Nuestro campo libra una batalla silenciosa. No solo por la subida de precios de los insumos (fertilizantes, pienso…), la sequía, fenómenos meteorológicos adversos o los vaivenes regulatorios. En un momento de transición hacia una agricultura y ganadería 4.0 y sostenible, el sector primario tiene a su disposición las herramientas más avanzadas de su historia: drones que aplican tratamientos fitosanitarios con exactitud de centímetros, sensores IoT que miden el estrés hídrico de los cultivos, sistemas de big data para predecir plagas, puertas de invernadero o electroválvulas para riego que se cierra y abren a kilómetros de distancia desde un móvil, tractores y cosechadoras con autoguiado y GPS capaces de seguir rutas predefinidas con una precisión milimétrica, collares con geolocalización para seguir al ganado… Pero apenas hay manos jóvenes para desplegar y sacar todo el partido a estas soluciones. La falta de relevo generacional está frenando la incorporación de las nuevas tecnologías y la digitalización en muchas explotaciones, lo que pone en riesgo la competitividad y rentabilidad de un sector que es estratégico para garantizar la seguridad alimentaria y que supone el 2,5% del PIB.Según el último Centro Agrario de 2020 (que se realiza cada diez años), el 41% de los jefes de explotación tiene más de 65 años. Concentran las fincas más pequeñas y de menor rentabilidad. Solo un 8,8% son jóvenes hasta 41 años, la edad que fija la Política Agraria Común (PAC) para obtener ayudas por esa condición. Claro que hay sectores donde este colectivo tiene mayor peso: en la horticultura de invernadero asciende al 21% y en las principales orientaciones ganaderas (aves y bovino) está entre el 13 y 15%. El Censo destaca que dirigen más frecuentemente explotaciones de mayor dimensión económica. «Hay un problema de relevo generacional en la agricultura del tipo tradicional (cultivos extensivos cerealistas, olivar tradicional…), pero no en la agricultura competitiva e innovadora. Hacen falta jóvenes para incentivar una agricultura de escala media y pequeña que sea competitiva y moderna», cree Eduardo Moyano, ingeniero agrónomo, sociólogo e investigador jubilado del IESA-CSIC (Instituto de Estudios Sociales Avanzados del Consejo Superior de Investigaciones Científicas).Brecha digitalEntre ambos grupos existe una tremenda brecha digital. Resulta evidente que los seniors ni han nacido con los ingenios tecnológicos que hoy día existen, ni han dispuesto de ellos a lo largo de sus vidas como ahora, lo que supone que no han tenido ocasión de desarrollar habilidades digitales nativas. Además, para un agricultor que ve el final de su vida laboral a la vuelta de la esquina, realizar una inversión de miles de euros en sensores, software de precisión o en sistemas de riego inteligente puede no resultar amortizable. «Digitalizar una explotación e incorporar nuevas tecnología requiere fuertes inversiones y a los mayores, que les quedan 5 o 10 años para jubilarse, esto les frena», afirma Alicia Martínez, secretaria de Relevo Generacional y Digitalización en UPA (Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos).Noticia relacionada No No Las semillas de larga germinación de los robots agricultores María José Pérez-BarcoLos jóvenes que se incorporan al sector primario son nativos digitales, y además son la generación más formada de la historia. Un estudio de COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) destacaba que el 65% tiene estudios universitarios o como mínimo bachillerato o una FP superior. «Y tienen criterio. Con su incorporación las explotaciones aumentan de tamaño y están más profesionalizadas. Y eso ocurre porque las digitalizan y usan tecnologías avanzadas como la IA en su día a día. Además tienen más iniciativa, quieren comercializar sus productos y desarrollar su propia marca», sostiene Alicia Martínez.Son generaciones que «van de la mano con las nuevas tecnologías para gestionar una finca. Son conscientes de llevar a cabo una agricultura más sostenible y de cambiar a prácticas más respetuosas con el entorno. Y esto va unido a la tecnología. Si mides muchos indicadores con las TIC, nos da pie a manejar datos. Hay que reducir insumos, aplicar las dosis justas de fertilizante, detectar plagas y aplicar el tratamiento exacto. Las nuevas tecnologías reducen costes y rentabilizan la explotación. Las que no apliquen tecnología están abocadas a desaparecer», añade Juan Luis Fradejas, agricultor y profesor de la Escuela de Ingeniería Agrícola de la Universidad Pontificia Comillas (INEA).Los jóvenes pueden tener grandes oportunidades en el sector primario. COAG y la Escuela Técnica Superior Ingeniería Agronómica y de Montes (Etisam) de la Universidad de Córdoba han estimado que el campo español necesita un mínimo de 200.000 nuevas incorporaciones para garantizar el relevo generacional y que 6 de cada 10 agricultores entrarán en edad de jubilación en esta década. Sin embargo, no son pocas las barreras que salvar, como el acceso a la tierra. «No hay tierras y las que se venden son muy caras», cuenta Fradejas. El Ministerio de Agricultura estimaba que el precio medio de la tierra para uso agrario había aumentado 281 euros por hectárea en 2024 hasta alcanzar los 10.248 €/ha. Con una gran diferencia entre comunidades: desde los poco más de 5.000 en Castilla y León y Aragón a los más de 33.000 en Murcia.Banco de tierrasAsí que para facilitar la llegada de jóvenes al sector primario el Gobierno ha anunciado la creación de un banco de tierras y analizará 17.000 fincas rústicas propiedad del Estado para ponerlas a disposición de este colectivo. Además, propondrá en Bruselas que la nueva Política Agraria Común (ahora en revisión) destine un 10% de recursos al relevo generacional, por encima del 6% que quiere la Comisión Europea.Pero los mayores no liberan sus explotaciones. «Los que se jubilan, para tener una pensión digna necesitan un complemento, por eso prefieren seguir cultivando sus tierras», explica Alicia Martínez. «El agricultor que se jubila puede seguir cobrando las ayudas de la PAC. No está interesado en dejar su explotación. Y esto es una barrera de acceso a los jóvenes. Por eso en la reforma de la PAC hay una propuesta de la UE para suspender de manera gradual estas ayudas a los agricultores que se jubilen», cuenta Moyano.El 65% de los jóvenes que se incorporan al campo tiene estudios medios o superioresLa burocracia desencanta siempre. Los nuevos agricultores deben presentar un Plan de Empresa o de Viabilidad para tramitar su expediente de incorporación a la actividad agraria. En este documento administrativo se detallan las hectáreas, el tipo de cultivo o de ganado y la estimación de rentabilidad… Su aprobación es imprescindible para acceder a las subvenciones para la primera instalación. «Tarda un año en resolverse. Durante ese tiempo el joven paraliza su explotación, está pendiente de comprar las tierras, darse de alta como autónomo…. Y el trámite administrativo es complicado, recibe muchas inspecciones de campo, controles administrativos… La burocracia es un freno a la hora de poder instalarse», destaca Alicia Martínez. «No son suficientes estas ayudas. Hace falta una inversión muy grande y a veces no hay garantías de que conduzca a la rentabilidad», sentencia Moyano.Riesgo de inversiónAsí los que se inician en actividades agrarias o ganaderas ya tienen un vínculo con la explotación que suele ser de la familia. «Hoy para entrar en agricultura o ganadería hay que heredar una explotación. Si no hay que poner mucho dinero durante un año y estás expuesto al clima, a los precios, a que las ayudas lleguen a tiempo… Hay muchos riesgos detrás», indica Fradejas. Y más difícil lo tienen aquellos que quieren empezar desde cero.Y luego hay un estigma cultural. «La profesión agrícola y ganadera no es atractiva y se ve poco innovadora, pero esta imagen no se corresponde con la realidad. Muchos padres disuaden a sus hijos de coger el relevo», señala Moyano. «El trabajo en el campo ya no es tan duro. Y es mucho más atractivo: se trabaja con tractores con mucha tecnología y que son muy cómodos para el operador», apunta Fradejas.Aún con este panorama, hay jóvenes que salen adelante, como Lourdes Perona (ganadera y agricultora de 36 años) que ya cuenta con un currículo digno de admiración. Ha sido galardonada por la FAO por su compromiso con la sostenibilidad y la innovación en el medio rural. Pocos días antes de esta entrevista, acababa de llegar de Tayikistán donde la organización de Naciones Unidas la había invitado a exponer su experiencia ante un elenco de personalidades y representantes del mundo de la agricultura y ganadería. Es ingeniera técnica agrícola, unos estudios que cursó por consejo de su padre. La idea era profesionalizar la explotación que la familia trabajaba desde la época de su tatarabuelo. En su caso, desde su infancia, tuvo muy claro que quería vivir y dedicarse a lo que hoy se conoce como el Cortijo El Hoyo, ubicado en Valdepeñas de Jaén. Son 348 hectáreas donde pastan 400 ovejas. Gestiona otras 5 hectáreas de olivar tradicional y otras 32 de cultivo de secano.8,8% de las explotaciones agrícolas y ganaderas están dirigidas por jóvenes menores de 41 añosSu formación universitaria le proporcionó los conocimientos necesarios para instaurar prácticas agrícolas sostenibles y gestionar los recursos y técnicas de producción. «Uno de los principales gastos de la explotación eran los insumos y afectaba a la rentabilidad. Así que dividí la finca por sectores: voy rotando las ovejas de sector en sector, donde hay pastos, según la época del año o según el manejo que yo hago del ganado. Ahora apenas compro insumos», explica Perona.Lourdes Perona manejando su dron, junto a los paneles fotovoltaicos que ha instalado en la finca y una se sus ovejas con collar GPSEn su día a día, utiliza 12 collares GPS que coloca en las ovejas líderes. «Proporcionan la localización y otros datos como la temperatura. Cuando tiene exceso de calor recibo un aviso en el móvil, o cuando realizan movimientos bruscos porque se han asustado o cuando se escapan. Están muy monitorizadas. Esto me permite controlar al ganado cuando estoy realizando otras labores en el olivar». El uso de un dron le ha facilitado mayor eficiencia en su actividad y un ahorro de tiempo. «Es como un perro pastor -sonríe-. Uso el dron para manejarlas. Durante el día suelto a las ovejas y las encierro por la noche. Antes lo hacíamos andando y terminábamos de noche. Ahora con menos esfuerzo terminamos de día». En su finca ha instalado una docena de placas solares con acumuladores. «Tengo en mi casa todos los electrodomésticos, como en un piso urbano». La finca es independiente energéticamente y Perona cuenta la anécdota de que no sufrió el apagón de abril del año pasado. «Además, tengo internet por satélite».Tradición e innovación tecnológica también se dan la mano en los viñedos sostenibles y en la bodega Dominio del Noveno, en plena dehesa salmantina. Son cerca de seis hectáreas localizadas en el municipio de San Felices de los Gallegos y en Lumbrales, gestionadas por Melissa Comellas y Ángel García, dos jóvenes (31 y 35 años respectivamente) ingenieros agrónomos y enólogos. «Ángel tiene familia que viene de esta zona. Comenzamos a plantar variedades autóctonas y recuperar viejos viñedos como un hobby. Al regresar de un máster de enología en Montpellier (Francia), decidimos establecernos profesionalmente en 2020 y fuimos recuperando fincas de personas mayores que se jubilaban», comenta Comellas.El valor del datoAhora compatibilizan su trabajo en las viñas y en la bodega con su actividad como consultores en sostenibilidad y asesoramiento técnico en Madrid gracias a las nuevas tecnologías. Han instalado cinco estaciones meteorológicas en un radio de 10 kilómetros y monitorizado todas las fincas con sensores de temperatura, humedad, lluvia y viento. «Las fincas tienen diferente orientación, orografía y condiciones meteorológicas. Estas tecnologías nos permiten recopilar datos a lo largo del tiempo y priorizar acciones: cuándo va a brotar la viña, cuándo van a aparecer los racimos… Sabemos las horas que necesitamos para hacer cada uno de los trabajos. Tenemos que ser muy eficientes en el uso del tiempo. Contamos con una aplicación en el móvil que nos ofrece los datos en tiempo real e históricos de varios años con los que podemos hacer previsiones y tomar mejores decisiones. Sacamos todo el jugo a esos datos para organizar las labores», señala Comellas.Dominio del Noveno ya ha sacado al mercado tres gamas de vino. «Desde el primer momento decidimos que si montábamos una explotación agrícola tenía que ser rentable. Esto es un negocio», asegura Comellas. Y tanto. Los nuevos negocios del futuro agrícola y ganadero que los jóvenes pueden emprender en alianza con las nuevas tecnologías. Nuestro campo libra una batalla silenciosa. No solo por la subida de precios de los insumos (fertilizantes, pienso…), la sequía, fenómenos meteorológicos adversos o los vaivenes regulatorios. En un momento de transición hacia una agricultura y ganadería 4.0 y sostenible, el sector primario tiene a su disposición las herramientas más avanzadas de su historia: drones que aplican tratamientos fitosanitarios con exactitud de centímetros, sensores IoT que miden el estrés hídrico de los cultivos, sistemas de big data para predecir plagas, puertas de invernadero o electroválvulas para riego que se cierra y abren a kilómetros de distancia desde un móvil, tractores y cosechadoras con autoguiado y GPS capaces de seguir rutas predefinidas con una precisión milimétrica, collares con geolocalización para seguir al ganado… Pero apenas hay manos jóvenes para desplegar y sacar todo el partido a estas soluciones. La falta de relevo generacional está frenando la incorporación de las nuevas tecnologías y la digitalización en muchas explotaciones, lo que pone en riesgo la competitividad y rentabilidad de un sector que es estratégico para garantizar la seguridad alimentaria y que supone el 2,5% del PIB.Según el último Centro Agrario de 2020 (que se realiza cada diez años), el 41% de los jefes de explotación tiene más de 65 años. Concentran las fincas más pequeñas y de menor rentabilidad. Solo un 8,8% son jóvenes hasta 41 años, la edad que fija la Política Agraria Común (PAC) para obtener ayudas por esa condición. Claro que hay sectores donde este colectivo tiene mayor peso: en la horticultura de invernadero asciende al 21% y en las principales orientaciones ganaderas (aves y bovino) está entre el 13 y 15%. El Censo destaca que dirigen más frecuentemente explotaciones de mayor dimensión económica. «Hay un problema de relevo generacional en la agricultura del tipo tradicional (cultivos extensivos cerealistas, olivar tradicional…), pero no en la agricultura competitiva e innovadora. Hacen falta jóvenes para incentivar una agricultura de escala media y pequeña que sea competitiva y moderna», cree Eduardo Moyano, ingeniero agrónomo, sociólogo e investigador jubilado del IESA-CSIC (Instituto de Estudios Sociales Avanzados del Consejo Superior de Investigaciones Científicas).Brecha digitalEntre ambos grupos existe una tremenda brecha digital. Resulta evidente que los seniors ni han nacido con los ingenios tecnológicos que hoy día existen, ni han dispuesto de ellos a lo largo de sus vidas como ahora, lo que supone que no han tenido ocasión de desarrollar habilidades digitales nativas. Además, para un agricultor que ve el final de su vida laboral a la vuelta de la esquina, realizar una inversión de miles de euros en sensores, software de precisión o en sistemas de riego inteligente puede no resultar amortizable. «Digitalizar una explotación e incorporar nuevas tecnología requiere fuertes inversiones y a los mayores, que les quedan 5 o 10 años para jubilarse, esto les frena», afirma Alicia Martínez, secretaria de Relevo Generacional y Digitalización en UPA (Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos).Noticia relacionada No No Las semillas de larga germinación de los robots agricultores María José Pérez-BarcoLos jóvenes que se incorporan al sector primario son nativos digitales, y además son la generación más formada de la historia. Un estudio de COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) destacaba que el 65% tiene estudios universitarios o como mínimo bachillerato o una FP superior. «Y tienen criterio. Con su incorporación las explotaciones aumentan de tamaño y están más profesionalizadas. Y eso ocurre porque las digitalizan y usan tecnologías avanzadas como la IA en su día a día. Además tienen más iniciativa, quieren comercializar sus productos y desarrollar su propia marca», sostiene Alicia Martínez.Son generaciones que «van de la mano con las nuevas tecnologías para gestionar una finca. Son conscientes de llevar a cabo una agricultura más sostenible y de cambiar a prácticas más respetuosas con el entorno. Y esto va unido a la tecnología. Si mides muchos indicadores con las TIC, nos da pie a manejar datos. Hay que reducir insumos, aplicar las dosis justas de fertilizante, detectar plagas y aplicar el tratamiento exacto. Las nuevas tecnologías reducen costes y rentabilizan la explotación. Las que no apliquen tecnología están abocadas a desaparecer», añade Juan Luis Fradejas, agricultor y profesor de la Escuela de Ingeniería Agrícola de la Universidad Pontificia Comillas (INEA).Los jóvenes pueden tener grandes oportunidades en el sector primario. COAG y la Escuela Técnica Superior Ingeniería Agronómica y de Montes (Etisam) de la Universidad de Córdoba han estimado que el campo español necesita un mínimo de 200.000 nuevas incorporaciones para garantizar el relevo generacional y que 6 de cada 10 agricultores entrarán en edad de jubilación en esta década. Sin embargo, no son pocas las barreras que salvar, como el acceso a la tierra. «No hay tierras y las que se venden son muy caras», cuenta Fradejas. El Ministerio de Agricultura estimaba que el precio medio de la tierra para uso agrario había aumentado 281 euros por hectárea en 2024 hasta alcanzar los 10.248 €/ha. Con una gran diferencia entre comunidades: desde los poco más de 5.000 en Castilla y León y Aragón a los más de 33.000 en Murcia.Banco de tierrasAsí que para facilitar la llegada de jóvenes al sector primario el Gobierno ha anunciado la creación de un banco de tierras y analizará 17.000 fincas rústicas propiedad del Estado para ponerlas a disposición de este colectivo. Además, propondrá en Bruselas que la nueva Política Agraria Común (ahora en revisión) destine un 10% de recursos al relevo generacional, por encima del 6% que quiere la Comisión Europea.Pero los mayores no liberan sus explotaciones. «Los que se jubilan, para tener una pensión digna necesitan un complemento, por eso prefieren seguir cultivando sus tierras», explica Alicia Martínez. «El agricultor que se jubila puede seguir cobrando las ayudas de la PAC. No está interesado en dejar su explotación. Y esto es una barrera de acceso a los jóvenes. Por eso en la reforma de la PAC hay una propuesta de la UE para suspender de manera gradual estas ayudas a los agricultores que se jubilen», cuenta Moyano.El 65% de los jóvenes que se incorporan al campo tiene estudios medios o superioresLa burocracia desencanta siempre. Los nuevos agricultores deben presentar un Plan de Empresa o de Viabilidad para tramitar su expediente de incorporación a la actividad agraria. En este documento administrativo se detallan las hectáreas, el tipo de cultivo o de ganado y la estimación de rentabilidad… Su aprobación es imprescindible para acceder a las subvenciones para la primera instalación. «Tarda un año en resolverse. Durante ese tiempo el joven paraliza su explotación, está pendiente de comprar las tierras, darse de alta como autónomo…. Y el trámite administrativo es complicado, recibe muchas inspecciones de campo, controles administrativos… La burocracia es un freno a la hora de poder instalarse», destaca Alicia Martínez. «No son suficientes estas ayudas. Hace falta una inversión muy grande y a veces no hay garantías de que conduzca a la rentabilidad», sentencia Moyano.Riesgo de inversiónAsí los que se inician en actividades agrarias o ganaderas ya tienen un vínculo con la explotación que suele ser de la familia. «Hoy para entrar en agricultura o ganadería hay que heredar una explotación. Si no hay que poner mucho dinero durante un año y estás expuesto al clima, a los precios, a que las ayudas lleguen a tiempo… Hay muchos riesgos detrás», indica Fradejas. Y más difícil lo tienen aquellos que quieren empezar desde cero.Y luego hay un estigma cultural. «La profesión agrícola y ganadera no es atractiva y se ve poco innovadora, pero esta imagen no se corresponde con la realidad. Muchos padres disuaden a sus hijos de coger el relevo», señala Moyano. «El trabajo en el campo ya no es tan duro. Y es mucho más atractivo: se trabaja con tractores con mucha tecnología y que son muy cómodos para el operador», apunta Fradejas.Aún con este panorama, hay jóvenes que salen adelante, como Lourdes Perona (ganadera y agricultora de 36 años) que ya cuenta con un currículo digno de admiración. Ha sido galardonada por la FAO por su compromiso con la sostenibilidad y la innovación en el medio rural. Pocos días antes de esta entrevista, acababa de llegar de Tayikistán donde la organización de Naciones Unidas la había invitado a exponer su experiencia ante un elenco de personalidades y representantes del mundo de la agricultura y ganadería. Es ingeniera técnica agrícola, unos estudios que cursó por consejo de su padre. La idea era profesionalizar la explotación que la familia trabajaba desde la época de su tatarabuelo. En su caso, desde su infancia, tuvo muy claro que quería vivir y dedicarse a lo que hoy se conoce como el Cortijo El Hoyo, ubicado en Valdepeñas de Jaén. Son 348 hectáreas donde pastan 400 ovejas. Gestiona otras 5 hectáreas de olivar tradicional y otras 32 de cultivo de secano.8,8% de las explotaciones agrícolas y ganaderas están dirigidas por jóvenes menores de 41 añosSu formación universitaria le proporcionó los conocimientos necesarios para instaurar prácticas agrícolas sostenibles y gestionar los recursos y técnicas de producción. «Uno de los principales gastos de la explotación eran los insumos y afectaba a la rentabilidad. Así que dividí la finca por sectores: voy rotando las ovejas de sector en sector, donde hay pastos, según la época del año o según el manejo que yo hago del ganado. Ahora apenas compro insumos», explica Perona.Lourdes Perona manejando su dron, junto a los paneles fotovoltaicos que ha instalado en la finca y una se sus ovejas con collar GPSEn su día a día, utiliza 12 collares GPS que coloca en las ovejas líderes. «Proporcionan la localización y otros datos como la temperatura. Cuando tiene exceso de calor recibo un aviso en el móvil, o cuando realizan movimientos bruscos porque se han asustado o cuando se escapan. Están muy monitorizadas. Esto me permite controlar al ganado cuando estoy realizando otras labores en el olivar». El uso de un dron le ha facilitado mayor eficiencia en su actividad y un ahorro de tiempo. «Es como un perro pastor -sonríe-. Uso el dron para manejarlas. Durante el día suelto a las ovejas y las encierro por la noche. Antes lo hacíamos andando y terminábamos de noche. Ahora con menos esfuerzo terminamos de día». En su finca ha instalado una docena de placas solares con acumuladores. «Tengo en mi casa todos los electrodomésticos, como en un piso urbano». La finca es independiente energéticamente y Perona cuenta la anécdota de que no sufrió el apagón de abril del año pasado. «Además, tengo internet por satélite».Tradición e innovación tecnológica también se dan la mano en los viñedos sostenibles y en la bodega Dominio del Noveno, en plena dehesa salmantina. Son cerca de seis hectáreas localizadas en el municipio de San Felices de los Gallegos y en Lumbrales, gestionadas por Melissa Comellas y Ángel García, dos jóvenes (31 y 35 años respectivamente) ingenieros agrónomos y enólogos. «Ángel tiene familia que viene de esta zona. Comenzamos a plantar variedades autóctonas y recuperar viejos viñedos como un hobby. Al regresar de un máster de enología en Montpellier (Francia), decidimos establecernos profesionalmente en 2020 y fuimos recuperando fincas de personas mayores que se jubilaban», comenta Comellas.El valor del datoAhora compatibilizan su trabajo en las viñas y en la bodega con su actividad como consultores en sostenibilidad y asesoramiento técnico en Madrid gracias a las nuevas tecnologías. Han instalado cinco estaciones meteorológicas en un radio de 10 kilómetros y monitorizado todas las fincas con sensores de temperatura, humedad, lluvia y viento. «Las fincas tienen diferente orientación, orografía y condiciones meteorológicas. Estas tecnologías nos permiten recopilar datos a lo largo del tiempo y priorizar acciones: cuándo va a brotar la viña, cuándo van a aparecer los racimos… Sabemos las horas que necesitamos para hacer cada uno de los trabajos. Tenemos que ser muy eficientes en el uso del tiempo. Contamos con una aplicación en el móvil que nos ofrece los datos en tiempo real e históricos de varios años con los que podemos hacer previsiones y tomar mejores decisiones. Sacamos todo el jugo a esos datos para organizar las labores», señala Comellas.Dominio del Noveno ya ha sacado al mercado tres gamas de vino. «Desde el primer momento decidimos que si montábamos una explotación agrícola tenía que ser rentable. Esto es un negocio», asegura Comellas. Y tanto. Los nuevos negocios del futuro agrícola y ganadero que los jóvenes pueden emprender en alianza con las nuevas tecnologías.
Nuestro campo libra una batalla silenciosa. No solo por la subida de precios de los insumos (fertilizantes, pienso…), la sequía, fenómenos meteorológicos adversos o los vaivenes regulatorios. En un momento de transición hacia una agricultura y ganadería 4.0 y sostenible, el sector primario … tiene a su disposición las herramientas más avanzadas de su historia: drones que aplican tratamientos fitosanitarios con exactitud de centímetros, sensores IoT que miden el estrés hídrico de los cultivos, sistemas de big data para predecir plagas, puertas de invernadero o electroválvulas para riego que se cierra y abren a kilómetros de distancia desde un móvil, tractores y cosechadoras con autoguiado y GPS capaces de seguir rutas predefinidas con una precisión milimétrica, collares con geolocalización para seguir al ganado… Pero apenas hay manos jóvenes para desplegar y sacar todo el partido a estas soluciones. La falta de relevo generacional está frenando la incorporación de las nuevas tecnologías y la digitalización en muchas explotaciones, lo que pone en riesgo la competitividad y rentabilidad de un sector que es estratégico para garantizar la seguridad alimentaria y que supone el 2,5% del PIB.
Según el último Centro Agrario de 2020 (que se realiza cada diez años), el 41% de los jefes de explotación tiene más de 65 años. Concentran las fincas más pequeñas y de menor rentabilidad. Solo un 8,8% son jóvenes hasta 41 años, la edad que fija la Política Agraria Común (PAC) para obtener ayudas por esa condición. Claro que hay sectores donde este colectivo tiene mayor peso: en la horticultura de invernadero asciende al 21% y en las principales orientaciones ganaderas (aves y bovino) está entre el 13 y 15%. El Censo destaca que dirigen más frecuentemente explotaciones de mayor dimensión económica. «Hay un problema de relevo generacional en la agricultura del tipo tradicional (cultivos extensivos cerealistas, olivar tradicional…), pero no en la agricultura competitiva e innovadora. Hacen falta jóvenes para incentivar una agricultura de escala media y pequeña que sea competitiva y moderna», cree Eduardo Moyano, ingeniero agrónomo, sociólogo e investigador jubilado del IESA-CSIC (Instituto de Estudios Sociales Avanzados del Consejo Superior de Investigaciones Científicas).
Brecha digital
Entre ambos grupos existe una tremenda brecha digital. Resulta evidente que los seniors ni han nacido con los ingenios tecnológicos que hoy día existen, ni han dispuesto de ellos a lo largo de sus vidas como ahora, lo que supone que no han tenido ocasión de desarrollar habilidades digitales nativas. Además, para un agricultor que ve el final de su vida laboral a la vuelta de la esquina, realizar una inversión de miles de euros en sensores, software de precisión o en sistemas de riego inteligente puede no resultar amortizable. «Digitalizar una explotación e incorporar nuevas tecnología requiere fuertes inversiones y a los mayores, que les quedan 5 o 10 años para jubilarse, esto les frena», afirma Alicia Martínez, secretaria de Relevo Generacional y Digitalización en UPA (Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos).
Los jóvenes que se incorporan al sector primario son nativos digitales, y además son la generación más formada de la historia. Un estudio de COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) destacaba que el 65% tiene estudios universitarios o como mínimo bachillerato o una FP superior. «Y tienen criterio. Con su incorporación las explotaciones aumentan de tamaño y están más profesionalizadas. Y eso ocurre porque las digitalizan y usan tecnologías avanzadas como la IA en su día a día. Además tienen más iniciativa, quieren comercializar sus productos y desarrollar su propia marca», sostiene Alicia Martínez.
Son generaciones que «van de la mano con las nuevas tecnologías para gestionar una finca. Son conscientes de llevar a cabo una agricultura más sostenible y de cambiar a prácticas más respetuosas con el entorno. Y esto va unido a la tecnología. Si mides muchos indicadores con las TIC, nos da pie a manejar datos. Hay que reducir insumos, aplicar las dosis justas de fertilizante, detectar plagas y aplicar el tratamiento exacto. Las nuevas tecnologías reducen costes y rentabilizan la explotación. Las que no apliquen tecnología están abocadas a desaparecer», añade Juan Luis Fradejas, agricultor y profesor de la Escuela de Ingeniería Agrícola de la Universidad Pontificia Comillas (INEA).
Los jóvenes pueden tener grandes oportunidades en el sector primario. COAG y la Escuela Técnica Superior Ingeniería Agronómica y de Montes (Etisam) de la Universidad de Córdoba han estimado que el campo español necesita un mínimo de 200.000 nuevas incorporaciones para garantizar el relevo generacional y que 6 de cada 10 agricultores entrarán en edad de jubilación en esta década. Sin embargo, no son pocas las barreras que salvar, como el acceso a la tierra. «No hay tierras y las que se venden son muy caras», cuenta Fradejas. El Ministerio de Agricultura estimaba que el precio medio de la tierra para uso agrario había aumentado 281 euros por hectárea en 2024 hasta alcanzar los 10.248 €/ha. Con una gran diferencia entre comunidades: desde los poco más de 5.000 en Castilla y León y Aragón a los más de 33.000 en Murcia.
Banco de tierras
Así que para facilitar la llegada de jóvenes al sector primario el Gobierno ha anunciado la creación de un banco de tierras y analizará 17.000 fincas rústicas propiedad del Estado para ponerlas a disposición de este colectivo. Además, propondrá en Bruselas que la nueva Política Agraria Común (ahora en revisión) destine un 10% de recursos al relevo generacional, por encima del 6% que quiere la Comisión Europea.
Pero los mayores no liberan sus explotaciones. «Los que se jubilan, para tener una pensión digna necesitan un complemento, por eso prefieren seguir cultivando sus tierras», explica Alicia Martínez. «El agricultor que se jubila puede seguir cobrando las ayudas de la PAC. No está interesado en dejar su explotación. Y esto es una barrera de acceso a los jóvenes. Por eso en la reforma de la PAC hay una propuesta de la UE para suspender de manera gradual estas ayudas a los agricultores que se jubilen», cuenta Moyano.
El 65% de los jóvenes que se incorporan al campo tiene estudios medios o superiores
La burocracia desencanta siempre. Los nuevos agricultores deben presentar un Plan de Empresa o de Viabilidad para tramitar su expediente de incorporación a la actividad agraria. En este documento administrativo se detallan las hectáreas, el tipo de cultivo o de ganado y la estimación de rentabilidad… Su aprobación es imprescindible para acceder a las subvenciones para la primera instalación. «Tarda un año en resolverse. Durante ese tiempo el joven paraliza su explotación, está pendiente de comprar las tierras, darse de alta como autónomo…. Y el trámite administrativo es complicado, recibe muchas inspecciones de campo, controles administrativos… La burocracia es un freno a la hora de poder instalarse», destaca Alicia Martínez. «No son suficientes estas ayudas. Hace falta una inversión muy grande y a veces no hay garantías de que conduzca a la rentabilidad», sentencia Moyano.
Riesgo de inversión
Así los que se inician en actividades agrarias o ganaderas ya tienen un vínculo con la explotación que suele ser de la familia. «Hoy para entrar en agricultura o ganadería hay que heredar una explotación. Si no hay que poner mucho dinero durante un año y estás expuesto al clima, a los precios, a que las ayudas lleguen a tiempo… Hay muchos riesgos detrás», indica Fradejas. Y más difícil lo tienen aquellos que quieren empezar desde cero.
Y luego hay un estigma cultural. «La profesión agrícola y ganadera no es atractiva y se ve poco innovadora, pero esta imagen no se corresponde con la realidad. Muchos padres disuaden a sus hijos de coger el relevo», señala Moyano. «El trabajo en el campo ya no es tan duro. Y es mucho más atractivo: se trabaja con tractores con mucha tecnología y que son muy cómodos para el operador», apunta Fradejas.
Aún con este panorama, hay jóvenes que salen adelante, como Lourdes Perona (ganadera y agricultora de 36 años) que ya cuenta con un currículo digno de admiración. Ha sido galardonada por la FAO por su compromiso con la sostenibilidad y la innovación en el medio rural. Pocos días antes de esta entrevista, acababa de llegar de Tayikistán donde la organización de Naciones Unidas la había invitado a exponer su experiencia ante un elenco de personalidades y representantes del mundo de la agricultura y ganadería. Es ingeniera técnica agrícola, unos estudios que cursó por consejo de su padre. La idea era profesionalizar la explotación que la familia trabajaba desde la época de su tatarabuelo. En su caso, desde su infancia, tuvo muy claro que quería vivir y dedicarse a lo que hoy se conoce como el Cortijo El Hoyo, ubicado en Valdepeñas de Jaén. Son 348 hectáreas donde pastan 400 ovejas. Gestiona otras 5 hectáreas de olivar tradicional y otras 32 de cultivo de secano.
8,8%
de las explotaciones agrícolas y ganaderas están dirigidas por jóvenes menores de 41 años
Su formación universitaria le proporcionó los conocimientos necesarios para instaurar prácticas agrícolas sostenibles y gestionar los recursos y técnicas de producción. «Uno de los principales gastos de la explotación eran los insumos y afectaba a la rentabilidad. Así que dividí la finca por sectores: voy rotando las ovejas de sector en sector, donde hay pastos, según la época del año o según el manejo que yo hago del ganado. Ahora apenas compro insumos», explica Perona.
En su día a día, utiliza 12 collares GPS que coloca en las ovejas líderes. «Proporcionan la localización y otros datos como la temperatura. Cuando tiene exceso de calor recibo un aviso en el móvil, o cuando realizan movimientos bruscos porque se han asustado o cuando se escapan. Están muy monitorizadas. Esto me permite controlar al ganado cuando estoy realizando otras labores en el olivar». El uso de un dron le ha facilitado mayor eficiencia en su actividad y un ahorro de tiempo. «Es como un perro pastor -sonríe-. Uso el dron para manejarlas. Durante el día suelto a las ovejas y las encierro por la noche. Antes lo hacíamos andando y terminábamos de noche. Ahora con menos esfuerzo terminamos de día». En su finca ha instalado una docena de placas solares con acumuladores. «Tengo en mi casa todos los electrodomésticos, como en un piso urbano». La finca es independiente energéticamente y Perona cuenta la anécdota de que no sufrió el apagón de abril del año pasado. «Además, tengo internet por satélite».
Tradición e innovación tecnológica también se dan la mano en los viñedos sostenibles y en la bodega Dominio del Noveno, en plena dehesa salmantina. Son cerca de seis hectáreas localizadas en el municipio de San Felices de los Gallegos y en Lumbrales, gestionadas por Melissa Comellas y Ángel García, dos jóvenes (31 y 35 años respectivamente) ingenieros agrónomos y enólogos. «Ángel tiene familia que viene de esta zona. Comenzamos a plantar variedades autóctonas y recuperar viejos viñedos como un hobby. Al regresar de un máster de enología en Montpellier (Francia), decidimos establecernos profesionalmente en 2020 y fuimos recuperando fincas de personas mayores que se jubilaban», comenta Comellas.
El valor del dato
Ahora compatibilizan su trabajo en las viñas y en la bodega con su actividad como consultores en sostenibilidad y asesoramiento técnico en Madrid gracias a las nuevas tecnologías. Han instalado cinco estaciones meteorológicas en un radio de 10 kilómetros y monitorizado todas las fincas con sensores de temperatura, humedad, lluvia y viento. «Las fincas tienen diferente orientación, orografía y condiciones meteorológicas. Estas tecnologías nos permiten recopilar datos a lo largo del tiempo y priorizar acciones: cuándo va a brotar la viña, cuándo van a aparecer los racimos… Sabemos las horas que necesitamos para hacer cada uno de los trabajos. Tenemos que ser muy eficientes en el uso del tiempo. Contamos con una aplicación en el móvil que nos ofrece los datos en tiempo real e históricos de varios años con los que podemos hacer previsiones y tomar mejores decisiones. Sacamos todo el jugo a esos datos para organizar las labores», señala Comellas.
Dominio del Noveno ya ha sacado al mercado tres gamas de vino. «Desde el primer momento decidimos que si montábamos una explotación agrícola tenía que ser rentable. Esto es un negocio», asegura Comellas. Y tanto. Los nuevos negocios del futuro agrícola y ganadero que los jóvenes pueden emprender en alianza con las nuevas tecnologías.
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