Ni entrar en la fuga, ni la victoria de etapa ni el ansiado masaje de piernas de cada tarde sobre la camilla. Nada seduce más a un corredor en una gran vuelta que la posibilidad de ahorrarse un desplazamiento. Menos aún en el ciclismo actual, que, moderno y globalizado, decidido a alejar cada vez más a los protagonistas de sus raíces, se topa de vez en cuando con agradables excepciones, pequeños oasis en los que el pelotón se permite el lujo de relajarse, tomar aire y descansar. Eso mismo sucede este jueves, cuando la caravana del Giro de Italia amanece en Fai della Paganella, a apenas siete kilómetros de la última meta, solo unas horas antes en las calles de Andalo.
El francés y el ecuatoriano, tres victorias por cabeza, rascan puntos para vestir el domingo en Roma el ‘maillot’ púrpura que premia al ciclista más regular de la carrera
Ni entrar en la fuga, ni la victoria de etapa ni el ansiado masaje de piernas de cada tarde sobre la camilla. Nada seduce más a un corredor en una gran vuelta que la posibilidad de ahorrarse un desplazamiento. Menos aún en el ciclismo actual, que, moderno y globalizado, decidido a alejar cada vez más a los protagonistas de sus raíces, se topa de vez en cuando con agradables excepciones, pequeños oasis en los que el pelotón se permite el lujo de relajarse, tomar aire y descansar. Eso mismo sucede este jueves, cuando la caravana del Giro de Italia amanece en Fai della Paganella, a apenas siete kilómetros de la última meta, solo unas horas antes en las calles de Andalo.
Sin amenaza de lluvia y sin el calor infernal que sí azuza el sur del país, la jornada invita al disfrute al pie de los Alpes. También el recorrido: 171 kilómetros con casi dos mil metros de desnivel acumulado, apariencia de clásica otoñal entre valles, caballos y escalonadas vides de uva blanca, las mismas de las que emana el preciado vino Prosecco.
No existe mejor terreno para la fuga, pero pronto queda descarta cualquier opción. Más aún tras el infortunio de Afonso Eulálio, que se va al suelo y se sonroja, caída tonta y vergonzante tras un enganchón con la bolsa de comida que le brinda su propio auxiliar desde la cuneta. Tira el portugués, mejor joven y quinto en la general, a otros ciclistas, y se queja del hombro, el grupo ya desapareciendo a lo lejos. Reduce el hueco después, lleno de orgullo, hasta que conecta y, aún caliente, ataca en el Muro di Ca’ di Poggio —mil metros al 12,5%—, la prueba del algodón de la jornada a diez kilómetros de la llegada.
Frustra el sueño del testarudo luso Jonas Vingegaard, siempre atento de rosa en cabeza, pero Eulálio dispone de una marcha más y vuelve a probarlo a cinco de la conclusión, ahora sí, sin réplica de los favoritos. Solo se suma a su aventura el noruego Johannes Kulset, del Uno-X, y ambos pedalean de la mano, romance esporádico, hasta superar la pancarta del último kilómetro, cuando el pelotón les arranca las pegatinas y sirve otro desenlace al esprint, llegada masiva, territorio de Paul Magnier.
El francés del Soudal, sonrisa infantil y doble vencedor en la Grande Partenza de Bulgaria, grita rabioso, brazos en alto y venas bajo el sol, tras consumar el triplete de triunfos y recuperar la maglia ciclamino que turna estos días confusa su armario y el de Jhonny Narváez, otras tres victorias en su haber. “Tenía tanta adrenalina en el cuerpo que ni me acuerdo de cómo han sido los últimos metros”, reconoce el galo de 22 años al terminar, vencedor por delante de los italianos Zambanini, Milan y Busatto. “Quiero dar las gracias a mis compañeros”, prosigue Magnier, “porque esta mañana ni yo mismo confiaba en mí, pero han sido ellos quienes me han animado y me han convencido. A estas alturas de Giro el cansancio se nota, y las piernas pesan, así que este triunfo va por ellos”.
Clasificación General
Etapas
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16 Bellinzona – Cari
Jonas Vingegaard Rasmussen
TVL113 Km
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17 Cassano d’Adda – Andalo
Michael Valgren Andersen
EFE202 Km
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18 Fai della Paganella – Pieve di Soligo
Paul Magnier
SOQ171 Km
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19 Feltre – Alleghe
151 Km
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20 Gemona del Friuli – Piancavallo
200 Km
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