tirita y oro: estocada trasera tendida (silencio tras aviso), pinchazo, estocada corta delantera y tendida, seis descabellos y se echa (silencio). -
Damián Castaño,
de noche y oro: pinchazo arriba, otro, estocada y descabello (silencio); pinchazo, estocada desprendida y descabello (vuelta al ruedo). -
Gómez del Pilar,
de azul y oro: tres pinchazos arriba y doce descabellos (pitos tras dos avisos); media tendida y descabello (saludos tras dos avisos).
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No se quedó atrás el complicado y altote tercero. Qué bien lo lidió Gómez del Pilar, con oficio, ganando terreno hasta los medios. Ordenó al picador que levantara pronto la vara y luego lo puso de largo, que era lo que demandaba la afición. Tardó en arrancarse Cobrador, brindado al público. Pidió el matador que se lo cerrasen en el 5. Enseguida lo fichó el escolar, con miraditas que lo radiografiaban. Qué duro estar ahí delante, con un toro con todas las letras. Mucho mérito el de Noé, que luego se toparía con el ejemplar de la corrida. Buenacara se llamaba.
No fue la tarde de Pepe Moral: ni con el sosito y bellísimo primero, de cara a media altura, con el que se puso machacón tras encontrar la veta de unos naturales con su aquel, ni con el imponente cuarto, la antítesis de la bravura.
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