Inusitada expectación había levantado la corrida de este viernes en Jerez, hasta el punto de haberse agotado el papel con muchísima antelación. Y la ocasión bien que lo merecía, pues se anunciaban las dos auténticas figuras de la torería . Por un lado, Morante de La Puebla, torero de culto y legítimo mito vivo del toreo. Y por otro, Andrés Roca Rey, diestro que aglutina público y arrastra espectadores allá donde vaya. Más quisieron los sutiles halos de la tauromaquia que ambos concluyeran en este ruedo para una doble reaparición, ya que ambos convalecían de sendas y fuertes cornadas recibidas en la reciente feria de abril de Sevilla. Por lo que, se puede decir, que constituía el ruedo jerezano el centro de atención mundial de la fiesta taurina.Roto el paseíllo, los tres diestros hubieron de desmonterarse en correspondencia a la atronadora ovación de bienvenida por parte del respetable.Y saltó al ruedo el primer toro de la tarde, armónico ejemplar de 500 kilos, al que saludó Morante con unas verónicas jaleadas por el público , pero que carecieron de continuidad al presentar el astado una embestida corta e incomoda, que hasta llegó a puntear el capote del de La Puebla.Tras una entrada al caballo sin emplearse, mostró poco celo el animal en banderillas y tomó los primeros muletazos del diestro con cierta inercia, pero sin emplearse y con la cara a media altura.Bello trazo poseyeron algunos redondos y naturales sueltos que dibujó el genio de la Puebla, pero a la obra le faltó la redondez y ligazón que la descastada condición del toro negaba.Un pinchazo y una estocada en la suerte natural, con cierta tendencia y travesía, y un golpe de descabello, pusieron fin a este primer capítulo del festejo.Chicuelinas de CastellaEl negro burraco que hizo segundo permitió a Sebastián Castella estirarse con cierto relajo a la verónica, en saludo capotero que culminó con chicuelinas y media verónica.Quitó después con ceñidisimas chicuelinas y luminosa tafalleras en los medios, para rematar con airosa revolera . El toro había tenido un breve encuentro con la cabalgadura, en cuya discreta pelea recibió escaso castigo. Se avivó después en banderillas con francos galopes a los cites rehileteros y arribó al último terció con fijeza recorrido.Con recios estatuarios inició Castella el trastero muleteril, al que siguió una sucesión de pases por bajo y tandas de derechazos abrochados con hondos pases de pecho. A partir de ahí, el de Jandilla empezó a perder intensidad en sus acometidas y la faena se vino así a menos, entrando entonces en territorios de recurrente encimismo y cercanías.Morante de la Puebla. Paco MarrínDe dos pinchazos y una estocada despenó el francés a este segundo ejemplar.Más justo de presencia el que hizo tercero que los anteriores, tampoco mostró un exceso de celo ni de bravura ante el capote de Roca Rey . Más bien al contrario, pues su desgana al tomar los vuelos resultaron evidentes.Tras un leve y casi simulado tercio de varas, el animal regaló embestidas suficientes para que el diestro peruano se luciera en un vistoso quite por saltilleras , rematadas con enlazadas revoleras con manos bajas.Conmocionó Roca Rey a la concurrencia con un arrojado inicio de faena de hinojos, orante posición desde la que enlazó derechazos y escalofriantes pases cambiados por la espalda.Ya en actitud erguida, el toro regaló embestidas largas y suaves por el pitón izquierdo, aunque el torero andino insistió su porfía por el otro pitón. Aún así, logró series cuajadas y espectaculares, con final de trasteo mediante ajustadas bernardinas, que poblaron de escalofrío y ebullición a los entregados tendidos.Una estocada contraria y un golpe de descabello pusieron fin a su actuación.Pegado a tablas recibió Morante al cuarto de la tarde , donde instrumentó dos verónicas, a las que siguieron varias chicuelinas mecidas. Galleó con sumo donaire por el mismo palo y abrochó este lujo capotero con airosa larga cordobesa.También en esta ocasión casi se simuló la suerte de varas, tras la que el toro planteó un acto rehiletero de mucha exigencia pues midió y esperó a los banderilleros, a los que propinaba galafones en el embroque.Exquisiteces de alta toreríaCon embestida poco franca y algo rebrincada tomó la muleta que le presentaba Morante, quien lo pasó con mucha exposición por ambos pitones. Consiguió embeberlo en la franela y goteó exquisiteces de puro arte y alta torería. Confiado y decidido, el as de la tauromaquia dejó huella de su verdad torera en un trasteo de esfuerzo y exposición sinceras .Un pinchazo y un pinchazo hondo y trasero constituyeron definitivo broche a su labor. Poco recorrido y menos poder mostró el quinto de la suelta en sus inaugurales acometidas a la capa de Castella.Tras su anodino deambular por los tercios posteriores y casi sin recibir castigo, llegó al postrero tercio de muerte sin apenas fuerzas ni transmisión alguna.Su recorrido era escaso pero a veces repetía y mostró cierta franqueza por el pitón izquierdo, circunstancias que aprovechó Sebastián Castella para enlazar pases, que a medida que se acortaban en extensión, más llegaban a los tendidos.Sebastián Castella. Paco MartínA porta gayola recibió Roca Rey al que cerraba plaza, y tras una limpia larga cambiada instrumentó ceñidos delantales en los medios, rematados con vistosa revolera. Casi sin picar el toro también, cómo fue ominosa norma en toda la corrida, se cambió el tercio con celeridad.Chicuelinas y tafalleras sin enmendar un ápice la posición, constituyeron el valeroso quite que el peruano instrumentó a un enemigo que, aunque siempre miraba las tablas, empezó a desplegar boyante movilidad.Con ambas rodillas en tierra dio inicio el peruano el trasteo de muleta, con una primera serie completa de derechazos.Después, hubo de lidiar con una embestida anodina, franca, pero carente de viveza y alegría. Pulcro y entregado, Roca Rey tiró de recursos y repertorio, pero todo se venía a menos , al mismo tiempo que el toro iba perdiendo su escaso brío.Una gran estocada en todo lo alto puso fin a su actuación y a un dilatado festejo. Inusitada expectación había levantado la corrida de este viernes en Jerez, hasta el punto de haberse agotado el papel con muchísima antelación. Y la ocasión bien que lo merecía, pues se anunciaban las dos auténticas figuras de la torería . Por un lado, Morante de La Puebla, torero de culto y legítimo mito vivo del toreo. Y por otro, Andrés Roca Rey, diestro que aglutina público y arrastra espectadores allá donde vaya. Más quisieron los sutiles halos de la tauromaquia que ambos concluyeran en este ruedo para una doble reaparición, ya que ambos convalecían de sendas y fuertes cornadas recibidas en la reciente feria de abril de Sevilla. Por lo que, se puede decir, que constituía el ruedo jerezano el centro de atención mundial de la fiesta taurina.Roto el paseíllo, los tres diestros hubieron de desmonterarse en correspondencia a la atronadora ovación de bienvenida por parte del respetable.Y saltó al ruedo el primer toro de la tarde, armónico ejemplar de 500 kilos, al que saludó Morante con unas verónicas jaleadas por el público , pero que carecieron de continuidad al presentar el astado una embestida corta e incomoda, que hasta llegó a puntear el capote del de La Puebla.Tras una entrada al caballo sin emplearse, mostró poco celo el animal en banderillas y tomó los primeros muletazos del diestro con cierta inercia, pero sin emplearse y con la cara a media altura.Bello trazo poseyeron algunos redondos y naturales sueltos que dibujó el genio de la Puebla, pero a la obra le faltó la redondez y ligazón que la descastada condición del toro negaba.Un pinchazo y una estocada en la suerte natural, con cierta tendencia y travesía, y un golpe de descabello, pusieron fin a este primer capítulo del festejo.Chicuelinas de CastellaEl negro burraco que hizo segundo permitió a Sebastián Castella estirarse con cierto relajo a la verónica, en saludo capotero que culminó con chicuelinas y media verónica.Quitó después con ceñidisimas chicuelinas y luminosa tafalleras en los medios, para rematar con airosa revolera . El toro había tenido un breve encuentro con la cabalgadura, en cuya discreta pelea recibió escaso castigo. Se avivó después en banderillas con francos galopes a los cites rehileteros y arribó al último terció con fijeza recorrido.Con recios estatuarios inició Castella el trastero muleteril, al que siguió una sucesión de pases por bajo y tandas de derechazos abrochados con hondos pases de pecho. A partir de ahí, el de Jandilla empezó a perder intensidad en sus acometidas y la faena se vino así a menos, entrando entonces en territorios de recurrente encimismo y cercanías.Morante de la Puebla. Paco MarrínDe dos pinchazos y una estocada despenó el francés a este segundo ejemplar.Más justo de presencia el que hizo tercero que los anteriores, tampoco mostró un exceso de celo ni de bravura ante el capote de Roca Rey . Más bien al contrario, pues su desgana al tomar los vuelos resultaron evidentes.Tras un leve y casi simulado tercio de varas, el animal regaló embestidas suficientes para que el diestro peruano se luciera en un vistoso quite por saltilleras , rematadas con enlazadas revoleras con manos bajas.Conmocionó Roca Rey a la concurrencia con un arrojado inicio de faena de hinojos, orante posición desde la que enlazó derechazos y escalofriantes pases cambiados por la espalda.Ya en actitud erguida, el toro regaló embestidas largas y suaves por el pitón izquierdo, aunque el torero andino insistió su porfía por el otro pitón. Aún así, logró series cuajadas y espectaculares, con final de trasteo mediante ajustadas bernardinas, que poblaron de escalofrío y ebullición a los entregados tendidos.Una estocada contraria y un golpe de descabello pusieron fin a su actuación.Pegado a tablas recibió Morante al cuarto de la tarde , donde instrumentó dos verónicas, a las que siguieron varias chicuelinas mecidas. Galleó con sumo donaire por el mismo palo y abrochó este lujo capotero con airosa larga cordobesa.También en esta ocasión casi se simuló la suerte de varas, tras la que el toro planteó un acto rehiletero de mucha exigencia pues midió y esperó a los banderilleros, a los que propinaba galafones en el embroque.Exquisiteces de alta toreríaCon embestida poco franca y algo rebrincada tomó la muleta que le presentaba Morante, quien lo pasó con mucha exposición por ambos pitones. Consiguió embeberlo en la franela y goteó exquisiteces de puro arte y alta torería. Confiado y decidido, el as de la tauromaquia dejó huella de su verdad torera en un trasteo de esfuerzo y exposición sinceras .Un pinchazo y un pinchazo hondo y trasero constituyeron definitivo broche a su labor. Poco recorrido y menos poder mostró el quinto de la suelta en sus inaugurales acometidas a la capa de Castella.Tras su anodino deambular por los tercios posteriores y casi sin recibir castigo, llegó al postrero tercio de muerte sin apenas fuerzas ni transmisión alguna.Su recorrido era escaso pero a veces repetía y mostró cierta franqueza por el pitón izquierdo, circunstancias que aprovechó Sebastián Castella para enlazar pases, que a medida que se acortaban en extensión, más llegaban a los tendidos.Sebastián Castella. Paco MartínA porta gayola recibió Roca Rey al que cerraba plaza, y tras una limpia larga cambiada instrumentó ceñidos delantales en los medios, rematados con vistosa revolera. Casi sin picar el toro también, cómo fue ominosa norma en toda la corrida, se cambió el tercio con celeridad.Chicuelinas y tafalleras sin enmendar un ápice la posición, constituyeron el valeroso quite que el peruano instrumentó a un enemigo que, aunque siempre miraba las tablas, empezó a desplegar boyante movilidad.Con ambas rodillas en tierra dio inicio el peruano el trasteo de muleta, con una primera serie completa de derechazos.Después, hubo de lidiar con una embestida anodina, franca, pero carente de viveza y alegría. Pulcro y entregado, Roca Rey tiró de recursos y repertorio, pero todo se venía a menos , al mismo tiempo que el toro iba perdiendo su escaso brío.Una gran estocada en todo lo alto puso fin a su actuación y a un dilatado festejo.
Inusitada expectación había levantado la corrida de este viernes en Jerez, hasta el punto de haberse agotado el papel con muchísima antelación. Y la ocasión bien que lo merecía, pues se anunciaban las dos auténticas figuras de la torería. Por un lado, Morante … de La Puebla, torero de culto y legítimo mito vivo del toreo. Y por otro, Andrés Roca Rey, diestro que aglutina público y arrastra espectadores allá donde vaya. Más quisieron los sutiles halos de la tauromaquia que ambos concluyeran en este ruedo para una doble reaparición, ya que ambos convalecían de sendas y fuertes cornadas recibidas en la reciente feria de abril de Sevilla. Por lo que, se puede decir, que constituía el ruedo jerezano el centro de atención mundial de la fiesta taurina.
Roto el paseíllo, los tres diestros hubieron de desmonterarse en correspondencia a la atronadora ovación de bienvenida por parte del respetable.
Y saltó al ruedo el primer toro de la tarde, armónico ejemplar de 500 kilos, al que saludó Morante con unas verónicas jaleadas por el público, pero que carecieron de continuidad al presentar el astado una embestida corta e incomoda, que hasta llegó a puntear el capote del de La Puebla.
Tras una entrada al caballo sin emplearse, mostró poco celo el animal en banderillas y tomó los primeros muletazos del diestro con cierta inercia, pero sin emplearse y con la cara a media altura.
Bello trazo poseyeron algunos redondos y naturales sueltos que dibujó el genio de la Puebla, pero a la obra le faltó la redondez y ligazón que la descastada condición del toro negaba.
Un pinchazo y una estocada en la suerte natural, con cierta tendencia y travesía, y un golpe de descabello, pusieron fin a este primer capítulo del festejo.
Chicuelinas de Castella
El negro burraco que hizo segundo permitió a Sebastián Castella estirarse con cierto relajo a la verónica, en saludo capotero que culminó con chicuelinas y media verónica.
Quitó después con ceñidisimas chicuelinas y luminosa tafalleras en los medios, para rematar con airosa revolera. El toro había tenido un breve encuentro con la cabalgadura, en cuya discreta pelea recibió escaso castigo. Se avivó después en banderillas con francos galopes a los cites rehileteros y arribó al último terció con fijeza recorrido.
Con recios estatuarios inició Castella el trastero muleteril, al que siguió una sucesión de pases por bajo y tandas de derechazos abrochados con hondos pases de pecho. A partir de ahí, el de Jandilla empezó a perder intensidad en sus acometidas y la faena se vino así a menos, entrando entonces en territorios de recurrente encimismo y cercanías.
(Paco Marrín)
De dos pinchazos y una estocada despenó el francés a este segundo ejemplar.
Más justo de presencia el que hizo tercero que los anteriores, tampoco mostró un exceso de celo ni de bravura ante el capote de Roca Rey. Más bien al contrario, pues su desgana al tomar los vuelos resultaron evidentes.
Tras un leve y casi simulado tercio de varas, el animal regaló embestidas suficientes para que el diestro peruano se luciera en un vistoso quite por saltilleras, rematadas con enlazadas revoleras con manos bajas.
Conmocionó Roca Rey a la concurrencia con un arrojado inicio de faena de hinojos, orante posición desde la que enlazó derechazos y escalofriantes pases cambiados por la espalda.
Ya en actitud erguida, el toro regaló embestidas largas y suaves por el pitón izquierdo, aunque el torero andino insistió su porfía por el otro pitón. Aún así, logró series cuajadas y espectaculares, con final de trasteo mediante ajustadas bernardinas, que poblaron de escalofrío y ebullición a los entregados tendidos.
Una estocada contraria y un golpe de descabello pusieron fin a su actuación.
Pegado a tablas recibió Morante al cuarto de la tarde, donde instrumentó dos verónicas, a las que siguieron varias chicuelinas mecidas. Galleó con sumo donaire por el mismo palo y abrochó este lujo capotero con airosa larga cordobesa.
También en esta ocasión casi se simuló la suerte de varas, tras la que el toro planteó un acto rehiletero de mucha exigencia pues midió y esperó a los banderilleros, a los que propinaba galafones en el embroque.
Exquisiteces de alta torería
Con embestida poco franca y algo rebrincada tomó la muleta que le presentaba Morante, quien lo pasó con mucha exposición por ambos pitones. Consiguió embeberlo en la franela y goteó exquisiteces de puro arte y alta torería. Confiado y decidido, el as de la tauromaquia dejó huella de su verdad torera en un trasteo de esfuerzo y exposición sinceras.
Un pinchazo y un pinchazo hondo y trasero constituyeron definitivo broche a su labor. Poco recorrido y menos poder mostró el quinto de la suelta en sus inaugurales acometidas a la capa de Castella.
Tras su anodino deambular por los tercios posteriores y casi sin recibir castigo, llegó al postrero tercio de muerte sin apenas fuerzas ni transmisión alguna.
Su recorrido era escaso pero a veces repetía y mostró cierta franqueza por el pitón izquierdo, circunstancias que aprovechó Sebastián Castella para enlazar pases, que a medida que se acortaban en extensión, más llegaban a los tendidos.
(Paco Martín)
A porta gayola recibió Roca Rey al que cerraba plaza, y tras una limpia larga cambiada instrumentó ceñidos delantales en los medios, rematados con vistosa revolera. Casi sin picar el toro también, cómo fue ominosa norma en toda la corrida, se cambió el tercio con celeridad.
Chicuelinas y tafalleras sin enmendar un ápice la posición, constituyeron el valeroso quite que el peruano instrumentó a un enemigo que, aunque siempre miraba las tablas, empezó a desplegar boyante movilidad.
Con ambas rodillas en tierra dio inicio el peruano el trasteo de muleta, con una primera serie completa de derechazos.
Después, hubo de lidiar con una embestida anodina, franca, pero carente de viveza y alegría. Pulcro y entregado, Roca Rey tiró de recursos y repertorio, pero todo se venía a menos, al mismo tiempo que el toro iba perdiendo su escaso brío.
Una gran estocada en todo lo alto puso fin a su actuación y a un dilatado festejo.
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