Advierte Miguel Falomir, director del Prado, que hay exposiciones mejores, peores, excelentes…, pero que a él las que más le interesan son las necesarias. Una de ellas es ‘A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo (1320-1420)’ , la primera gran exposición del año en la pinacoteca. El Trecento italiano es una de las lagunas en las colecciones del Prado. Un arte al que no se presó demasiada atención hasta el siglo XIX. Los museos provinciales de ciudades como Valencia, Barcelona o Toledo sí atesoran piezas importantes gracias a la desamortización de iglesias y conventos. El Metropolitan neoyorquino y la National Gallery de Londres exhibieron recientemente ‘Siena. El auge de la pintura, 1300-1350’, pero el arte hispano no aparecía por ningún lado. ‘Frontal de la Pasión’, de Geri Lapi. Bordado de sedas policromadas e hilos de oro y plata sobre tela de lino, h. 1346-50. Basílica de Santa Maria de la Seu de Manresa. Bisbat de VicEn este caso, el comisario, Joan Molina, jefe de la colección de pintura europea hasta 1500 del Prado, ha llevado a cabo un ambicioso proyecto, en el que ha estado embarcado más de tres años. Aborda cómo hubo un importante flujo de artistas, clientes y obras de arte de Italia hacia la Península Ibérica en el siglo XIV -por motivos comerciales, políticos, religiosos o diplomáticos-, que transformó la forma de pintar en los reinos hispanos. Llegaron procedentes de Italia a Cataluña, Aragón, Valencia o Mallorca maestros como Lupo di Francesco, Barnaba da Modena, Andrea di Petruccio o Geri Lapi. Son la ‘precuela’ del arte del Renacimiento. Hay miradas cruzadas con artistas españoles como los Bassa (Ferrer y Arnau), los hermanos Serra, Pedro de Córdoba o Miquel Alcañiz, que asimilaron una sofisticación técnica, una estética renovadora , en la que hay una riqueza cromática. ¿Quién dijo que la Edad Media fue una época oscura? Además, destacan la iconografía, la tridimensionalidad, el dinamismo narrativo y las técnicas de la pintura polimatérica: el uso de pigmentos y el oro . «No es una técnica ornamental, sino una estrategia estética, simbólica y óptica», explica Molina. Es el caso de una ‘Santa Lucía’ del ‘Retablo de San Julián y Santa Lucía’ del convento del Santo Sepulcro de Zaragoza, que no está pintada, sino dorada. Noticia relacionada general No No ABC Cultural / Número 1.711 Con Leila Slimani en el Museo del Prado. Centenario del Lyceum Club Femenino ABC CulturalPero los artistas hispanos no copiaron sin más los modelos italianos, sino que los reformularon. El resultado fue un lenguaje visual híbrido y de gran originalidad , y obras de naturaleza mestiza. Esta apasionante historia se ilustra en la exposición a través de un centenar de piezas (pintura, escultura, orfebrería, manuscritos iluminados, dibujos, bordados, tejidos de seda…), cedidas por 31 instituciones españolas y 25 extranjeras. Las paredes se han pintado de un intenso azul gótico, que acentúa los colores y dorados de las piezas. Para imitar los tejidos lujosos (había un comercio pujante de sedas con hilos de oro), algunos artistas usan el esgrafiado (doran, pintan encima y con un estilete recuperan el dorado). Así lo hizo Pere Serra en ‘San Bartolomé y San Bernardo’, del Museo Episcopal de Vic.’Retablo de San Julián y Santa Lucía’, de Pere y Jaume Serra. Temple y pan de oro sobre tabla, h. 1384-85. Zaragoza, Monasterio de la Resurrección, Canonesas del Santo SepulcroEntre los tesoros de la muestra , espléndidas obras como ‘La Virgen de la humildad’, de Starnina, préstamo del Cleveland Museum of Art; el ‘Políptico Morgan’ (Escenas de la vida de Cristo, la Virgen y los santos), de Ferrer Bassa, de la Morgan Library de Nueva York -en una curiosa escena aparece un Cristo desnudo, mientras la Virgen porta en su mano el paño de pureza-; la ‘Trinidad’, también de Starnina, incorporada hace unos meses a la Galería Nacional de Sicilia de Palermo; un importante pergamino iluminado cedido por la Biblioteca Nacional de Francia o el ‘Frontal de la Pasión’, de Geri Lapi, préstamo de la Seu de Manresa: una exquisita pieza bordada de sedas policromadas con hilos de oro y plata. Falomir confiesa que es su pieza favorita. Al final de la exposición se da una vuelta de tuerca : ‘A la manera de Italia’ se torna ‘A la manera de España’ , cerrando así el círculo. La tesis que sostiene Joan Molina es que cuando los artistas italianos regresan a su país, tras su paso por España, llevan consigo una mochila: también en ellos había permeado el arte hispano. El mejor ejemplo es el toscano Gherardo Starnina . Tras su paso por Toledo y Valencia, regresa a Florencia en 1402, donde agita la escena artística con el lenguaje tardogótico valenciano. Dice Vasari en sus ‘Vidas’ que Starnina, cuando se marchó de Italia «era muy rudo y tosco y en España aprendió a ser gentil y cortés». Cierra la exposición ‘La Virgen de la Granada’, de Fra Angelico, del Prado.Esta exposición ha supuesto un gran desafío logístico: 56 prestadores, 21 restauraciones y un coste de casi tres millones de euros«Las fronteras del arte no son estancas, son permeables. La historia del arte es un juego de espejos», advierte Joan Molina. Para él, esta es « una exposición anti-Prado ». En este museo los protagonistas son óleos sobre lienzo de maestros como Tiziano, Rubens, Velázquez, Goya o Fortuny. Un emocionadísimo Joan Molina explicaba este viernes, ante un auditorio que le dio una cerrada ovación, que es uno de los proyectos más complejos llevados a cabo por el Prado. «Ha habido que sortear unos desafíos logísticos extraordinarios », advierte Falomir. No es fácil conseguir, transportar y montar préstamos de piezas del siglo XIV, tan frágiles, muchas de las cuales salen de catedrales, iglesias y conventos. Algunas, por vez primera. Se han establecido nuevas atribuciones. Además, 21 obras han sido restauradas por el museo, como ‘San Simón’ y ‘San Mateo’, de Starnina, de la catedral de Toledo, que lucen espléndidos. El esfuerzo también ha sido económico. La muestra, patrocinada por la Fundación BBVA, ha costado 1.287.225 euros . A partir de ahora, el Prado hará público el coste de sus exposiciones. Transparencia obliga. Lo más caro, el transporte. Del seguro de las piezas se ha ocupado la garantía del Estado. Advierte Miguel Falomir, director del Prado, que hay exposiciones mejores, peores, excelentes…, pero que a él las que más le interesan son las necesarias. Una de ellas es ‘A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo (1320-1420)’ , la primera gran exposición del año en la pinacoteca. El Trecento italiano es una de las lagunas en las colecciones del Prado. Un arte al que no se presó demasiada atención hasta el siglo XIX. Los museos provinciales de ciudades como Valencia, Barcelona o Toledo sí atesoran piezas importantes gracias a la desamortización de iglesias y conventos. El Metropolitan neoyorquino y la National Gallery de Londres exhibieron recientemente ‘Siena. El auge de la pintura, 1300-1350’, pero el arte hispano no aparecía por ningún lado. ‘Frontal de la Pasión’, de Geri Lapi. Bordado de sedas policromadas e hilos de oro y plata sobre tela de lino, h. 1346-50. Basílica de Santa Maria de la Seu de Manresa. Bisbat de VicEn este caso, el comisario, Joan Molina, jefe de la colección de pintura europea hasta 1500 del Prado, ha llevado a cabo un ambicioso proyecto, en el que ha estado embarcado más de tres años. Aborda cómo hubo un importante flujo de artistas, clientes y obras de arte de Italia hacia la Península Ibérica en el siglo XIV -por motivos comerciales, políticos, religiosos o diplomáticos-, que transformó la forma de pintar en los reinos hispanos. Llegaron procedentes de Italia a Cataluña, Aragón, Valencia o Mallorca maestros como Lupo di Francesco, Barnaba da Modena, Andrea di Petruccio o Geri Lapi. Son la ‘precuela’ del arte del Renacimiento. Hay miradas cruzadas con artistas españoles como los Bassa (Ferrer y Arnau), los hermanos Serra, Pedro de Córdoba o Miquel Alcañiz, que asimilaron una sofisticación técnica, una estética renovadora , en la que hay una riqueza cromática. ¿Quién dijo que la Edad Media fue una época oscura? Además, destacan la iconografía, la tridimensionalidad, el dinamismo narrativo y las técnicas de la pintura polimatérica: el uso de pigmentos y el oro . «No es una técnica ornamental, sino una estrategia estética, simbólica y óptica», explica Molina. Es el caso de una ‘Santa Lucía’ del ‘Retablo de San Julián y Santa Lucía’ del convento del Santo Sepulcro de Zaragoza, que no está pintada, sino dorada. Noticia relacionada general No No ABC Cultural / Número 1.711 Con Leila Slimani en el Museo del Prado. Centenario del Lyceum Club Femenino ABC CulturalPero los artistas hispanos no copiaron sin más los modelos italianos, sino que los reformularon. El resultado fue un lenguaje visual híbrido y de gran originalidad , y obras de naturaleza mestiza. Esta apasionante historia se ilustra en la exposición a través de un centenar de piezas (pintura, escultura, orfebrería, manuscritos iluminados, dibujos, bordados, tejidos de seda…), cedidas por 31 instituciones españolas y 25 extranjeras. Las paredes se han pintado de un intenso azul gótico, que acentúa los colores y dorados de las piezas. Para imitar los tejidos lujosos (había un comercio pujante de sedas con hilos de oro), algunos artistas usan el esgrafiado (doran, pintan encima y con un estilete recuperan el dorado). Así lo hizo Pere Serra en ‘San Bartolomé y San Bernardo’, del Museo Episcopal de Vic.’Retablo de San Julián y Santa Lucía’, de Pere y Jaume Serra. Temple y pan de oro sobre tabla, h. 1384-85. Zaragoza, Monasterio de la Resurrección, Canonesas del Santo SepulcroEntre los tesoros de la muestra , espléndidas obras como ‘La Virgen de la humildad’, de Starnina, préstamo del Cleveland Museum of Art; el ‘Políptico Morgan’ (Escenas de la vida de Cristo, la Virgen y los santos), de Ferrer Bassa, de la Morgan Library de Nueva York -en una curiosa escena aparece un Cristo desnudo, mientras la Virgen porta en su mano el paño de pureza-; la ‘Trinidad’, también de Starnina, incorporada hace unos meses a la Galería Nacional de Sicilia de Palermo; un importante pergamino iluminado cedido por la Biblioteca Nacional de Francia o el ‘Frontal de la Pasión’, de Geri Lapi, préstamo de la Seu de Manresa: una exquisita pieza bordada de sedas policromadas con hilos de oro y plata. Falomir confiesa que es su pieza favorita. Al final de la exposición se da una vuelta de tuerca : ‘A la manera de Italia’ se torna ‘A la manera de España’ , cerrando así el círculo. La tesis que sostiene Joan Molina es que cuando los artistas italianos regresan a su país, tras su paso por España, llevan consigo una mochila: también en ellos había permeado el arte hispano. El mejor ejemplo es el toscano Gherardo Starnina . Tras su paso por Toledo y Valencia, regresa a Florencia en 1402, donde agita la escena artística con el lenguaje tardogótico valenciano. Dice Vasari en sus ‘Vidas’ que Starnina, cuando se marchó de Italia «era muy rudo y tosco y en España aprendió a ser gentil y cortés». Cierra la exposición ‘La Virgen de la Granada’, de Fra Angelico, del Prado.Esta exposición ha supuesto un gran desafío logístico: 56 prestadores, 21 restauraciones y un coste de casi tres millones de euros«Las fronteras del arte no son estancas, son permeables. La historia del arte es un juego de espejos», advierte Joan Molina. Para él, esta es « una exposición anti-Prado ». En este museo los protagonistas son óleos sobre lienzo de maestros como Tiziano, Rubens, Velázquez, Goya o Fortuny. Un emocionadísimo Joan Molina explicaba este viernes, ante un auditorio que le dio una cerrada ovación, que es uno de los proyectos más complejos llevados a cabo por el Prado. «Ha habido que sortear unos desafíos logísticos extraordinarios », advierte Falomir. No es fácil conseguir, transportar y montar préstamos de piezas del siglo XIV, tan frágiles, muchas de las cuales salen de catedrales, iglesias y conventos. Algunas, por vez primera. Se han establecido nuevas atribuciones. Además, 21 obras han sido restauradas por el museo, como ‘San Simón’ y ‘San Mateo’, de Starnina, de la catedral de Toledo, que lucen espléndidos. El esfuerzo también ha sido económico. La muestra, patrocinada por la Fundación BBVA, ha costado 1.287.225 euros . A partir de ahora, el Prado hará público el coste de sus exposiciones. Transparencia obliga. Lo más caro, el transporte. Del seguro de las piezas se ha ocupado la garantía del Estado.
Advierte Miguel Falomir, director del Prado, que hay exposiciones mejores, peores, excelentes…, pero que a él las que más le interesan son las necesarias. Una de ellas es ‘A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo (1320-1420)’, la primera gran … exposición del año en la pinacoteca. El Trecento italiano es una de las lagunas en las colecciones del Prado. Un arte al que no se presó demasiada atención hasta el siglo XIX. Los museos provinciales de ciudades como Valencia, Barcelona o Toledo sí atesoran piezas importantes gracias a la desamortización de iglesias y conventos. El Metropolitan neoyorquino y la National Gallery de Londres exhibieron recientemente ‘Siena. El auge de la pintura, 1300-1350’, pero el arte hispano no aparecía por ningún lado.

(Basílica de Santa Maria de la Seu de Manresa. Bisbat de Vic)
En este caso, el comisario, Joan Molina, jefe de la colección de pintura europea hasta 1500 del Prado, ha llevado a cabo un ambicioso proyecto, en el que ha estado embarcado más de tres años. Aborda cómo hubo un importante flujo de artistas, clientes y obras de arte de Italia hacia la Península Ibérica en el siglo XIV -por motivos comerciales, políticos, religiosos o diplomáticos-, que transformó la forma de pintar en los reinos hispanos. Llegaron procedentes de Italia a Cataluña, Aragón, Valencia o Mallorca maestros como Lupo di Francesco, Barnaba da Modena, Andrea di Petruccio o Geri Lapi. Son la ‘precuela’ del arte del Renacimiento.
Hay miradas cruzadas con artistas españoles como los Bassa (Ferrer y Arnau), los hermanos Serra, Pedro de Córdoba o Miquel Alcañiz, que asimilaron una sofisticación técnica, una estética renovadora, en la que hay una riqueza cromática. ¿Quién dijo que la Edad Media fue una época oscura? Además, destacan la iconografía, la tridimensionalidad, el dinamismo narrativo y las técnicas de la pintura polimatérica: el uso de pigmentos y el oro. «No es una técnica ornamental, sino una estrategia estética, simbólica y óptica», explica Molina. Es el caso de una ‘Santa Lucía’ del ‘Retablo de San Julián y Santa Lucía’ del convento del Santo Sepulcro de Zaragoza, que no está pintada, sino dorada.
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ABC Cultural / Número 1.711
ABC Cultural
Pero los artistas hispanos no copiaron sin más los modelos italianos, sino que los reformularon. El resultado fue un lenguaje visual híbrido y de gran originalidad, y obras de naturaleza mestiza. Esta apasionante historia se ilustra en la exposición a través de un centenar de piezas (pintura, escultura, orfebrería, manuscritos iluminados, dibujos, bordados, tejidos de seda…), cedidas por 31 instituciones españolas y 25 extranjeras. Las paredes se han pintado de un intenso azul gótico, que acentúa los colores y dorados de las piezas. Para imitar los tejidos lujosos (había un comercio pujante de sedas con hilos de oro), algunos artistas usan el esgrafiado (doran, pintan encima y con un estilete recuperan el dorado). Así lo hizo Pere Serra en ‘San Bartolomé y San Bernardo’, del Museo Episcopal de Vic.

(Zaragoza, Monasterio de la Resurrección, Canonesas del Santo Sepulcro)
Entre los tesoros de la muestra, espléndidas obras como ‘La Virgen de la humildad’, de Starnina, préstamo del Cleveland Museum of Art; el ‘Políptico Morgan’ (Escenas de la vida de Cristo, la Virgen y los santos), de Ferrer Bassa, de la Morgan Library de Nueva York -en una curiosa escena aparece un Cristo desnudo, mientras la Virgen porta en su mano el paño de pureza-; la ‘Trinidad’, también de Starnina, incorporada hace unos meses a la Galería Nacional de Sicilia de Palermo; un importante pergamino iluminado cedido por la Biblioteca Nacional de Francia o el ‘Frontal de la Pasión’, de Geri Lapi, préstamo de la Seu de Manresa: una exquisita pieza bordada de sedas policromadas con hilos de oro y plata. Falomir confiesa que es su pieza favorita.
Al final de la exposición se da una vuelta de tuerca: ‘A la manera de Italia’ se torna ‘A la manera de España’, cerrando así el círculo. La tesis que sostiene Joan Molina es que cuando los artistas italianos regresan a su país, tras su paso por España, llevan consigo una mochila: también en ellos había permeado el arte hispano. El mejor ejemplo es el toscano Gherardo Starnina. Tras su paso por Toledo y Valencia, regresa a Florencia en 1402, donde agita la escena artística con el lenguaje tardogótico valenciano. Dice Vasari en sus ‘Vidas’ que Starnina, cuando se marchó de Italia «era muy rudo y tosco y en España aprendió a ser gentil y cortés». Cierra la exposición ‘La Virgen de la Granada’, de Fra Angelico, del Prado.
Esta exposición ha supuesto un gran desafío logístico: 56 prestadores, 21 restauraciones y un coste de casi tres millones de euros
«Las fronteras del arte no son estancas, son permeables. La historia del arte es un juego de espejos», advierte Joan Molina. Para él, esta es «una exposición anti-Prado». En este museo los protagonistas son óleos sobre lienzo de maestros como Tiziano, Rubens, Velázquez, Goya o Fortuny. Un emocionadísimo Joan Molina explicaba este viernes, ante un auditorio que le dio una cerrada ovación, que es uno de los proyectos más complejos llevados a cabo por el Prado. «Ha habido que sortear unos desafíos logísticos extraordinarios», advierte Falomir. No es fácil conseguir, transportar y montar préstamos de piezas del siglo XIV, tan frágiles, muchas de las cuales salen de catedrales, iglesias y conventos. Algunas, por vez primera.
Se han establecido nuevas atribuciones. Además, 21 obras han sido restauradas por el museo, como ‘San Simón’ y ‘San Mateo’, de Starnina, de la catedral de Toledo, que lucen espléndidos. El esfuerzo también ha sido económico. La muestra, patrocinada por la Fundación BBVA, ha costado 1.287.225 euros. A partir de ahora, el Prado hará público el coste de sus exposiciones. Transparencia obliga. Lo más caro, el transporte. Del seguro de las piezas se ha ocupado la garantía del Estado.
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