Hay tardes en las que una plaza cambia de acento. Ocurrió este domingo en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Bajo un calor más propio del verano que de finales de mayo, los tendidos registraron una entrada de poco menos de media plaza, aunque el ambiente tuvo aroma de gran cita. Numerosos aficionados llegados desde Jerez de la Frontera acompañaron a López Peregrino en una comparecencia fundamental para su carrera. Por momentos, Sevilla se hizo Jerez. Y en ese escenario apareció un torero dispuesto a ganarse definitivamente el respeto de la afición sevillana.La novillada de Guadaira dejó además una magnífica impresión. Muy seria de presentación, con varios ejemplares de hechuras y cuajo impropios de una novillada, el hierro de la familia Cañaveral volvió a demostrar el buen momento que atraviesa. El juego fue desigual, pero siempre interesante, destacando por encima de todos un extraordinario cuarto novillo que terminó convirtiéndose en el gran protagonista ganadero de la función. Un animal que justificó por sí solo la tarde y que confirmó el gran trabajo que viene realizando la casa ganadera.Aquel cuarto apuntó algunas cosas de manso en los primeros compases, mirando tablas en determinados momentos, escarbando y obligando a entender perfectamente sus condiciones. Sin embargo, conforme avanzó la lidia fue sacando un fondo extraordinario de bravura, casta y calidad. Lo que parecía incertidumbre terminó convirtiéndose en una embestida de enorme categoría. López Peregrino, hijo del cuerpo, lo entendió desde el primer momento.Tras brindar a su hermana, a la que le dio las gracias por «entender a los toreros», comenzó una faena con el cartucho de pescado que fue creciendo sin pausa. Muy pronto sonó la música y la plaza entendió que estaba ocurriendo algo importante. El jerezano encontró especialmente por el pitón izquierdo el camino hacia el triunfo. Allí surgieron naturales largos, profundos y cargados de sabor. Muletazos rematados detrás de la cadera, llevando siempre al novillo muy toreado y sin brusquedades. Hubo gusto, personalidad y una forma de interpretar el toreo que conecta de manera especial con plazas como Sevilla y Jerez.Lo mejor de la actuación no fueron únicamente los mueltazos al novillo de nombre «Cobrador», sino el conjunto. La sensación permanente de gobierno, de naturalidad y de conocimiento de las distancias. Peregrino supo entender cuándo exigir al novillo y cuándo acompañarlo. La obra se cimentó fundamentalmente sobre la mano izquierda, aunque también dejó una importante serie sobre la diestra cuando el animal terminó de romper hacia adelante. Una buena estocada en los medios puso el broche a una actuación que muchos entendimos merecedora de dos orejas. El palco dejó el premio en una sola, pero el triunfo moral fue mucho mayor que el reflejado en la estadística.Curiosamente, el primero de su lote apenas dejó entrever lo que estaba por llegar. Frente a un novillo de menor transmisión y más limitado en sus prestaciones, López Peregrino mostró ya las bases de su concepto. Intentó siempre torear despacio, buscando el temple y el buen gusto por ambos pitones. El animal nunca terminó de romper hacia adelante ni de ofrecer la emoción necesaria para alcanzar mayores cotas. Aun así, el jerezano dejó detalles de calidad, especialmente sobre la mano derecha, y una firme voluntad de apostar siempre por el toreo de expresión.Novillada Real Maestranza de Sevilla Domingo, 31 de mayo de 2026. 19ª de abono. Algo menos de media plaza en tarde muy calurosa. Novillos de Guadaira, muy bien presentados, con cuajo y seriedad, algunos de hechuras propias de corrida de toros. Juego desigual pero interesante. Destacó de manera sobresaliente el 4º, «Cobrador», bravo, encastado y de gran clase. Se dejaron también 3º y 6º. Más limitados 1º, 2º y 5º. López Peregrino, de purísima y oro: estocada desprendida y tres descabellos (silencio); gran estocada en los medios (oreja). Martín Morilla, de verde esperanza y oro: dos pinchazos hondos (silencio); pinchazo, media estocada y descabello tras aviso (silencio). Ruiz de Velasco, de azul baratillo y oro: estocada trasera y descabello (vuelta al ruedo tras petición); estocada baja (ovación tras petición). Se desmonteraron Daniel Duarte y Fernando Pérez tras parear al cuarto de la tarde.También salió muy reforzado de la tarde Ruiz de Velasco. El burgalés confirmó las excelentes referencias que le acompañan y dejó momentos de enorme interés en sus dos comparecencias. Curiosamente, los dos grandes nombres propios del festejo compartían una condición poco habitual en los ruedos. Tanto López Peregrino como Ruiz de Velasco son ingenieros. Dos jóvenes formados en las aulas que este domingo demostraron en la Maestranza que el rigor de los estudios es perfectamente compatible con la sensibilidad necesaria para interpretar el toreo.Con el tercero protagonizó probablemente la otra gran faena del festejo. Ya desde el capote se apreciaron las formas de un torero de gusto. La faena de muleta tuvo especial brillo al natural. Ruiz de Velasco toreó despacio, dejando respirar al novillo y llevándolo muy cosido a los engaños. Fueron muletazos de notable expresión estética, cargados de suavidad y torería. La petición de oreja desembocó finalmente en una vuelta al ruedo que reconocía una labor de enorme contenido.El sexto tuvo menos opciones, especialmente por el pitón izquierdo, donde el animal apenas quiso colaborar. Sin embargo, el burgalés volvió a demostrar concepto y capacidad. Lo mejor llegó por la mano derecha, siempre intentando bajar la mano y torear con largura. La ovación tras petición cerró una tarde muy importante para él.La peor suerte del sorteo correspondió a Martín Morilla. El sevillano se encontró con el lote menos potable de la novillada. El segundo al que recibió bien a la verónica acusó muy pronto la pelea en varas y llegó a la muleta prácticamente desfondado. Morilla dejó algunos muletazos estimables antes de que la embestida se agotara definitivamente. El quinto tampoco ofreció opciones reales de triunfo. Fue un animal de escasa transmisión y recorrido muy limitado. Aun así, el de Morón de la Frontera mantuvo siempre la disposición y el deseo de agradar, aunque las posibilidades fueron mínimas.Al final, la función dejó varios nombres propios. Guadaira, por la seriedad de una novillada muy bien presentada y por el extraordinario cuarto ejemplar. Ruiz de Velasco, por confirmar que posee argumentos para seguir creciendo. Y, por encima de todos, López Peregrino. Porque más allá de una oreja, el jerezano consiguió algo mucho más difícil en Sevilla: el crédito de la afición. Y cuando la Maestranza concede ese aval, el futuro suele comenzar a escribirse de otra manera. Hay tardes en las que una plaza cambia de acento. Ocurrió este domingo en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Bajo un calor más propio del verano que de finales de mayo, los tendidos registraron una entrada de poco menos de media plaza, aunque el ambiente tuvo aroma de gran cita. Numerosos aficionados llegados desde Jerez de la Frontera acompañaron a López Peregrino en una comparecencia fundamental para su carrera. Por momentos, Sevilla se hizo Jerez. Y en ese escenario apareció un torero dispuesto a ganarse definitivamente el respeto de la afición sevillana.La novillada de Guadaira dejó además una magnífica impresión. Muy seria de presentación, con varios ejemplares de hechuras y cuajo impropios de una novillada, el hierro de la familia Cañaveral volvió a demostrar el buen momento que atraviesa. El juego fue desigual, pero siempre interesante, destacando por encima de todos un extraordinario cuarto novillo que terminó convirtiéndose en el gran protagonista ganadero de la función. Un animal que justificó por sí solo la tarde y que confirmó el gran trabajo que viene realizando la casa ganadera.Aquel cuarto apuntó algunas cosas de manso en los primeros compases, mirando tablas en determinados momentos, escarbando y obligando a entender perfectamente sus condiciones. Sin embargo, conforme avanzó la lidia fue sacando un fondo extraordinario de bravura, casta y calidad. Lo que parecía incertidumbre terminó convirtiéndose en una embestida de enorme categoría. López Peregrino, hijo del cuerpo, lo entendió desde el primer momento.Tras brindar a su hermana, a la que le dio las gracias por «entender a los toreros», comenzó una faena con el cartucho de pescado que fue creciendo sin pausa. Muy pronto sonó la música y la plaza entendió que estaba ocurriendo algo importante. El jerezano encontró especialmente por el pitón izquierdo el camino hacia el triunfo. Allí surgieron naturales largos, profundos y cargados de sabor. Muletazos rematados detrás de la cadera, llevando siempre al novillo muy toreado y sin brusquedades. Hubo gusto, personalidad y una forma de interpretar el toreo que conecta de manera especial con plazas como Sevilla y Jerez.Lo mejor de la actuación no fueron únicamente los mueltazos al novillo de nombre «Cobrador», sino el conjunto. La sensación permanente de gobierno, de naturalidad y de conocimiento de las distancias. Peregrino supo entender cuándo exigir al novillo y cuándo acompañarlo. La obra se cimentó fundamentalmente sobre la mano izquierda, aunque también dejó una importante serie sobre la diestra cuando el animal terminó de romper hacia adelante. Una buena estocada en los medios puso el broche a una actuación que muchos entendimos merecedora de dos orejas. El palco dejó el premio en una sola, pero el triunfo moral fue mucho mayor que el reflejado en la estadística.Curiosamente, el primero de su lote apenas dejó entrever lo que estaba por llegar. Frente a un novillo de menor transmisión y más limitado en sus prestaciones, López Peregrino mostró ya las bases de su concepto. Intentó siempre torear despacio, buscando el temple y el buen gusto por ambos pitones. El animal nunca terminó de romper hacia adelante ni de ofrecer la emoción necesaria para alcanzar mayores cotas. Aun así, el jerezano dejó detalles de calidad, especialmente sobre la mano derecha, y una firme voluntad de apostar siempre por el toreo de expresión.Novillada Real Maestranza de Sevilla Domingo, 31 de mayo de 2026. 19ª de abono. Algo menos de media plaza en tarde muy calurosa. Novillos de Guadaira, muy bien presentados, con cuajo y seriedad, algunos de hechuras propias de corrida de toros. Juego desigual pero interesante. Destacó de manera sobresaliente el 4º, «Cobrador», bravo, encastado y de gran clase. Se dejaron también 3º y 6º. Más limitados 1º, 2º y 5º. López Peregrino, de purísima y oro: estocada desprendida y tres descabellos (silencio); gran estocada en los medios (oreja). Martín Morilla, de verde esperanza y oro: dos pinchazos hondos (silencio); pinchazo, media estocada y descabello tras aviso (silencio). Ruiz de Velasco, de azul baratillo y oro: estocada trasera y descabello (vuelta al ruedo tras petición); estocada baja (ovación tras petición). Se desmonteraron Daniel Duarte y Fernando Pérez tras parear al cuarto de la tarde.También salió muy reforzado de la tarde Ruiz de Velasco. El burgalés confirmó las excelentes referencias que le acompañan y dejó momentos de enorme interés en sus dos comparecencias. Curiosamente, los dos grandes nombres propios del festejo compartían una condición poco habitual en los ruedos. Tanto López Peregrino como Ruiz de Velasco son ingenieros. Dos jóvenes formados en las aulas que este domingo demostraron en la Maestranza que el rigor de los estudios es perfectamente compatible con la sensibilidad necesaria para interpretar el toreo.Con el tercero protagonizó probablemente la otra gran faena del festejo. Ya desde el capote se apreciaron las formas de un torero de gusto. La faena de muleta tuvo especial brillo al natural. Ruiz de Velasco toreó despacio, dejando respirar al novillo y llevándolo muy cosido a los engaños. Fueron muletazos de notable expresión estética, cargados de suavidad y torería. La petición de oreja desembocó finalmente en una vuelta al ruedo que reconocía una labor de enorme contenido.El sexto tuvo menos opciones, especialmente por el pitón izquierdo, donde el animal apenas quiso colaborar. Sin embargo, el burgalés volvió a demostrar concepto y capacidad. Lo mejor llegó por la mano derecha, siempre intentando bajar la mano y torear con largura. La ovación tras petición cerró una tarde muy importante para él.La peor suerte del sorteo correspondió a Martín Morilla. El sevillano se encontró con el lote menos potable de la novillada. El segundo al que recibió bien a la verónica acusó muy pronto la pelea en varas y llegó a la muleta prácticamente desfondado. Morilla dejó algunos muletazos estimables antes de que la embestida se agotara definitivamente. El quinto tampoco ofreció opciones reales de triunfo. Fue un animal de escasa transmisión y recorrido muy limitado. Aun así, el de Morón de la Frontera mantuvo siempre la disposición y el deseo de agradar, aunque las posibilidades fueron mínimas.Al final, la función dejó varios nombres propios. Guadaira, por la seriedad de una novillada muy bien presentada y por el extraordinario cuarto ejemplar. Ruiz de Velasco, por confirmar que posee argumentos para seguir creciendo. Y, por encima de todos, López Peregrino. Porque más allá de una oreja, el jerezano consiguió algo mucho más difícil en Sevilla: el crédito de la afición. Y cuando la Maestranza concede ese aval, el futuro suele comenzar a escribirse de otra manera.
Hay tardes en las que una plaza cambia de acento. Ocurrió este domingo en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Bajo un calor más propio del verano que de finales de mayo, los tendidos registraron una entrada de poco menos de media plaza, aunque … el ambiente tuvo aroma de gran cita. Numerosos aficionados llegados desde Jerez de la Frontera acompañaron a López Peregrino en una comparecencia fundamental para su carrera. Por momentos, Sevilla se hizo Jerez. Y en ese escenario apareció un torero dispuesto a ganarse definitivamente el respeto de la afición sevillana.
La novillada de Guadaira dejó además una magnífica impresión. Muy seria de presentación, con varios ejemplares de hechuras y cuajo impropios de una novillada, el hierro de la familia Cañaveral volvió a demostrar el buen momento que atraviesa. El juego fue desigual, pero siempre interesante, destacando por encima de todos un extraordinario cuarto novillo que terminó convirtiéndose en el gran protagonista ganadero de la función. Un animal que justificó por sí solo la tarde y que confirmó el gran trabajo que viene realizando la casa ganadera.
Aquel cuarto apuntó algunas cosas de manso en los primeros compases, mirando tablas en determinados momentos, escarbando y obligando a entender perfectamente sus condiciones. Sin embargo, conforme avanzó la lidia fue sacando un fondo extraordinario de bravura, casta y calidad. Lo que parecía incertidumbre terminó convirtiéndose en una embestida de enorme categoría. López Peregrino, hijo del cuerpo, lo entendió desde el primer momento.
Tras brindar a su hermana, a la que le dio las gracias por «entender a los toreros», comenzó una faena con el cartucho de pescado que fue creciendo sin pausa. Muy pronto sonó la música y la plaza entendió que estaba ocurriendo algo importante. El jerezano encontró especialmente por el pitón izquierdo el camino hacia el triunfo. Allí surgieron naturales largos, profundos y cargados de sabor. Muletazos rematados detrás de la cadera, llevando siempre al novillo muy toreado y sin brusquedades. Hubo gusto, personalidad y una forma de interpretar el toreo que conecta de manera especial con plazas como Sevilla y Jerez.
Lo mejor de la actuación no fueron únicamente los mueltazos al novillo de nombre «Cobrador», sino el conjunto. La sensación permanente de gobierno, de naturalidad y de conocimiento de las distancias. Peregrino supo entender cuándo exigir al novillo y cuándo acompañarlo. La obra se cimentó fundamentalmente sobre la mano izquierda, aunque también dejó una importante serie sobre la diestra cuando el animal terminó de romper hacia adelante. Una buena estocada en los medios puso el broche a una actuación que muchos entendimos merecedora de dos orejas. El palco dejó el premio en una sola, pero el triunfo moral fue mucho mayor que el reflejado en la estadística.
Curiosamente, el primero de su lote apenas dejó entrever lo que estaba por llegar. Frente a un novillo de menor transmisión y más limitado en sus prestaciones, López Peregrino mostró ya las bases de su concepto. Intentó siempre torear despacio, buscando el temple y el buen gusto por ambos pitones. El animal nunca terminó de romper hacia adelante ni de ofrecer la emoción necesaria para alcanzar mayores cotas. Aun así, el jerezano dejó detalles de calidad, especialmente sobre la mano derecha, y una firme voluntad de apostar siempre por el toreo de expresión.
Novillada
-
Real Maestranza de Sevilla
Domingo, 31 de mayo de 2026. 20ª de abono. Algo menos de media plaza en tarde muy calurosa. Novillos de Guadaira, muy bien presentados, con cuajo y seriedad, algunos de hechuras propias de corrida de toros. Juego desigual pero interesante. Destacó de manera sobresaliente el 4º, «Cobrador», bravo, encastado y de gran clase. Se dejaron también 3º y 6º. Más limitados 1º, 2º y 5º.
-
López Peregrino,
de purísima y oro: estocada desprendida y tres descabellos (silencio); gran estocada en los medios (oreja). -
Martín Morilla,
de verde esperanza y oro: dos pinchazos hondos (silencio); pinchazo, media estocada y descabello tras aviso (silencio). -
Ruiz de Velasco,
de azul baratillo y oro: estocada trasera y descabello (vuelta al ruedo tras petición); estocada baja (ovación tras petición).
-
También salió muy reforzado de la tarde Ruiz de Velasco. El burgalés confirmó las excelentes referencias que le acompañan y dejó momentos de enorme interés en sus dos comparecencias. Curiosamente, los dos grandes nombres propios del festejo compartían una condición poco habitual en los ruedos. Tanto López Peregrino como Ruiz de Velasco son ingenieros. Dos jóvenes formados en las aulas que este domingo demostraron en la Maestranza que el rigor de los estudios es perfectamente compatible con la sensibilidad necesaria para interpretar el toreo.
Con el tercero protagonizó probablemente la otra gran faena del festejo. Ya desde el capote se apreciaron las formas de un torero de gusto. La faena de muleta tuvo especial brillo al natural. Ruiz de Velasco toreó despacio, dejando respirar al novillo y llevándolo muy cosido a los engaños. Fueron muletazos de notable expresión estética, cargados de suavidad y torería. La petición de oreja desembocó finalmente en una vuelta al ruedo que reconocía una labor de enorme contenido.
El sexto tuvo menos opciones, especialmente por el pitón izquierdo, donde el animal apenas quiso colaborar. Sin embargo, el burgalés volvió a demostrar concepto y capacidad. Lo mejor llegó por la mano derecha, siempre intentando bajar la mano y torear con largura. La ovación tras petición cerró una tarde muy importante para él.
La peor suerte del sorteo correspondió a Martín Morilla. El sevillano se encontró con el lote menos potable de la novillada. El segundo al que recibió bien a la verónica acusó muy pronto la pelea en varas y llegó a la muleta prácticamente desfondado. Morilla dejó algunos muletazos estimables antes de que la embestida se agotara definitivamente. El quinto tampoco ofreció opciones reales de triunfo. Fue un animal de escasa transmisión y recorrido muy limitado. Aun así, el de Morón de la Frontera mantuvo siempre la disposición y el deseo de agradar, aunque las posibilidades fueron mínimas.
Al final, la función dejó varios nombres propios. Guadaira, por la seriedad de una novillada muy bien presentada y por el extraordinario cuarto ejemplar. Ruiz de Velasco, por confirmar que posee argumentos para seguir creciendo. Y, por encima de todos, López Peregrino. Porque más allá de una oreja, el jerezano consiguió algo mucho más difícil en Sevilla: el crédito de la afición. Y cuando la Maestranza concede ese aval, el futuro suele comenzar a escribirse de otra manera.
RSS de noticias de cultura
