Si el año pasado supuso una primera aproximación para eliminar el modelo excepcional heredado de la pandemia, la PAU 2026 se presenta como la consolidación del modelo competencial iniciado entonces. No llega con grandes cambios, pero sí con un ajuste progresivo hacia un examen menos memorístico y más centrado en lo que el estudiante sabe hacer con lo que ha aprendido. El cambio clave, indica José Joaquín Céspedes Lorente presidente de CRUE de Asuntos Estudiantiles y rector de la Universidad de Almería, es pasar de evaluar contenidos a evaluar competencias, es decir saber interpretar, razonar y argumentar. «No es tanto la idea de estudiar para el examen y memorizar los contenidos, sino de aplicación de lo aprendido», explica.Aun así, la estructura general de la prueba se mantiene: una fase obligatoria, que determina la nota de acceso, y otra voluntaria. Está última es similar para toda España y es, «especialmente útil para el estudiantado que quiera elegir los grados con las notas de acceso más altas», explica Rosa de la Fuente, vicerrectora de Estudiantes de la Universidad Complutense. «Lo fundamental es elegir las asignaturas que ponderen más para el grado deseado, priorizar las materias en las que el estudiante tenga mejor rendimiento, y recordar que la asignatura obligatoria de modalidad también pondera en la fase de acceso». Algo que permite subir nota de hasta 3 materias adicionales (y una segunda lengua extranjera) o alcanzar hasta 4 puntos extra en la nota. «Es importante hacerla, aunque en principio se pretenda cursar un Grado con una nota de acceso relativamente baja, por si se cambia de idea», indican desde la CRUE.Novedades a destacarEl cambio de fondo de este enfoque más competencial y menos memorístico pasa por «saber interpretar, razonar y argumentar», resume Céspedes. Esto se traduce, tal y como detalla De la Fuente, en un modelo en el que al menos el 70% de la puntuación corresponde a preguntas abiertas o semiconstruidas, lo que reduce a un 30% las preguntas tipo test o cerradas. Algo que obliga a no sólo reconocer la respuesta, sino también cuidar más la expresión escrita, la organización de las ideas y la capacidad de justificar sus respuestas. Por otro lado, aunque se elimina la optatividad del modelo Covid se siguen incluyendo preguntas optativas en algunos de los bloques de contenidos. En cuanto a los nuevos criterios de corrección, también se ajusta la penalización de la ortografía que, tanto en Lengua como en lenguas extranjeras, tendrá hasta 2 puntos de penalización y, en el resto de las materias, hasta 1 punto. Incluso, en algunas comunidades, como Madrid, se introduce una corrección más precisa, con calificaciones que se expresan en múltiplos de 0,1 en lugar de 0,25, lo que permite afinar más la nota final. Pero incluso en este proceso que avanza a ritmos distintos según el territorio, hay casos en los que directamente no se introducen novedades. Así, la Universidad de Extremadura señala que se mantiene «el mismo modelo de examen y criterios generales de evaluación».Noticia relacionada No No Radiografía de la universidad pública: la inversión autonómica crece un 30%, los profesores un 13% y los alumnos se estancan Laura AlborAunque un examen idéntico en toda España sigue sin ser factible debido a las diferencias en los currículos autonómicos y retos logísticos, este año se han dado pasos hacia la armonización, apuntan desde la UCM. «Creemos que la prueba garantiza cada vez más un acceso y admisión más igualitario, aunque un único examen no es viable, primero porque no es posible poner preguntas tipo test según la normativa del Real Decreto 534/2024 si lo que se busca es que, el estudiante que accede a la Universidad, desarrolle y explique los contenidos para mostrar la madurez». Segundo, porque existen currículums diferentes de Bachillerato en función de la autonomía competencial de las Comunidades , y por último, no existen medios para garantizar al 100% la custodia de la prueba de 26 exámenes en todos los distritos y «no queremos fallar en un momento tan complejo para tantos estudiantes», puntualiza De la Fuente.Lo que se ha logrado hasta ahora es crear unas guías o modelos concretos de examen comunes que se están adoptando progresivamente pero muy lejos de unificación en calendarios, criterios de corrección y peso de los bloques de contenido o ponderaciones de asignaturas en la admisión. De momento, 10 comunidades van a seguir al 100% las orientaciones consensuadas desde CRUE, y otras 4 presentarán un seguimiento en torno al 75% de media. En este sentido, continúa Céspedes, todo cambio legislativo requiere un periodo de adaptación y «nos consta que los centros educativos están muy centrados en ese trabajo de competencias». «Cuando los exámenes o las pruebas sean competenciales al 100% tendremos que revisar aspectos como la elaboración de enunciado por parte de los especialistas, la duración del examen o la reducción del número de preguntas para que se puedan responder en el tiempo estipulado», avisa.Ante todo, mucha calmaPero cómo lo que realmente asusta a los estudiantes es la incógnita de cómo será el modelo de examen y cómo pueden abordarlo, los expertos coinciden en mandar un mensaje de calma. La prueba evalúa lo trabajado durante los dos años de Bachillerato, que ya aporta el 60% de la nota final y, por tanto, lo que se les va a preguntar, ya lo saben. Además, no hay sorpresa en los contenidos, porque los ajustes «han sido difundidos en las correspondientes orientaciones y han ido trabajando en ellos a lo largo del curso», señala Céspedes. El propio enfoque competencial, de hecho, favorece a quienes han trabajado de manera continuada durante el Bachillerato. De ahí que el mensaje que trasladan sea de tranquilidad. Aunque el formato ha cambiado, no es una prueba más difícil. La clave está en prepararla con método y tranquilidad, aclara De la Fuente: «Practicar con los modelos de examen para familiarizarse con preguntas abiertas y la elección de las preguntas entre las que pueden optar; organizar bien el tiempo y estructurar las respuestas antes de escribir; mantener rutinas de descanso y evitar el estudio intensivo de última hora». Si el año pasado supuso una primera aproximación para eliminar el modelo excepcional heredado de la pandemia, la PAU 2026 se presenta como la consolidación del modelo competencial iniciado entonces. No llega con grandes cambios, pero sí con un ajuste progresivo hacia un examen menos memorístico y más centrado en lo que el estudiante sabe hacer con lo que ha aprendido. El cambio clave, indica José Joaquín Céspedes Lorente presidente de CRUE de Asuntos Estudiantiles y rector de la Universidad de Almería, es pasar de evaluar contenidos a evaluar competencias, es decir saber interpretar, razonar y argumentar. «No es tanto la idea de estudiar para el examen y memorizar los contenidos, sino de aplicación de lo aprendido», explica.Aun así, la estructura general de la prueba se mantiene: una fase obligatoria, que determina la nota de acceso, y otra voluntaria. Está última es similar para toda España y es, «especialmente útil para el estudiantado que quiera elegir los grados con las notas de acceso más altas», explica Rosa de la Fuente, vicerrectora de Estudiantes de la Universidad Complutense. «Lo fundamental es elegir las asignaturas que ponderen más para el grado deseado, priorizar las materias en las que el estudiante tenga mejor rendimiento, y recordar que la asignatura obligatoria de modalidad también pondera en la fase de acceso». Algo que permite subir nota de hasta 3 materias adicionales (y una segunda lengua extranjera) o alcanzar hasta 4 puntos extra en la nota. «Es importante hacerla, aunque en principio se pretenda cursar un Grado con una nota de acceso relativamente baja, por si se cambia de idea», indican desde la CRUE.Novedades a destacarEl cambio de fondo de este enfoque más competencial y menos memorístico pasa por «saber interpretar, razonar y argumentar», resume Céspedes. Esto se traduce, tal y como detalla De la Fuente, en un modelo en el que al menos el 70% de la puntuación corresponde a preguntas abiertas o semiconstruidas, lo que reduce a un 30% las preguntas tipo test o cerradas. Algo que obliga a no sólo reconocer la respuesta, sino también cuidar más la expresión escrita, la organización de las ideas y la capacidad de justificar sus respuestas. Por otro lado, aunque se elimina la optatividad del modelo Covid se siguen incluyendo preguntas optativas en algunos de los bloques de contenidos. En cuanto a los nuevos criterios de corrección, también se ajusta la penalización de la ortografía que, tanto en Lengua como en lenguas extranjeras, tendrá hasta 2 puntos de penalización y, en el resto de las materias, hasta 1 punto. Incluso, en algunas comunidades, como Madrid, se introduce una corrección más precisa, con calificaciones que se expresan en múltiplos de 0,1 en lugar de 0,25, lo que permite afinar más la nota final. Pero incluso en este proceso que avanza a ritmos distintos según el territorio, hay casos en los que directamente no se introducen novedades. Así, la Universidad de Extremadura señala que se mantiene «el mismo modelo de examen y criterios generales de evaluación».Noticia relacionada No No Radiografía de la universidad pública: la inversión autonómica crece un 30%, los profesores un 13% y los alumnos se estancan Laura AlborAunque un examen idéntico en toda España sigue sin ser factible debido a las diferencias en los currículos autonómicos y retos logísticos, este año se han dado pasos hacia la armonización, apuntan desde la UCM. «Creemos que la prueba garantiza cada vez más un acceso y admisión más igualitario, aunque un único examen no es viable, primero porque no es posible poner preguntas tipo test según la normativa del Real Decreto 534/2024 si lo que se busca es que, el estudiante que accede a la Universidad, desarrolle y explique los contenidos para mostrar la madurez». Segundo, porque existen currículums diferentes de Bachillerato en función de la autonomía competencial de las Comunidades , y por último, no existen medios para garantizar al 100% la custodia de la prueba de 26 exámenes en todos los distritos y «no queremos fallar en un momento tan complejo para tantos estudiantes», puntualiza De la Fuente.Lo que se ha logrado hasta ahora es crear unas guías o modelos concretos de examen comunes que se están adoptando progresivamente pero muy lejos de unificación en calendarios, criterios de corrección y peso de los bloques de contenido o ponderaciones de asignaturas en la admisión. De momento, 10 comunidades van a seguir al 100% las orientaciones consensuadas desde CRUE, y otras 4 presentarán un seguimiento en torno al 75% de media. En este sentido, continúa Céspedes, todo cambio legislativo requiere un periodo de adaptación y «nos consta que los centros educativos están muy centrados en ese trabajo de competencias». «Cuando los exámenes o las pruebas sean competenciales al 100% tendremos que revisar aspectos como la elaboración de enunciado por parte de los especialistas, la duración del examen o la reducción del número de preguntas para que se puedan responder en el tiempo estipulado», avisa.Ante todo, mucha calmaPero cómo lo que realmente asusta a los estudiantes es la incógnita de cómo será el modelo de examen y cómo pueden abordarlo, los expertos coinciden en mandar un mensaje de calma. La prueba evalúa lo trabajado durante los dos años de Bachillerato, que ya aporta el 60% de la nota final y, por tanto, lo que se les va a preguntar, ya lo saben. Además, no hay sorpresa en los contenidos, porque los ajustes «han sido difundidos en las correspondientes orientaciones y han ido trabajando en ellos a lo largo del curso», señala Céspedes. El propio enfoque competencial, de hecho, favorece a quienes han trabajado de manera continuada durante el Bachillerato. De ahí que el mensaje que trasladan sea de tranquilidad. Aunque el formato ha cambiado, no es una prueba más difícil. La clave está en prepararla con método y tranquilidad, aclara De la Fuente: «Practicar con los modelos de examen para familiarizarse con preguntas abiertas y la elección de las preguntas entre las que pueden optar; organizar bien el tiempo y estructurar las respuestas antes de escribir; mantener rutinas de descanso y evitar el estudio intensivo de última hora».
Si el año pasado supuso una primera aproximación para eliminar el modelo excepcional heredado de la pandemia, la PAU 2026 se presenta como la consolidación del modelo competencial iniciado entonces. No llega con grandes cambios, pero sí con un ajuste progresivo hacia un examen menos … memorístico y más centrado en lo que el estudiante sabe hacer con lo que ha aprendido. El cambio clave, indica José Joaquín Céspedes Lorente presidente de CRUE de Asuntos Estudiantiles y rector de la Universidad de Almería, es pasar de evaluar contenidos a evaluar competencias, es decir saber interpretar, razonar y argumentar. «No es tanto la idea de estudiar para el examen y memorizar los contenidos, sino de aplicación de lo aprendido», explica.
Aun así, la estructura general de la prueba se mantiene: una fase obligatoria, que determina la nota de acceso, y otra voluntaria. Está última es similar para toda España y es, «especialmente útil para el estudiantado que quiera elegir los grados con las notas de acceso más altas», explica Rosa de la Fuente, vicerrectora de Estudiantes de la Universidad Complutense. «Lo fundamental es elegir las asignaturas que ponderen más para el grado deseado, priorizar las materias en las que el estudiante tenga mejor rendimiento, y recordar que la asignatura obligatoria de modalidad también pondera en la fase de acceso». Algo que permite subir nota de hasta 3 materias adicionales (y una segunda lengua extranjera) o alcanzar hasta 4 puntos extra en la nota. «Es importante hacerla, aunque en principio se pretenda cursar un Grado con una nota de acceso relativamente baja, por si se cambia de idea», indican desde la CRUE.
Novedades a destacar
El cambio de fondo de este enfoque más competencial y menos memorístico pasa por «saber interpretar, razonar y argumentar», resume Céspedes. Esto se traduce, tal y como detalla De la Fuente, en un modelo en el que al menos el 70% de la puntuación corresponde a preguntas abiertas o semiconstruidas, lo que reduce a un 30% las preguntas tipo test o cerradas. Algo que obliga a no sólo reconocer la respuesta, sino también cuidar más la expresión escrita, la organización de las ideas y la capacidad de justificar sus respuestas. Por otro lado, aunque se elimina la optatividad del modelo Covid se siguen incluyendo preguntas optativas en algunos de los bloques de contenidos. En cuanto a los nuevos criterios de corrección, también se ajusta la penalización de la ortografía que, tanto en Lengua como en lenguas extranjeras, tendrá hasta 2 puntos de penalización y, en el resto de las materias, hasta 1 punto. Incluso, en algunas comunidades, como Madrid, se introduce una corrección más precisa, con calificaciones que se expresan en múltiplos de 0,1 en lugar de 0,25, lo que permite afinar más la nota final. Pero incluso en este proceso que avanza a ritmos distintos según el territorio, hay casos en los que directamente no se introducen novedades. Así, la Universidad de Extremadura señala que se mantiene «el mismo modelo de examen y criterios generales de evaluación».
Aunque un examen idéntico en toda España sigue sin ser factible debido a las diferencias en los currículos autonómicos y retos logísticos, este año se han dado pasos hacia la armonización, apuntan desde la UCM. «Creemos que la prueba garantiza cada vez más un acceso y admisión más igualitario, aunque un único examen no es viable, primero porque no es posible poner preguntas tipo test según la normativa del Real Decreto 534/2024 si lo que se busca es que, el estudiante que accede a la Universidad, desarrolle y explique los contenidos para mostrar la madurez». Segundo, porque existen currículums diferentes de Bachillerato en función de la autonomía competencial de las Comunidades , y por último, no existen medios para garantizar al 100% la custodia de la prueba de 26 exámenes en todos los distritos y «no queremos fallar en un momento tan complejo para tantos estudiantes», puntualiza De la Fuente.
Lo que se ha logrado hasta ahora es crear unas guías o modelos concretos de examen comunes que se están adoptando progresivamente pero muy lejos de unificación en calendarios, criterios de corrección y peso de los bloques de contenido o ponderaciones de asignaturas en la admisión. De momento, 10 comunidades van a seguir al 100% las orientaciones consensuadas desde CRUE, y otras 4 presentarán un seguimiento en torno al 75% de media. En este sentido, continúa Céspedes, todo cambio legislativo requiere un periodo de adaptación y «nos consta que los centros educativos están muy centrados en ese trabajo de competencias». «Cuando los exámenes o las pruebas sean competenciales al 100% tendremos que revisar aspectos como la elaboración de enunciado por parte de los especialistas, la duración del examen o la reducción del número de preguntas para que se puedan responder en el tiempo estipulado», avisa.
Ante todo, mucha calma
Pero cómo lo que realmente asusta a los estudiantes es la incógnita de cómo será el modelo de examen y cómo pueden abordarlo, los expertos coinciden en mandar un mensaje de calma. La prueba evalúa lo trabajado durante los dos años de Bachillerato, que ya aporta el 60% de la nota final y, por tanto, lo que se les va a preguntar, ya lo saben. Además, no hay sorpresa en los contenidos, porque los ajustes «han sido difundidos en las correspondientes orientaciones y han ido trabajando en ellos a lo largo del curso», señala Céspedes. El propio enfoque competencial, de hecho, favorece a quienes han trabajado de manera continuada durante el Bachillerato. De ahí que el mensaje que trasladan sea de tranquilidad. Aunque el formato ha cambiado, no es una prueba más difícil. La clave está en prepararla con método y tranquilidad, aclara De la Fuente: «Practicar con los modelos de examen para familiarizarse con preguntas abiertas y la elección de las preguntas entre las que pueden optar; organizar bien el tiempo y estructurar las respuestas antes de escribir; mantener rutinas de descanso y evitar el estudio intensivo de última hora».
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